La casa de Yolanda Álvarez tiene las paredes blancas, desprovistas de cualquier motivo de decoración. Ni un cuadro, ni una foto, ni un dibujo de sus tres nietos. Nada. Esta mujer de 47 años tuvo que mudarse de residencia porque le mataron al mayor de sus dos hijos y se le caía el techo encima de su anterior piso, donde había criado a él y a su hermana. Todo allí le recordaba a su «niño», José Fernández. Ahora, Yoli, como se le conoce en su barrio, no quiere colgar ninguna imagen de él en las paredes de su nueva vivienda.
No quiere. O no puede. Ni siquiera ella sabe bien por qué no lo hace. Dice que le cuesta horrores ver la cara de su «niño» y no poder abrazarse a él. En cambio, la lleva tatuada en el antebrazo izquierdo. Dice que es la única forma de sentirlo cerca.
«He ido dos veces al cementerio en estos tres años. Una, a los pocos días de que mataran a mi hijo. La otra, cuando acabó el juicio a su asesino, para darle la noticia de que se le declaraba culpable. Tuve que mudarme de casa porque le pegaron cuatro balazos casi en mi puerta. Allí yo no podía seguir viviendo más. Aquí apenas tengo nada. Me han quitado la vida. No duermo, no como, no salgo... Mi terapia es fumarme dos o tres paquetes de tabaco al día. Imagino que tendré depresión, pero siempre he pensado que las fatigas y los dolores del alma uno se los tiene que quitar a base de tiempo y lágrimas, no de medicación».
El pasado viernes 20 de febrero, sobre las cuatro y media de la tarde, Yolanda Álvarez recibió una llamada de su abogada. La letrada le contó que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) había revocado la sentencia de la Audiencia Provincial de Cádiz en su sección de Algeciras que condenaba a Yousef Mohamed Lehrech, alias El Pastilla, a 22 años y 6 meses de prisión por el asesinato de su hijo.
Aquel fallo inicial de la Audiencia gaditana, fechado el 7 de julio de 2025, decía que el Pastilla, un sicario de Ceuta que actuó por encargo, mató a José por error. El 6 de octubre de 2022, sobre las 22 horas, vestido con ropa oscura, con guantes en las manos y con el rostro semicubierto por la capucha de una sudadera, le descerrajó cuatro tiros a bocajarro, por la espalda, a un portuario algecireño de 26 años, con pareja y padre de dos hijos. Un jurado popular lo declaró culpable por siete votos a favor y dos en contra.
Pero ahora, siete meses después de aquella condena, el TSJA ha decidido absolver a el Pastilla al aplicarle el principio jurídico del in dubio, pro reo (en caso de duda, a favor del reo). El tribunal que ha estudiado el recurso presentado por la defensa de Yousef Mohamed Lehrech entiende que no se le puede condenar debido a que durante la celebración del juicio oral «no hubo contacto visual» entre los dos testigos protegidos que habían identificado a el Pastilla como el autor material de los disparos ya que éstos declararon por videoconferencia (estaban en una sala anexa a la sala donde se celebró la fase oral).
«Lo que hicieron los testigos fue, pues, ratificar que en sede policial identificaron a una persona, pero una cosa es ratificar un reconocimiento ya efectuado, y otra bien distinta es volver a reconocer, en presencia del jurado y de las partes», recoge el fallo del TSJA cuando valora en este caso la posible vulneración de la presunción de inocencia por insuficiencia probatoria.
"ESE MALNACIDO MATÓ A MI NIÑO"
Este pasado martes, Yolanda abrió las puertas de su casa a Crónica. La acompañan sus dos hermanas y su otra hija. La mujer rompe a llorar en dos ocasiones durante el encuentro con el reportero. Siente que la «pequeña paz» que había conseguido con la condena de el Pastilla se la han arrebatado siete meses después.
«El Pastilla es un sicario. A mí ninguna sentencia me va a quitar eso de la cabeza. Como tampoco voy a dejar de tener la certeza de que ese malnacido mató a mi niño. Si esos dos testigos protegidos declararon desde otra sala es por miedo, nada más. Pero fue algo autorizado. Yo no entiendo nada. La justicia ha protegido más a un asesino que a las propias víctimas, que somos mi hijo, su hermana, los dos hijos que tiene, yo... ¿Qué pienso? Me voy a volver loca. Por mis venas, donde ahora ves su cara tatuada, ya sólo corre la rabia».
El día que mataron a José, un jueves, el chico se disponía a ir con su mujer y sus dos hijos a cenar una hamburguesa. Había sido padre por segunda vez cuatro meses antes. Era verano, la noche resultaba tibia. José había pasado la tarde en la calle, con familiares y vecinos de su barrio, El Saladillo. Al caer la noche, la gente se fue dispersando. Él decidió esperar a su familia sentado en la parte trasera de su coche, un Wolkswagen Passat de color negro que tenía aparcado frente al número 6 de la calle Antonio Machado, en Algeciras. Segundos antes de morir, su hija mayor, por entonces de tres años, había estado sentada en sus piernas.
De repente, un varón se acercó a él y le descerrajó cuatro tiros por la espalda. Usó una pistola con un calibre de 9 milímetros. Los disparos le alcanzaron el corazón y los pulmones. Murió a las 22.30 horas en el Hospital Puerta de Europa, donde fue trasladado de urgencia. En un principio, se decretó el secreto de la causa judicial. La Policía Nacional investigó si se trataba de un ajuste de cuentas relacionado con el narcotráfico.
