CRÓNICA
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Los numantinos de la universidad vasca y su resistencia desde dentro al asalto de Bildu: "Tienen espías en las aulas. Irrumpen en las clases..."

Cuarenta profesores de la UPV acusaron al rector Bengoetxea de "hipócrita" por cerrar el campus de Vitoria para aislar a Vox cuando, aseguran, es complaciente con los "comportamientos fascistas" y con el "totalitarismo" que en la universidad practican los grupos estalinistas y los afines a EH Bildu. "Convivimos desde hace mucho tiempo con un campeonato de a ver quién es más animal entre dos facciones", denuncian. En sus clases se cuelan espías políticos y hasta la limpieza está amedrentada

el profexor del la UPV Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea.
el profexor del la UPV Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea.LEYRE MARTÍNARABA PRESS
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Carlos atravesó el umbral de la facultad de Filosofía expectante. Tenía poco más de 30 años y quedó atrapado por el encanto de aquel edificio de la Universidad del País Vasco en Zorroaga, un antiguo asilo ahora reciclado para las artes del pensar, con una atmósfera dickensiana y con el alma ácrata, habitada por filósofos de tronío, ya reconocidos, comandados por el irredento Fernando Savater. Eran los 90 y él no tenía ni idea de los grandes desafíos que le esperaban a partir de ahí. Carlos es el doctor en Filosofía Carlos Martínez Gorriarán, uno de los profesores más combativos contra ETA, uno de los fundadores del Foro de Ermua y Basta Ya, que acaba de dejar su plaza el 1 de febrero, cuatro años antes de lo esperado, después de declararse «harto de amenazas, pero sobre todo harto del ambiente irrespirable en la universidad al frente de la cual hay un rector, [Joxerramón Bengoetxea], alineado con EHBildu que apoya a la gente que hace imposible la vida académica».

«No hace tanto que bajo su nombre aparecieron pintadas en las que se le señalaba con la frase «tránsfobo, machista, fascista y sionista». El rector se limitó a mandarle un mensaje privado y «sentimental» de solidaridad en el que, como colofón, se ofrecía con un «¿qué puedo hacer por ti?», que fue respondido con un: «Echar a los que me amenazan». Nada más se supo.

«A los de EH Bildu se les ha entregado la educación por dejación y por cobardía y ahora están destrozando la universidad», explica a Crónica. «Antes, en la UPV éramos capaces de sacar un manifiesto firmado por 3.000 personas, ahora es imposible, somos poquísimos. Entre jubilaciones y sustituciones de profesorado con el euskera como barrera de acceso, ellos han colocado a profesores de su cuerda. Yo tuve que irme porque ETA amenazó con matarme y, cuando regresé, el departamento estaba coordinado por un señor condenado a dos años por etarra. No merece la pena estar en un sitio así porque no vale para nada», reflexiona tras haber estado al frente de multitud de batallas.

El profesor Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV.
El profesor Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV.LEYRE MARTÍNARABA PRESS

Es cierto que el último comunicado de protesta docente no lo han suscrito 3.000 profesores, como cuando ETA colocaba coches bomba en los campus y decenas de ellos tuvieron que llevar escolta primero y luego abandonar sus plazas para no ser asesinados. Pero sí lo han firmado 40 profesores numantinos que quisieron sumarse de un modo improvisado pero firme a la protesta escrita por Antonio Rivera, Ivan Igartua, Manoli Igartua y José Ramón Diaz contra la decisión del rector de suspender el pasado lunes las clases presenciales en la UPV por un acto convocado por Vox en la vía pública.

COLOR CORPORATIVO

En el comunicado llamaban hipócrita al rector por cargar contra el «proyecto totalitario» de Vox mientras permite los «desmanes» en el campus de los grupos nacionalistas y de extrema izquierda. De hecho, la presencia de Vox en la universidad, tachada de «provocación» por parte del rector y Bildu, fue en respuesta a las dianas aparecidas en el campus con el rostro de Santiago Abascal y de otros políticos, como antaño.

