Erwin tiene dos motivos de peso para no regresar definitivamente a su país. "Primero, mi matrimonio no es legal allá; segundo, a Venezuela le faltan muchísimas cosas". Por eso, tras cinco años sin pisar su tierra natal, ha viajado para reencontrarse con su familia en ciudad Bolívar. Pero volverá a España dentro de unos días. "En un futuro, si el país se recupera, yo soy el primero en decirle que nos vayamos a Venezuela", interviene Rafael, su esposo español, sentado a su lado mientras esperan a que se anuncie la puerta de embarque en la terminal 1 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.
La tarde de este martes, a las 16:40 horas, ha despegado en Madrid el primer avión con destino directo a Caracas desde la caída de Maduro. Así, Air Europa es la primera compañía española en restablecer la conexión con Venezuela desde que, a finales de noviembre de 2025, gran parte de las aerolíneas suspendiera sus operaciones hacia el país caribeño.
En ese entonces, acataron las advertencias de seguridad dadas por el presidente Donald Trump, y otras autoridades internacionales, ante la intensa actividad militar en la región y el posterior cierre del espacio aéreo venezolano. Ese periodo de tensión fue caracterizado por una intervención estadounidense que derivó en la captura de Nicolás Maduro.
La alegría por la detención del dictador aún persiste, pero no es definitiva. Por tanto, la imagen de los viajeros en el aeropuerto no es la del vídeo de Escala en Panamá, una canción en la que el artista Danny Ocean aborda la esperanza por el retorno a su tierra y, en cuyo vídeo, cientos de venezolanos preparan sus maletas y corren eufóricos hacia el avión que los devolverá a su patria. No. Quienes viajan no forman parte de esas casi 9 millones de personas forzadas por el chavismo a abandonar Venezuela.
Aunque celebran la caída de Maduro, la esperanza por un cambio se ve empañada por la incertidumbre frente al interinato encabezado por la chavista Delcy Rodríguez y la transición hacia una democracia que aún se percibe como incierta. Por eso, aquelllos que viajan, sólo van -o vuelven- de visita.
Como Erwin, son muchos los que van a su país natal con un billete de vuelta a Madrid. Uno de ellos es José Agustín, de 48 años. "Yo quiero regresar, extraño todo, pero ahora vamos de visita, todavía falta mucho para que podamos volver a Venezuela", confiesa él junto a su hijo Kevin, que cuenta con alrededor de 10 años. Él lleva 22 años fuera de su país y está nacionalizado en España. Intenta ir de visita todo lo que puede, si una pandemia o unas restricciones estadounidenses no se lo impiden. Según le han contado sus paisanos, "las cosas están cambiando lentamente" y él va a comprobarlo en este viaje.
Delante de José A., Somaira también hace fila para abordar. Ella vino para pasar la Navidad con uno de sus hijos y uno de sus nietos. Debía regresar el 10 de enero, pero tuvo que esperar un mes y una semana para que se restableciera la ruta. Cuenta que vive en Venezuela gracias al dinero que le envían sus hijos desde España, Arabia y Estados Unidos, ya que sólo con su pensión no le alcanzaría ni para comer. Por eso, está tramitando la posibilidad de quedarse en España próximamente.
"Oye, esto no es para el gobierno, ¿no?", pregunta Somaira dubitativa tras conversar con EL MUNDO. Tras recordarle que es para un reportaje periodístico, se excusa: "Vale, vale, tú sabes, es que uno tiene miedo". "Ya no tiene que tener miedo, señora, usted tiene que saber que nosotros, en cualquier momento, vamos a ser libres completamente", le suelta José Agustín.
El miedo aún es palpable entre los viajeros que miran con desconfianza a la reportera y al fotógrafo que los abordan al preguntarles cuál es el motivo de su viaje a Caracas. "Preferimos no hablar", zanjan. Inquirimos sí temen represalias y responden con un firme "sí".
Otros, por el contrario, desbordan su entusiasmo. Es el caso de Julia, lista para abordar siendo la primera de la fila, una hora antes de que abran las puertas. "Ay, sí, yo estoy muy emocionada", reconoce sonriente. Ella llegó en septiembre para estar con su hija y debía volver el 30 de noviembre. "Tuve la oportunidad de estar más tiempo con ella", resalta como punto positivo. Tenía tres años sin verla. "Pero ya quiero estar en mi tierra", confiesa.
Misloi tenía cinco años sin ver a su hija. A finales del año pasado viajó para acompañarla a dar a luz a su segundo bebé. "Me siento mal por dejarlos", dice con una sonrisa de medio lado. Ella, como tantos, tiene a su familia dividida. "Tengo cuatro nietos: dos en Caracas y dos en Madrid", cuenta. El esposo de Misloi le dará el relevo y, cuando ella llegue a Venezuela, será su turno de viajar a España para conocer al nuevo nieto.
Ana planeaba regresar, como Julia, el 30 de noviembre. Y, como Misloi, viajó para estar en el nacimiento de su nieta. "Agradezco que yo sí tenía un lugar para estar, comida y techo. Gracias a Dios pude estar más tiempo con mi familia", celebra.