No era algo descabellado. José trabajaba desde hacía casi cuatro años con un contrato de eventual en el puerto de Algeciras, una de las principales vías de entrada en Europa de cocaína oculta en contenedores. Los clanes locales de la droga en ocasiones usan a los portuarios para sacar su mercancía. Pero los agentes descartaron pronto cualquier conexión de la víctima con el tráfico de drogas o con el crimen organizado. Era un simple inocente. El sicario actuó contra él porque quien le ordenó hacerlo confundió a José con otra persona.
LA MUERTE DE SU JEFE
El miércoles 12 de abril de 2023, otro homicidio precipitó la detención de el Pastilla. Un capo de la mafia de Ceuta apodado Tayena murió en el hospital de La Línea de la Concepción tras ser tiroteado al salir de un chalet de Los Barrios, una localidad vecina de Algeciras y de la propia Línea —las tres poblaciones forman parte de la comarca gaditana del Campo de Gibraltar—.
Meses antes, Tayena había huido de Ceuta y había cruzado las aguas del Estrecho de Gibraltar en dirección a la península porque los miembros de otra banda rival de la ciudad autónoma, la de Piolín, querían matarlo. Tayena se cobijó junto a su lugarteniente, el Pastilla, en la comarca campogribaltareña, después de que los Piolines tirotearan la casa de su madre en Ceuta y mataran allí a un menor de edad al que lo confundieron con él cuando iba subido a una moto.
La mañana de la muerte de Tayena, la Guardia Civil detuvo a el Pastilla cuando trataba de volver a Ceuta. Se le arrestó al intentar subir a bordo de un ferry que partía desde el puerto de Algeciras. Confesó que había sido él quien había matado a Tayena por desencuentros y desavenencias con él, su jefe.
Fue entonces cuando la Policía Nacional, que ya tenía avanzada su investigación por la muerte de José, le acusó de haber asesinado también al portuario de 26 años que había muerto a tiros el 6 de octubre de 2022, medio año antes. Los investigadores sabían que aquel día, el Pastilla, movido por la «paranoia» en la que vivía Tayena, que confundió a José con un miembro de la banda de Piolín, actuó contra él por órdenes de su superior. Después de su detención cuando trataba de marchar a Ceuta, el Pastilla ingresó en prisión. En ese momento, sobre él pesaba ya una doble acusación por homicidio.
EL TESTIGO PROTEGIDO QUE SE ESCONDIÓ POR MIEDO
El 19 de abril de 2023, una semana después del arresto de el Pastilla y transcurridos seis meses del asesinato de José, una persona declaró en sede policial que él fue testigo de la muerte del portuario algecireño, que el Pastilla era el autor de los disparos y que no había declarado antes «por miedo». Ese testigo protegido añadió que lo hacía en ese momento porque el Pastilla estaba preso, y su jefe, Tayena, muerto. Anteriormente, otro testigo identificó mediante reconocimiento fotográfico al sospechoso. Dijo que el día del asesinato lo vio por el barrio y que iba armado. Esos dos testimonios son a los que ahora el TSJA les ha restado contundencia probatoria.
Yolanda, la madre de José, no logra entender esta última decisión judicial. «Me han vuelto a meter otra vez en el mismo boquete en el que estaba al principio. ¿Quién me quita a mí este sufrimiento? Ya no vivo. Mi hijo era un niño bueno, trabajador. Cuando condenaron al sicario, aunque ya nadie me va a devolver a mi hijo, yo había encontrado algo de paz. Pero ahora es empezar de nuevo. Todavía estoy en shock, igual que cuando me enteré de que habían matado a mi niño. Yo no soy feliz, no tengo vida. Si tengo una sonrisa, es fingida. Si vienen mis nietos, mi hija, me río. Pero no soy feliz. Llevo tres años luchando». Yolanda anuncia que va a recurrir ante el Tribunal Supremo la decisión del TSJA.
SE FUGÓ DE ALCALÁ MECO
Mientras, el Pastilla espera en prisión la celebración del juicio por la muerte de Tayena. Se celebrará en septiembre de 2026. Se enfrenta a una petición de 27 años de cárcel.
Aunque ahora se encuentra preso, el Pastilla estuvo cerca de poder eludir la acción de la justicia. La víspera de Nochebuena de 2023, Yousef Mohamed Lehrech consiguió escaparse de la prisión de Alcalá Meco (Madrid) tras una visita de familiares. Consiguió salir del penal dentro de un grupo de visitantes. El Ministerio del Interior abrió un expediente disciplinario a varios funcionarios de la cárcel madrileña. Un mes después, el 25 de enero de 2024, la Policía española informó que había sido localizado y detenido en una estación de tren en Leipzig (Alemania).
Esta apertura de expediente afectó a tres funcionarios de la cárcel madrileña: la persona que condujo a el Pastilla hasta la sala de comunicaciones (el locutorio); el encargado de llevar a los familiares al exterior de la cárcel una vez que vieron a los presos [entre los que se camufló el prófugo], y la funcionaria de la puerta principal, que no se percató de que a una persona no le había dado el DNI antes de abandonar las instalaciones.
«Mi único consuelo ahora es que sigue encarcelado», dice Yoli. «Pero el Pastilla mató a mi hijo, diga lo que diga ahora esa nueva sentencia».


