«Tengo que proteger a las chicas»... Fue la excusa con la que Quentin Deranque decidió arropar al grupo del colectivo Némesis, que planeaba desplegar una pancarta de protesta contra la conferencia de la eurodiputada de La Francia Insumisa Rima Hassan en el Instituto de Estudios Políticos de Lyon. Quentin estudiaba a un paso y no le suponía mucho esfuerzo darse una caminata y sumarse a su manera a la protesta. El joven de 23 años, católico hasta la médula y nacionalista, desoyó los consejos de sus amigos, preocupados por lo que podía ocurrir: «Puede ser peligroso»...
Una semana después de aquella protesta que derivó en un linchamiento mortal a manos de activistas de la extrema izquierda, el rostro de Quentin empapela las calles de Lyon. El joven con nombre de mártir se ha convertido en el trágico símbolo de la violencia política que lleva gestándose desde hace más de dos décadas en la tercera ciudad francesa, conmocionada por un suceso que ha dado la vuelta al mundo.
Quentin tuvo el infortunio de estar en el lugar menos recomendable y en el momento más inoportuno. Pese a sus frecuentes contactos con organizaciones «ultras», de Action Française a Audace pasando por Academia Christiana, nunca había tenido una experiencia directa de enfrentamiento a la «antifa» (como se conoce a la amalgama del medio centenar de grupos antifascistas en Francia). Su expediente policial estaba limpio, posiblemente fue su primera y última reyerta callejera.
Sus amigos le recuerdan como un tipo «discreto», «sonriente» y «humilde». «Sabíamos que estaba en contacto con esos grupos, pero era más bien callado y nunca se jactaba de nada», relata a Crónica Héloïse, estudiante como él en la Universidad Lumière Lyon 2, donde Quentin se adiestraba en matemáticas y tecnología. «Era bastante estudioso y ordenado, con mucha autodisciplina. Lo último que podíamos suponer era que pudiera morir en una pelea».
«Yo le decía a veces: "Eh, tío, ¿Por qué te exiges tanto?"», declaraba a Le Figaro su ex compañero de piso Rémy Chemain. «El me respondía con su sencillez habitual: "No lo sé, creo que hace falta"». Con Rémy, eso sí, se había aficionado al boxeo, ganando musculatura.
«Quentin ha defendido siempre sus convicciones de una manera no violenta», declaró por su parte el abogado de la familia, Fabien Rajon. «No formaba parte de un dispositivo de seguridad y estaba allí para apoyar a las manifestantes; era un chico muy íntegro, siempre dispuesto a ayudar». Rajon ha trasmitido también estos días el mensaje de «calma y moderación» de la familia para evitar una escalada de violencia en su nombre.
BAUTIZADO A LOS 14
La otra faceta que todos destacan de él era su vocación religiosa, comparable casi con la de un «misionero». Bautizado a los 14 años, hizo la confirmación a los 20 y «convirtió» de paso al catolicismo a sus padres. Su madre le alentaba de hecho a seguir el camino religioso y a alejarse de la política y de los bares «identitarios» del Viejo Lyon. A su entrada, muy cerca de donde se subió por última vez a una ambulancia, está precisamente la iglesia de Saint-Georges, donde Quentin acudía los domingos a escuchar la misa en latin y donde sus amigos le tributaron un primer homenaje el día después de su muerte.
«Era esencialmente una buena persona», recuerda Cédric, voluntario en la iglesia. «Venía a asistir a la liturgia tradicional y hacía trabajo social en ocasiones especiales. A todos nos sorprendía con sus conocimientos sobre la historia de catolicismo, las encíclicas y las vidas de los santos». Las confesiones de San Agustín era uno de sus libros de cabecera, también leía mucho a Santo Tomás de Aquino. Era un apasionado de la filosofía, sobre todo de Aristóteles, y arrastró durante un tiempo la fama de «ratón de biblioteca». Cantó en el coro de su parroquia en Saint-Just, se interesó por las actividades misioneras en la iglesia de la Inmaculada Concepción y fue miembro activo de la campaña para renovar Notre-Dame de lIsle, en su natal Vienne.