Ramona, por el contrario, no llegó a España para conocer a su nieto, sino para traerlo. "Quería estar con su papá, así que lo dejé con él", exterioriza con un punto de tristeza. La mamá del niño de 14 años vive en Estados Unidos. "Eso es horrible, toda la familia está regada", lamenta Ramona. Sus tres hijos residen en Barcelona. "A veces ellos van a Venezuela, pero yo no quiero quedarme aquí. Yo amo mi país", señala.
"Yo vine el 8 de noviembre porque la nieta cumplía seis añitos el 15", cuenta José Méndez, padre de tres. Su esposa también vive en España y ya están acostumbrados a permanecer separados la mayor parte del año. "Mis hijos no volverían, pero creo que mi esposa sí. Tenemos un proyecto: tener una casita en Mérida [ciudad en Venezuela caracterizada por ser fría]". Mientras Ramona, a quien acaba de conocer en la fila para subir al avión suspira con pena porque él también tiene lejos a su familia, José M. le resta importancia: "No, pero todo bien. No es que duremos tiempo sin vernos: para eso está esto", dice señalando su móvil. "Mi nieta de un año en Caracas me ve por la pantalla y se ríe, me reconoce", asegura.
Por los pasillos del aeropuerto se desplazan los venezolanos en grupo con sus maletas. A simple vista, parecen ser manadas familiares: se les ve reír y conversar con naturalidad. Sorprendentemente, al preguntarles si comparten algún vínculo, responden: "Qué va. ¡Nos acabamos de conocer!". Un grupo de cinco mujeres acompañan a Roberto Castellanos, otro venezolano de 63 años. "Entre todos encontramos la puerta [de embarque] porque no había forma", comentan entre risas.
Estas mujeres conversan bajo condición de anonimato. "Los políticos están acabando con el país y con nosotros, ya no hallamos en quién creer y sólo nos queda encomendarnos a Dios y que haga su voluntad, nada más", comparte una de ellas. Otra, que trabaja en un ministerio venezolano, vuelve a su país tras una visita a su marido, que emigró a Italia porque perdió su trabajo. "Es terrible esta desunión familiar", suelta para desahogarse. "Somos un país muy rico y generoso para estar sufriendo lo que hemos sufrido", agrega. Ella celebra que "por lo menos, se está viendo un futuro para los chamos [chicos jóvenes]... Pero, aunque se ven aires de cambio, todavía falta mucho".
Roberto tenía cuatro años en España, pero va a intentar quedarse en Venezuela. De hecho, no tiene billete de regreso. Dice que la decisión de quedarse o no en su país "dependerá de la situación", pero confiesa que no se encontraba del todo a gusto en suelo europeo. "No es lo mismo una persona de 63 años que un muchacho de 25, que se adapta rápido a cualquier situación y a cualquier ambiente", justifica. Mientras, dejará a su esposa y a sus suegros en Madrid. Él celebra la gestión política actual.
"No importa quién mande, mientras haya seguridad", opina Roberto. Él considera que "hay un cambio grande": "la ley de amnistía [prometida por los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, y aún sin concretarse], la cuestión del petróleo, eso tiene que levantar la economía del país... Las expectativas son buenas". "A mí no me importa si ellos [los chavistas] se quedan o se van, o si María Corina Machado asume el poder, lo que me importa es que la economía se levante", indica harto de la política.
Reinier salió de Venezuela a finales del año pasado, en pleno revuelo por las intervenciones militares en el Caribe. Su ruta fue Caracas-Bogotá-Madrid. Comenta que, además de viajar por vacaciones, su intención en este viaje fue preparar sus papeles para emigrar a España. "Tengo a mi esposa y a mis dos niños acá, así que estamos en trámites de reagrupación familiar", explica. Por tanto, una reagrupación en el país petrolero está, de momento, descartada.
"No he estado desde que sacaron a Maduro del poder, así que voy a ver qué tan cierto es que se respira cambio", subraya Reinier. Él fue despedido cuando el ex presidente Chávez nacionalizó la empresa en la que él trabajaba, por lo que opina que una señal de verdadero cambio sería que vuelva a ponerse en marcha la producción. "Hay muchos inversionistas estadounidenses que están haciendo recorridos en las empresas básicas y han arrancado varias que estaban paradas", cuenta. "Ahora voy con la intención de preparar los papeles para retornar [a España] pero, si de verdad es como dicen, me quedo", promete.
Así como los venezolanos se esfuerzan por recuperar su democracia paulatinamente, Air Europa está retomando sus rutas con Venezuela de forma gradual: tres vuelos semanales (martes, viernes y domingo) durante febrero hasta volver a las cinco frecuencias en meses posteriores. También se prevé que Plus Ultra retome el mismo trayecto desde el 3 de marzo y, seguidamente, Iberia a partir del 7 de abril. La reanudación también se ha producido desde el otro lado del Atlántico. El pasado fin de semana, la compañía venezolana Laser retomó sus vuelos que conectan Caracas con Madrid y Barcelona, y se espera que otra aerolínea, Estelar, vuelva el 3 de abril.
Tras 9 horas y media de vuelo, los primeros viajeros provenientes de Madrid llegarán a Caracas a las 21:10, hora local, mientras aún será de madrugada en España. Aterrizarán en un país en el que quedan muchas batallas por librar antes de recuperar a los 9 millones de venezolanos que hoy son migrantes repartidos por el mundo.





