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Lily Phillips, confesiones de la mujer más escandalosa del mundo: "Vi porno por primera vez a los 11 años. Es necesario al 100% poner límites de edad"

Es la actriz que se acostó con 1.113 hombres en 12 horas. Sus vídeos porno, en un sólo portal, alcanzan los 350 millones de visualizaciones. La cifra en todas las redes sociales es exponencialmente superior. Tras rodar en Barcelona, nos reunimos con ella en su país natal.


Lily Phillips, confesiones de la mujer más escandalosa del mundo: "Vi porno por primera vez a los 11 años. Es necesario al 100% poner límites de edad"
MARTÍN MUCHA / CRÓNICA / EL MUNDO
Actualizado

Ella es para tantos la mujer más escandalosa del mundo. Por la repercusión de sus performances. Primero tuvo sexo con un centenar de hombres y lo grabó en un documental que han visto más de 15 millones de personas sólo en YouTube. Después, multiplicó el efecto al asegurar que lo hizo con 1.113. Sólo en un portal erótico sus vídeos acumulan más de 350 millones de visualizaciones. Si se suman redes sociales convencionales, supera el millar de millones largamente... Eso sin contar, por ejemplo, sus apariciones en la BBC. El encuentro se produce después de meses de mensajes, fechas fallidas y negociaciones. Estamos en un lugar a orillas del Támesis. Es un día clásico de cielo panza de burro, como si alguien lo hubiera empujado hacia abajo con la palma de la mano. Llueve esporádicamente. A primera vista, Lily no entra en el estereotipo de una actriz porno. En una cafetería, a su paso, la gente murmura. ¿Es ella o no? Con su rostro de estudiante universitaria de Sheffield, que lo fue. De niña de buena familia, que lo es, genera una duda razonable. Anticipamos, no hablará de política, no corresponde. Pero sí de sexo, incluso de feminismo y de cuándo cree que se debe comenzar a ver porno...

PREGUNTA.— Para los que no lo sepan, ¿quién es usted?

RESPUESTA.—Me llamo Lily Phillips. Tengo 24 años y soy una estrella del porno. Me encanta trabajar, salir a cenar con mis amigos, jugar con mi perra y sacarla a pasear. Vengo de un pueblo muy pequeño. Llevo una vida bastante tranquila, pero tengo un trabajo muy extrovertido y que algunos consideran muy intenso.

Nació el 1 de julio de 2001. Este año cumple 25. A esa edad, para muchos, la vida todavía no ha empezado del todo. Para ella, ya ha pasado mucho. Hay momentos que cambian la forma de ver el mundo. Lily no tarda en señalar el suyo.

«Mis padres estuvieron muy enfermos en una etapa y creo que eso cambió completamente la perspectiva de toda nuestra familia. Nos hizo darnos cuenta de lo pequeña, corta y delicada que es la vida».

P.— Volveremos después a la historia de sus padres porque es muy intensa, pero recuerdo que contó algo que ocurrió cuando tenías 11 años.

R.— Sí. Cuando tenía 11 años me enseñaron porno por primera vez. No sabía lo que era y no seguí viéndolo. En ese momento estaba muy confundida. Ni siquiera sabía qué era el sexo. Fue muy confuso.

P.— Antes del primer beso.

R.— El beso llegó a los 15, en una fiesta en una casa. El sexo llegó a los 17.

P.— Después vino la Universidad de Sheffield.

R.— Nutrición. Aunque, para ser sincera, no llegué a ir ni a una sola clase.

P.— En una entrevista dijo que todo empezó durante el Covid con una reunión por Zoom. ¿Es así?

R.— No podía conectarme, así que pensé: «Si no puedo entrar en Zoom, no puedo sacarme la carrera. ¿Por qué no empezar en OnlyFans?»

P.— Antes de eso, ¿grababa sus relaciones sexuales?

R.— No. Nunca me había hecho siquiera un selfie desnuda antes. Me lancé directamente.

P.— En octubre de 2024 anunció que iba a acostarse con un centenar de hombres en un día.

R.— Siempre me ha gustado el sexo en grupo. Al principio quería hacer mil, pero decidí empezar con cien para ver si era viable.

"Soy feminista. Me resulta empoderador hacer lo que me gusta y no depender de nadie"

P.— E incluso hizo un documental.

R.— Sí.

