El 6 de septiembre de 1909 la oficina del 'New York Times' recibió un telegrama desde un remoto puesto de la península de Labrador. Estaba firmado por el explorador estadounidense Robert Peary y decía: "Tengo el Polo. El 6 de abril". Al día siguiente el periódico publicaba en primera plana: "Peary descubre el Polo Norte después de ocho intentos en 23 años". El titular destacaba el empeño del marino, que había participado en varias expediciones para materializar su sueño de convertirse en el primer ser humano en alcanzar el punto más al norte de la Tierra.
Peary se adjudicó la conquista del Polo Norte junto con su asistente afroamericano, Matthew Henson, y cuatro porteadores inuit de Groenlandia. Investigaciones posteriores señalan que es altamente improbable que la expedición de Peary y Henson alcanzara el Polo, debido a las incongruencias entre las entradas de su diario y las distancias que asegura haber recorrido. Había fracasado en todas las tentativas anteriores y, por ello, desarrolló una obsesión por alcanzar el límite norte que se materializó en una idea: crear una superraza que combinara la fortaleza y la adaptación a las temperaturas glaciales de los inuit (entonces designados con la denominación despectiva de "esquimales") con la característica que él consideraba propia de la superior civilización estadounidense: la inteligencia. Así, Peary y Henson mantuvieron relaciones sexuales con mujeres del norte de Groenlandia, de las cuales nacieron varios hijos. Sin embargo, la presunta llegada al punto más septentrional del orbe les hizo abandonar el plan y se desentendieron de su prole.
Un documental español ha seguido el rastro de Peary en la región de Qaanaaq, en el extremo noroeste de Groenlandia. Dirigido por el leonés Raúl Alaejos, 'Objeto de estudio' ha sido galardonado con el premio Band Apart del programa de TVE 'Días de cine', que se entrega el próximo día 21 en el Museo Reina Sofía.
Ahora que Donald Trump amenaza con anexionarse la isla más grande del planeta -circunstancia de insularidad que, por cierto, demostró Peary en una de sus exploraciones, al probar que no era una península-, la película de Alaejos muestra que la codicia estadounidense sobre Groenlandia viene de lejos.
En efecto, en uno de sus viajes, Peary descubrió que los inuit fabricaban herramientas metálicas, como arpones y cuchillos, con los restos de un gigantesco meteorito férrico caído en la zona. Al fragmento más grande, que pesaba 30 toneladas, lo llamaban Ahnighito. El explorador convenció a los habitantes de la región para que lo transportaran a un barco y, en 1897, se lo vendió al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York por 40.000 dólares. Junto con el aerolito se llevó a seis inuit del grupo de los inughuit. En teoría, iba a ser una visita breve y Peary se comprometió a devolverlos a sus casas en unos meses, junto con abundante instrumental metálico, provisiones, armas, munición, madera y otros útiles. La realidad fue muy distinta: tras un breve estudio por parte del antropólogo Franz Boas, los inuit fueron expuestos en el museo al modo de un zoo humano, mientras eran alojados en un sótano.
Los groenlandeses contrajeron tuberculosis y fallecieron, con la excepción de un niño, Minik, que asistió a un funeral falso de su padre: se le hizo creer que lo enterraban conforme al rito inuit, pero en el ataúd que supuestamente albergaba su cuerpo sólo había piedras. En su lugar, su esqueleto fue montado y expuesto en una de las salas del museo. Al igual que haría con su propia descendencia, Peary no se interesó lo más mínimo por Minik.
Alaejos, que ya había viajado al océano Ártico como camarógrafo para Greenpeace, muestra en su película que en Qaanaaq se conserva todavía un pequeño fragmento de Ahnighito, como único resto de aquel expolio. En ese sentido, 'Objeto de estudio' es una película sobre el colonialismo, pero no solo el de la explotación de los recursos y las poblaciones de esos territorios, sino también el del capital simbólico que rodea a ambos.
"Durante años trabajé como realizador audiovisual en campañas de concienciación para ONG", explica Alaejos. "En estos proyectos, la producción siempre sigue un esquema rígido: un mensaje predefinido, una filmación rápida y el uso de cualquier recurso disponible para reforzar una idea establecida incluso antes de viajar. Empecé a notar una dinámica incómoda: la instrumentalización de las personas locales, capturadas en imágenes que no siempre las representaban, sino que servían para completar un discurso ajeno. Filmar se convertía en un acto de extracción. Esa inquietud me llevó a querer regresar a las regiones polares, pero con otro enfoque: cuestionar el acto mismo de filmar al otro y trabajar desde esa reflexión. 'Objeto de estudio' surge de ese impulso".
