CRÓNICA
Un documental recreará su caso

La nueva vida de Gisèle Pelicot con su nueva pareja: retiro en una isla y con sus memorias a punto mientras su agresor también escribe en prisión

Refugiada en la isla de Ré, lejos del foco mediático, "la mujer más valiente del mundo" ultima sus memorias mientras reconstruye su día a día en compañía de Jean-Lou, un exazafato del Concorde

Gisele Pèlicot, durante la apelación sobre las violaciones de Mazna, en octubre de 2025.
Gisele Pèlicot, durante la apelación sobre las violaciones de Mazna, en octubre de 2025.Christophe SimonAFP
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Fue la presencia más sigilosa entre en el público en el juicio del caso Pelicot. Se llama Jean-Loup, fue azafato del mítico Concorde con Air France y es ahora el apoyo emocional que ha encontrado a los 73 años Gisèle para superar las turbulencias y volver a volar alto, muy alto. Las fotos de la pareja en Île de Ré, la pequeña isla francesa en donde ella buscó refugio, dan testimonio de ese amor tardío que puede leerse casi como un epílogo de Himno a la vida (Lumen), sus memorias que se publican en 20 idiomas el 17 de febrero.

Un documental de HBO dará próximamente fe de la «reconstrucción» de Gisèle Pelcito, un año después de la sentencia de 20 años de cárcel para su ex marido por drogarla y servirla en bandeja a más de medio centenar de violadores. Lejos del lugar de los hechos en Mazan, la «mujer más valiente del mundo» lleva una vida relativamente normal, sin miedo a ser asediaba por la calle y haciéndose selfies ocasionales con visitantes y vecinos.

Las fotos publicadas por Paris Match sirvieron, sin embargo, para alterar ese espacio de calma y protección que buscó para superar el trauma. La última aparición pública de Gisèle fue en octubre del año pasado, en el recurso presentado por uno de sus violadores, Husamettin Dogan, que vio aumentada su pena de nueve a diez años de cárcel. Gisèle decidió apartarse temporalmente de la atención pública para recuperar la seguridad y recomponer su vida, después de haber confesado abiertamente durante el juicio: «La fachada es sólida, pero detrás hay un campo en ruinas».

Los abogados de Gisèle acusaron a la revista de «no haber aprendido nada del juicio», donde se exhibieron 3.000 fotos y vídeos sobre los abusos. El tira y afloja legal concluyó con una acuerdo por «invasión de la privacidad» y la compensación de 40.000 euros dirigidos a dos asociaciones de víctimas de violencia sexual.

Pareja feliz

La imagen de pareja feliz que proyectan Gisèle y Jean-Loup en ese paseo en la isla de Ré ha servido sin embargo para confirmar ese aire de primavera tardía que se ha instalado en su vida a pesar del tormento con el que Dominique, el amor de su vida y padre de sus tres hijos, estranguló los 50 años de vida en común. Jean-Loup enviudó en 2022, según confió una vendedora local al Paris Match. La experiencia del duelo, en su caso, puede haberle preparado para arropar a Gisèle ante las secuelas de la violencia sexual. Se conocieron a través de amigos comunes. Jean-Loup, de 72 años, se jubiló como azafato de Air France aunque mantiene contactos con el aeroclub Toussus-le-Noble. Apasionado de la mecánica, es un gran aficionado a las motos y a los coches antiguos. Afincado desde hace años en la isla de Ré, decidió reinventarse como agente inmobiliario.

La discreción es la máxima de la pareja, que sale dos veces al día a pasear con el perro Zoé (un bulldog francés). Gisèle ha estado volcada durante meses en la escritura de su biografía, mano a mano con la periodista y novelista Judith Perrignon, en lo que están anunciadas como «unas luminosas memorias». En ellas habla a corazón abierto de su primer amor, de su maternidad, de su carrera profesional que le llevó hasta un puesto de gestión logística para centrales nucleares y de su relación de medio siglo con Dominique, antes de despertar de la pesadilla.