P.— En éste no se cuenta la logística. ¿Cómo se controlaba el tiempo y lo demás?

R.— Eso fue lo más complicado, la organización. Empecé publicando el anuncio y, una vez que la gente se apuntó, mi asistente les asignó horarios. Yo iba cronometrando el tiempo con el móvil. Al principio eran cinco minutos por persona. Cada hombre entraba, se comprobaba su identidad, firmaba todos los documentos y pasaba a la habitación.

P.— ¿Se tomó en cuenta también la salud, los límites, el consentimiento?

R.— Claro. Especialmente la salud mental. Y en cuanto a la salud sexual, todos usaron preservativo y todos pasaron por exámenes médicos.

P.— Al final del documental el director parece sorprendido porque termina llorando, pero inmediatamente da el siguiente paso y habla de hacerlo con 1.000. ¿Por qué decide multiplicar la cifra por 10?

R.— Los 100 fue una curva de aprendizaje para saber cómo organizar algo así y ver si realmente se podía llegar a los 1.000. A pesar del cansancio y del agotamiento, lo disfruté. Así que quise seguir adelante, pero haciendo ajustes.

P.— En términos numéricos, en 12 horas, salen a unos 38 segundos por persona...

R.— No sé exactamente si eran 30 o 38. Básicamente lo que hacíamos era asegurarnos de que cada uno entrara ya preparado. Había gente encargada de eso antes de que entraran conmigo. Muchos ni siquiera llegaban a los 30 segundos.

P.— De esa performance no hay vídeo en línea. Sólo uno de TikTok donde sujeta una tira de números que, por cierto, era muy superior a los 1.113...

R.— El vídeo de los mil no está en OnlyFans porque va contra sus normas. Está en otra plataforma. Por eso mucha gente no lo ha visto.

P.— ¿Con estas cifras se siente como una máquina sexual?

R.— Sigo sintiéndome humana. Sigue siendo una interacción. No soy un robot, es mi trabajo. Es como ir a trabajar y hacer lo que tienes que hacer.

Gana 500 libras por grabar vídeos personalizados de 300 segundos, el tiempo mínimo. Es decir, 100 libras el minuto

P.— Si la Lily de 11, la que vio porno entonces, pudiera verle ahora, ¿qué pensaría?

R.— No entendería nada. Pero si me lo dices a los 14 o 15 años, cuando empecé a tener un deseo sexual muy alto, no me sorprendería tanto.

P.— En Europa se habla mucho de restringir el acceso de los menores al porno de manera más efectiva. ¿Qué opina?

R.— Es necesario al 100%. También creo que debería haber mucha más educación sobre el porno en los colegios. La realidad es que los menores lo consumen, así que hay que educar sobre eso.

P.— ¿A qué edad recomendaría ver sus vídeos?

R.— A los 18 años. A la edad en la que entré en la industria. Ya eres legalmente adulto.

P.— Dos preguntas de una columnista española (Emilia Landaluce)... La primera: «¿Cómo se siente respecto a tener sexo con tantos hombres?»...

R.— Para mí no es algo raro ni diferente, es lo que siempre he hecho. No creo que el número de personas con las que te acuestas diga nada sobre si eres buena o mala persona.

P.— «¿Y al ser vista a través de los ojos de tus padres?»...

R.— Mis papás siempre me han hecho sentir querida. Son muy cariñosos y lo único que quieren es que esté segura.

P.— Dice que no es una máquina sexual, pero sí —definitivamente— una de crear titulares y polémica. Hace poco simuló estar embarazada y las redes sociales explotaron. ¿Cómo surgió esa idea?

R.— Había recibido peticiones para grabar estando embarazada. Evidentemente no iba a hacerlo de verdad, así que compré una barriga falsa y grabé un vídeo. Pensé que sería buena idea subir una foto a redes, pero no pensé en las consecuencias. Fui muy ignorante respecto a los problemas reales que muchas mujeres sufren con el embarazo. No es algo de lo que me sienta orgullosa.

Con sólo 24 años, Lily Phillips vive de escandalizar. Esta ex estudiante de la Universidad de Sheffield lidera la nueva industria del porno.
Con sólo 24 años, Lily Phillips vive de escandalizar. Esta ex estudiante de la Universidad de Sheffield lidera la nueva industria del porno.MARTÍN MUCHA / CRÓNICA / EL MUNDO

P.— Recibe mensajes duros, en algunos le desean incluso la muerte. ¿Cómo lo gestiona?