Las inquietudes religiosas y políticas de Quentin se dieron la mano en las conferencias de la Academia Christiana en Lyon y más tarde en su «universidad de verano» en Provenza. Allí se inició en el catolicismo tradicionalista y el ideario nacionalista, tendiendo puentes entre Dios y la patria.
El particular peregrinaje de Quentin pasó también por Acción Francesa, el histórico grupo monárquico ultra que usa el flor de lys como logotipo. El movimiento de nuevo cuño Audace (Audacia), heredero de Bastión Social, le reconoció como uno de sus «simpatizantes» y le homenajea este fin de semana en las calles de Lyon.
El colectivo Némesis, que se define como «feminacionalista» y se distingue por sus mensajes anti-inmigración, reconoció también sus vínculos con Quentin pero salió en su enérgica defensa. «Nuestros jóvenes en Lyon no estaban atacando a nadie», declaró su fundadora Alice Cordier. «Salieron huyendo después de una primera agresión, Quentin quedó rezagado y recibió una paliza en el suelo».
Más que militante a ultranza, todo apunta a que Quentin fue más bien «simpatizante», saltando de un movimiento a otro pero sin participar activamente en esa «guerra por el territorio» que se libra desde hace décadas en Lyon, ciudad de los extremos, con más de un centenar de agresiones y actos de odio entre el 2010 y el 2025. «Más allá de su diferencia ideológica, los grupos fascistas y antifascistas adoptan una forma de mimetismo en sus prácticas que consiste en enfrentarse en las calles», sostiene la historiadora de la Universidad de Reims y experta en radicalismo Sylvain Bolulogne. «Cada grupo está buscando la violencia para que el otro no se exprese».
HABLA EL FISCAL
Según la reconstrucción del fiscal Thierry Dran, los hechos ocurrieron tal que así... A las 17,30 del jueves 12 de febrero, un grupo de mujeres del colectivo identitario Némesis desplegaron una pancarta de protesta en la calle Raoul Servant contra la conferencia de Rima Hassan (fundadora de Acción Palestina).
«Las manifestantes pidieron a amigos que vinieran a ayudarlas en el caso de que hubiera violencia, aunque mantuvieron la distancia», narró el fiscal. «Un cierto número de individuos intentaron arrebatarles la pancarta y se enzarzaron en un enfrentamiento violento. A dos de las mujeres les agarraron del cuello y las arrojaron al suelo».
«Los militantes encargados de su protección no intervinieron en ese momento», agregó el fiscal. «Media hora después, en el ángulo del bulevar Yves-Farges y la calle Victor-Lagrange, se produjo un enfrentamiento violento entre una veintena de jóvenes, gran parte de ellos enmascarados o con capucha. Tres de ellos cayeron al suelo y fueron golpeados varias veces».
En el video grabado con el móvil desde su balcón por un vecino y difundido por Le Canard Enchaîné, puede verse cómo algunos agresores portaban barras metálicas y usaron bengalas. Durante el forcejeo se ve a varios pateando a un hombre en el suelo, supuestamente Quentin. No encendió, en principio, las alarmas. «En Lyon, esas trifulcas entre jóvenes de extrema derecha y extrema izquierda son el pan de cada día desde hace años», relata a Crónica una vecina del bulevar Yves-Farges que prefiere no dar su nombre. «Yo escuché los gritos y vi las bengalas rojas, pero pensé que era por una intervención de la policía. No pensé realmente que fuera un incidente grave».
«Quentin Deranque fue uno de los tres hombres pateados en el suelo», añadió el fiscal en su relato. «Sus amigos le echaron en falta en plena huida y volvieron a por él. Le encontraron consciente pero visiblemente tocado: no era capaz de recordar lo que había pasado. Le acompañaron en dirección hacia el Viejo Lyon, y al llegar a Quai Fulchiron vieron cómo su situación se degradaba. Fue allí donde le recogió una ambulancia a las 19:40». Quentin ingresó en el hospital Edouard Herriot con un «traumatismo craneoencefálico».