El rector alegó como pretexto para el cierre que quería garantizar la seguridad de las personas, cuando su intención, según admitió después, era expresar el «rechazo a un partido legal que, sin embargo, niega los valores sobre los que se asienta la universidad», como, «la convivencia basada en la paz y en el diálogo».

Huelga decir, aunque no debería hacer falta, que los profesores firmantes contra un cierre sin precedentes, nada tienen que ver con Vox, pero consideran inaceptable la manipulación de los términos que realiza el rector y su uso de la universidad para alcanzar otros fines.

Txema Portillo, catedrático de Historia Contemporánea.
Txema Portillo, catedrático de Historia Contemporánea.LEYRE MARTÍNARABA PRESS

Txema Portillo, profesor de Historia Contemporánea, también fundador del Foro de Ermua, que tuvo que marcharse igualmente por amenazas cuando asesinaron a su amigo José Luis López de Lacalle, con una medalla al mérito constitucional, asegura a Crónica que la sobreactuada decisión de cerrar la universidad fue «extemporánea y ridícula». «El problema que tiene la UPV no es que el actual rector sea de Bildu, que me parece la cosa más normal, sino que haya adoptado el programa de EH Bildu como forma de Gobierno de la institución. Monoidentidad ideológica y vasca, monolingüismo vasco, desprecio por cualquier tipo de identidad que no sea la que ellos defienden... Hasta han cambiado extraoficialmente el nombre de la universidad. Han prohibido utilizar las siglas UPV (Universidad del País Vasco) y hay que poner EHU (Euskal Herriko Unibersatea). El chiste habitual es que ahora nos llamamos EHU Bildu. Hasta el color corporativo de esta coalición hemos adoptado obligatoriamente. Es cierto que tienen un 20% del voto en Euskadi, pero hay un 80% que no le vota».

«El panorama no es bueno en la universidad española, que reproduce la polarización social, pero es que nosotros acarreamos este otro problema», dice. Portillo comenta irónico que hubiera estado bien que el rector Bengoetxea hubiese, ya no cerrado la universidad, pero sí redactado un comunicado cuando ha habido profesores señalados.

«Yo no digo que el cierre no pudiera ser una decisión prudente, lo que digo es que lo primero que tienen que atacar son las actitudes fascistas dentro de la propia universidad, la lucha contra los totalitarismos y contra las exclusiones habría que aplicarla de puertas adentro», añade el catedrático de Historia Contemporánea Santiago de Pablos.

«Nos quieren embarcar en una especie de cruzada antifascista obligatoria en la que lo que es fascismo lo ha decidido unilateralmente su entorno político y sindical», sostiene el Catedrático de Filología Eslava Iván Igartua, que habla de «pluralidad mutilada» y de una profunda falta de «calidad democrática». «Hay un historiador, Timothy Snyder que habla del esquizo fascismo, militado por personas que son técnicamente fascistas pero que creen que los fascistas son siempre los otros», añade quien ocupase cargos en gobiernos del PNV y el PSE.

Iván Igartua, catedrático de Filología Eslava de la UPV.
Iván Igartua, catedrático de Filología Eslava de la UPV.PAULINO ORIBEARABA PRESS

Los modos de intentar garantizar la uniformidad ideológica y de repartir el carnet de profesor homologable en la Universidad Vasca se ejecutan de muchas maneras. Entre los menos sutiles, los profesores denuncian la existencia de grupos, enfrentados entre sí, con los que el rector es condescendiente porque, junto a los sindicatos abertzales LAB y Steilas, «le ayudaron a conseguir el cargo» al frente de una dirección antaño «transversal ideológicamente y ahora monolítica». Son grupos como Ikasle Abertzaleak, Ernai o GKS, unos en la órbita del independentismo y otros en la del estalinismo y que, siendo una minoría entre los alumnos, marcan el ritmo.

«Nosotros convivimos desde hace mucho tiempo, todos los días, con un campeonato local de a ver quién es más animal entre dos facciones estudiantiles, las juventudes hachebitas oficiales y los paleocomunistas, que compiten con hacerse con el control de la representación, y en esa competición hay una exhibición constante de fuerza, a veces de violencia, y de afirmación totalitaria, y sobre todo una ocupación de los espacios físicos del conjunto hasta intentar establecer una suerte de pensamiento único», explica muy gráficamente el catedrático de Historia Contemporánea Antonio Rivera, que fuera vicerrector del campus de Álava y Consejero de Cultura por el PSE.