«La vergüenza debe cambiar de bando», el lema con el que Gisèle Pelicot salió del anonimato, es también el punto de partida de todo lo que pasó después: del impacto en la opinión pública mundial a los cambios legales en Francia, de la noción del «no consentimiento» para considerar como violación un acto sexual a la eliminación del «deber conyugal» en el matrimonio aprobada esta semana en la Asamblea Nacional.

Giséle apura entre tanto los últimos días de calma en la isla de Ré, donde recibe ocasionalmente la visita de sus hijos David y Florian y de sus nietos. La mujer que se ganó a pulso su condición de icono mundial del feminismo iniciará pronto una gira de promoción, incluida España, que volverá a ponerla bajo los reflectores con una renovada fe en la vida.

Tensa distancia con su hija

Con Caroline, la mediana de sus tres hijos, ha mantenido durante meses una tensa distancia. «Las relaciones con mi madre están más calmadas», confesó sin embargo la propia Caroline Darian recientemente a Le Parisien. Su 47 cumpleaños en enero sirvió para propiciar el acercamiento madre-hija, pese a la sensación de abandono que sintió durante el juicio. «Me sentí muy sola».

El motivo de la disputa fue el empeño de Caroline en denunciar a su padre ante la sospecha de que pudo también haber abusado de ella drogándola, tras la aparición en su ordenador de dos fotos en las que aparecía acostada en la cama con una ropa interior que no reconocía. En su libro Y dejé de llamarte papá, Caroline no oculta su despecho de hija hacia su madre por no respaldarla en sus acusaciones: «Su silencio dijo mucho». Aun así, Caroline no dejó de ensalzar públicamente la valentía de su madre: «A mis ojos, ella es una heroína moderna. Ella pudo asistir todos los días al juicio y enfrentarse a esos delitos atroces en vivo a través de los vídeos trasmitidos. No conozco a muchas mujeres que hubieran podido hacer eso».

La hija de Gisèle se ha convertido en el rostro más visible contra la «sumisión química» a través de la asociación creada por ella misma #MendorsPas (No me duermas) y la estrecha colaboración con la diputada Sandrine Josso, que esta semana ha logrado su desquite personal con los cuatro años de cárcel al ex senador Joël Guerriau, por drogarla con éxtasis diluido en el champán para intentar abusar de ella.

Batalla personal

Caroline sigue librando su batalla personal con su padre: «No dejaré que ponga un pie en la tumba sin que me mire a la cara y me diga por qué existen esas fotos y qué me hizo». Le ha llegado a denunciar, pero tiene pocas esperanzas de que el caso prospere ante la falta de pruebas.

Las confesiones de Dominique Pelicot escritas desde su celda dan título, entre tanto, al libro que el monstruo de Mazan ha concebido en la cárcel. «Ha escrito novelas , muchos poemas y la historia de su vida», explicó su abogada Béatrice Zavarro. «Ha sido una vía de escape para salir de la camisa de fuerza de la prisión. Lo ha hecho con fines terapéuticos». Su objetivo es ver su libro publicado, «pero hay mucha resistencia entre los editores».

Dominique puede tener que rendir cuentas ante la justicia por otros dos casos: la violación y asesinato de la agente inmobiliaria Sophie Narme en París en 1991, y un intento de violación de otra joven (con el nombre ficticio de Marion) en la región de Serna y Marne en 1999. Un informe judicial publicado este año reveló además que fue sorprendido e interpelado en el 2010 por grabar con su teléfono móvil imágenes bajo las faldas de las mujeres en un supermercado parisino, el mismo tipo de incidente que provocó su detención diez años después. Fue multado con 100 euros y Gisèle no se enteró. El informe cuestiona si una investigación a tiempo de sus acciones habría podido evitar la pesadilla que su mujer tuvo que soportar durante una década.