«Los antifascistas le tiraron al suelo y lo golpeareon hasta darlo por muerto en plena calle», fue la primera versión de los hechos en la cuenta del colectivo Némesis en sus redes a las pocas horas. Dos días después falleció en la cama del hospital como consecuencia de los «golpes mortales». El fiscal abrió una investigación por «homicidio voluntario» con «violencia agravada». Once personas fueron detenidas en las horas siguientes y siete pasaron a disposición judicial por su partipación en los hechos. Entre ellos, Jacques-Elie Favrot, asistente parlamentario del diputado de La Francia Insumisa Raphaël Arnault.
Favrot negó haber participado directamente en el linchamiento, pero ha sido identificado por varios testigos y ha sido acusado formalmente de «complicidad en homicidio voluntario por instigación». El asistente parlamentario y miembro de Guardia Joven era conocido por la policía por su participación en actividades de extrema izquierda. Un segundo asistente parlamentario, Robin C. (conocido con el seudónimo de Robin Michel), figura entre los sospechosos.
Los avances de la investigación pueden en última instancia forzar la suspensión del diputado Raphaël Arnault, fundador en el 2018 de Guardia Joven. El propio Arnault fue condenado en el 2022 por «violencia voluntaria en un reunión», dos años antes de fundar el Nuevo Partido Capitalista y de integrarse finalmente en la listas de La Francia Insumisa para ser elegido diputado en julio del 2024. El trágico incidente, a tres semanas de las elecciones municipales del 15 de marzo, ha creado un terremoto político que está haciendo tambalearse al líder de La Francia Insumisa Jean-Luc Mélenchon.
A estas alturas se recuerda cómo llegó a considerar la Guardia Joven como «un aliado» y visitó incluso sus campamentos de verano. El grupo fue oficialmente «disuelto» por un decreto del Gobierno el 12 de junio del 2025, pero ha seguido funcionando a la sombra como «brigada popular de autodefensa». Su involucración en el linchamiento y muerte de Quentin puede suponer el principio del fin de lo que muchos consideran que ha sido la «milicia» de La Francia Insumisa.
El fiscal de Lyon Thierry Dran huyó de pronunciamientos políticos en las comparecencias ante los medios esta semana, aunque reconoció que la puesta a disposición judicial del asistente parlamentario. Los detenidos tienen entre 20 y 26 años y dos de ellos tienen antecedentes por «robo y posesión de armas» y por «violencia y consumo de drogas».
LARGA INVESTIGACIÓN
«Dos detenidos se negaron a hablar, el resto reconoció su presencia en el lugar de los hechos y algunos incluso admitieron haber golpeado a Quentin y a otras víctimas», agregó el fiscal. Vaticina una larga investigación para poder determinar quiénes participaron en el brutal linchamiento que acabó en asesinato.
«¿Pudo haberse evitado la muerte de Quentin?», se preguntan a estas alturas los vecinos del Lyon. La otra gran cuestión que queda en el aire es la falta de intervención policial, habida cuenta que el 70% de los enfrentamientos entre grupos ultras en la ciudad han ocurrido sin vigilancia policial. La Universidad Science Po, en cuyas instalaciones está el Instituto de Estudios Políticos, se defiende alegando que comunicó puntualmente la celebración de la conferencia de Rima Hassam a «los servicios del Estado».
Los enfrentamientos se produjeron efectivamente fuera del recinto, a la entrada por su puerta trasera. Pese a la agresión inicial contra dos activistas del colectivo Némesis que portaban la pancarta y que salieron malparadas, nadie dio sin embargo aviso a la policía. Media hora después, a 400 metros de allí, el cruce del bulevar Yves-Farges y la calle Victor-Lagrange, bajo las vías del ferrocarril y en una zona poco transitada entre viejas fábricas y nuevos bloques residenciales, se convirtió en la sangrienta batalla campal que salpica las conciencias de los franceses.