El documental establece otros puentes. "Robert Peary es, oficialmente, la primera persona en alcanzar el Polo Norte. Pero esto, como todo en la exploración polar, es un acto de fe", reflexiona el director. "En estas hazañas -y más aún en aquella época- lo verdaderamente importante es el relato. Es probable que antes que él hubiesen llegado alguno de los inuit que lo acompañaban o Henson. Un mes antes, Frederick Cook también afirmó haberlo logrado, aunque más tarde se demostró que lo había inventado", relata. "Todo este despropósito en torno a la exploración polar me fascina. Además, llegar es tan importante como poder registrarlo para su certificación, y en esto el cine juega un papel fundamental".
Alaejos aporta un dato que trasciende lo anecdótico: "Dicen que al alcanzar el Polo se experimenta una extraña decepción. En realidad, es un lugar vacío, un fotograma en blanco. Una película velada. Puedes clavar la bandera de tu país, pero ni siquiera es tierra firme, solo una banquisa de hielo a la deriva. En pocos minutos, esa bandera ya no estará en el Polo Norte". De ahí la conexión de intereses que lo atraen: "Los límites del planeta y los límites de la representación".
La película, prosigue su autor, "es una búsqueda" que intenta abrir preguntas en lugar de responderlas. "Es una colección de intentos por filmar al otro", explica. "Formamos parte de este expolio. Filmamos desde una posición muy concreta y creo que es justo que el realizador lo haga explícito ante los espectadores. No podemos seguir asumiendo que, en el cine documental, la cámara y el equipo son un dispositivo invisible. Es necesario, de alguna manera, revelar el truco".
Qaanaaq, uno de los escenarios principales de la película, está considerado "el pueblo habitado más septentrional del planeta". Allí viajan equipos de producción para filmar a los "últimos cazadores". Estas producciones, denuncia Alaejos, "llegan con una imagen preconcebida y necesitan capturarla", pues "existe una romantización del inuit". Baste recordar que uno de los títulos fundamentales de la historia del cine es el documental de Robert J. Flaherty 'Nanuk, el esquimal' (1922).
Muy cerca de los restos de Ahnighito y de las casas de los descendientes de Peary y Henson se encuentra la base estadounidense de Pituffik, perteneciente desde 2020 a la Fuerza Espacial de Estados Unidos y conocida durante la Guerra Fría como Thule. Debido a su proximidad con la Unión Soviética, llegó a ser uno de los puntos estratégicos de reconocimiento de las fuerzas armadas estadounidenses, albergando hasta 5.000 militares desplegados. La compleja relación entre los gobiernos de Trump y Putin ha vuelto a situar este puesto como un enclave determinante para Washington. Sin embargo, los responsables de la base -donde actualmente ondea la bandera estadounidense junto a la danesa, pues Groenlandia sigue siendo administrada por Copenhague- rechazan cualquier idea de apropiación territorial, ya sea en forma de compra o de toma unilateral.
"Groenlandia es un territorio enorme, con una gran reserva de petróleo y situado en un enclave geoestratégico clave", recuerda Alaejos. "El pueblo groenlandés está recorriendo un camino hacia la autodeterminación para dejar de ser un protectorado danés. No parece que la mejor manera de hacerlo sea de la mano de Trump". Para el cineasta, Groenlandia "debería poder decidir su destino de manera libre", lo que vuelve a conectar con la idea que articula el documental: "De alguna manera, el mundo mira a esta región con ojos extractivistas. Los visitantes -profesionales y turistas- que filmamos de forma preconcebida también ejercemos un extractivismo de imágenes, estereotipando una cultura. En realidad, esta película busca colocar al espectador en un lugar de duda: ha de discernir entre lo real y lo construido".
'Objeto de estudio' termina con una gran foto de familia de los descendientes supervivientes de Peary y Henson en Qaanaaq. Completamente ajenos al proyecto de sus ancestros, su vida transcurre entre paisajes que abruman por su belleza y también por su desolación.
La voracidad del gobernante del país más poderoso del mundo, acosado por diversos frentes políticos internos y por la gestión de su reciente intervención en Venezuela, apunta ahora hacia estas tierras que ya fueron objeto de estudio y de usurpación hace poco más de un siglo. ¿Verán los descendientes de Peary un nuevo movimiento en el tablero global?