Los docentes de la Universidad Vasca describen distintos aspectos de su presión diaria. «Los grupos tienen espías en las clases para alertar de lo que se explica y comisarios políticos que se dedican a seguir a todo pichi pata para que se imponga el discurso único»; «amenazan al personal de la limpieza para que no retiren las pancartas que han colocado; de modo que está prohibido quitarlas antes de que se cumpla la fecha de la convocatoria»; «celebran sus actos con música a tope y con botes de humo en el interior de las instalaciones»; «interrumpen las reuniones en los decanatos para pedir explicaciones si algo no les gusta»; «irrumpen en las clases y los profesores les dejan para evitar males mayores»; «cancelan al profesorado con el que no están de acuerdo y cuyas redes sociales vigilan...»

«Hay profesores denunciados por estos grupos, al menos uno en Farmacia y dos en Periodismo, a los que se les ha expedientado y animado a pedirse una baja». «Hay profesores que no explican Oriente Medio para no ser tachados de sionistas o fascistas».

Y después están las anécdotas: el día en el que los alumnos saltaron contra un profesor de Clásicas porque consideraban que un poema de hace 2.200 años era machista y no podía darse en clase. O el día en el que se enfadaron porque el profesor habló de la invasión soviética de Lituania, y le reprocharon que difundiera «dogmas ideológicos». Y, por supuesto, la referencia al «conflicto» y al GAL cuando se habla de la banda terrorista ETA.

Así las cosas, a Rivera le pareció un planteamiento «surrealista», incluso «humillante», el del rector, porque cerró el campus en previsión de «unos incidentes violentos que sabe de dónde pueden venir y que desde luego no vienen de los tres o cuatro integrantes de esa mesa de Vox». Y porque no considera que el rector deba convertir la institución en una fuerza antifa .

«Tenemos claro que detrás de la derecha extrema hay planteamientos autoritarios que no aceptamos, pero la respuesta no es que institucionalmente se impida a un grupo legal dar una rueda de prensa; aquí, pistoleros recién salidos de la cárcel te dan una conferencia sobre derechos humanos. La universidad ha de ser un ámbito en el que se desarrollen las diferentes ideas y hay que enfrentar los planteamientos totalitarios desde la razón, con argumentos, pero no desde la perspectiva de una confrontación como tal institución», defiende Rivera, molesto porque el rector justificase también una huelga posterior con la lucha antifascista cuando sólo pueden alegarse motivos académicos.

Santiago de Pablo, catedrático de Historia Contemporánea.de la UPV.
Santiago de Pablo, catedrático de Historia Contemporánea.de la UPV.PAULINO ORIBEARABA PRESS

«La permisividad los envalentona y la impotencia del profesorado es algo generalizado. Son minoritarios pero movilizados», señala Igartua.

SIN DELEGITIMACIÓN

Y ahora la parte aparentemente más sutil. En la UPV siempre ha habido un nutrido grupo de profesores abertzales que facilitaba la vida a los terroristas presos facilitándoles los estudios para que pudieran acumular beneficios penitenciarios y acreditar una titulación al salir de prisión. Algunos de los profesores preguntados consideran que su incorporación ha sido puntual, aunque explican el desaliento que produce la falta de deslegitimación de quienes, en general, estuvieron en la parte del terrorismo y ahora están en la universidad.

Martínez Gorriarán, ex diputado de UPyD, es de todos quien realiza la lectura más pesimista, convencido, además, de que la situación es la que es por la «traición» del Gobierno de Zapatero, que negoció con ETA, y del actual. Y por la cobardía de Rajoy, que nada hizo para deshacer lo cedido. «Esto ha sido una ocupación sistemática. No son sólo etarras, hay concejales y alcaldes que proceden del mundo abertzale. Han copado la educación y es un desastre», sentencia.

Y ahora resulta que todo empezó con Vox.