R.— Somos humanos y a veces no estamos preparados para tanta crítica. Pero tengo la piel bastante dura y pienso que quien escribe comentarios negativos suele ser alguien triste o inseguro. Eso dice más de ellos que de mí.

P.— ¿Todas las ideas de sus vídeos son de Lily Phillips o tiene una empresa de marketing que le ayuda?

R.— La mayoría surgen de mí o de mi asistente. Luego las desarrollamos un poco con un grupo pequeño. No tengo un equipo de marketing. Sí tengo un publicista, pero nada más.

P.— Otro shock reciente fue su bautismo en un jacuzzi portátil. ¿Otra provocación?

R.— No, fue real. Estoy bautizada. Soy cristiana. No fue un montaje. Era algo personal que quise compartir, para abrir la conversación y mostrar que somos personas con muchas facetas, no muñecas sexuales. Tenemos intereses y vidas fuera de nuestro trabajo.

P.— O como cuando dice que es feminista, ¿es pura ironía?

R.— No, lo digo en serio. El feminismo significa igualdad entre hombres y mujeres.

"¿Qué inspira mis ideas? Mi mente enferma"

P.— Hay quien dice que su trabajo existe solo para el placer masculino...

R.— Me resulta muy empoderador hacer lo que me gusta, disfrutarlo y vivir de ello. Me permite no depender de agencias ni de nadie. Soy yo, mis ideas y lo que quiero hacer. Me siento feminista y no creo que eso sea incompatible.

P.— Muchas creadoras de contenido adulto vienen de experiencias traumáticas o de la prostitución. ¿Fue su caso?

R.— He escuchado muchas historias muy tristes, pero no es mi caso. Yo hago esto por puro disfrute.

P.— He visto las cifras sobre sus vídeos personalizados. Recuerdo 300 libras por pocos segundos. ¿Cómo funciona eso?

R.— Cuestan 100 libras por minuto, con un mínimo de cinco minutos.

"Una veintena de personas trabajan para mí"

P.— Son 500 libras por cinco minutos. Ahora entiendo que haya nueve personas trabajando para usted...

R.— Eso era antes. Ahora son más. Alrededor de una veintena. He contratado a gente que gestiona al resto del personal. No llevo la cuenta exacta.

P.— ¿Rueda en España?

R.— Voy a menudo. Me gusta Barcelona. Acabo de volver. Ibiza me encanta. He grabado también allí, pero normalmente voy de fiesta.

P.— Dice que hace porno «gonzo». ¿Sabe que el término viene del periodismo?

R.— Sí. En porno significa algo más natural, sin guion, como sexo de pareja.

P.— ¿Se inspira o lee algo para crear historias?

R.— Simplemente mi mente enferma se inventa las ideas.

P.— ¿Ve mucho porno?

R.— Unos 45 minutos al día. Tanto por placer como por investigación. Me gusta como forma de arte y quiero tener variedad en mi trabajo.

Para saber más

P.— ¿Es verdad que en su primer mes ganó 15.000 libras?

R.— Sí.

P.— ¿Y ahora?

R.— Prefiero no decirlo. Es algo personal.

P.— ¿Uno o dos ceros más a la derecha?

R.— Quién sabe. No soy muy buena en matemáticas.

P.— ¿Habla con sus padres con frecuencia?

R.— Sí. Especialmente con mi madre, casi todos los días.

P.— Sus padres dijeron que venderían una casa para sacarla de este trabajo. ¿Es verdad?

R.— Sí. No la casa donde viven, pero sí alguna de sus propiedades. Lo decían en serio.

P.— Antes trabajó limpiando casas, con ellos, en la empresa familiar.

R.— Fui limpiadora, recepcionista, trabajadora en supermercados... Respeto mucho esos trabajos.

P.— Y eligió...

R.— Siempre me ha atraído la industria para adultos. Tengo un deseo sexual alto, confianza con mi cuerpo, piel dura y crecí con redes sociales. Era el trabajo perfecto para mí.

P.— ¿Por qué una chica de una buena familia escoge esto?

R.— Elegí esto porque disfruto del sexo, de la creatividad y de la libertad.

P.— ¿Cuándo lo dejará?

R.— Cuando deje de disfrutarlo.