El 8 de septiembre de 1777, una Cédula Real sancionada por Carlos III estableció oficialmente la Capitanía General de Venezuela como parte del Virreinato de la Nueva Granada. La decisión del monarca agrupaba bajo una misma entidad las provincias de Venezuela, Nueva Andalucía, Maracaibo, Guayana, Margarita y Trinidad, antes dispersas durante siglos en una maraña de autoridades. Si el objetivo era estabilizar una zona históricamente conflictiva, no lo consiguió: por Venezuela pasaron 21 capitanes generales españoles en 46 años de existencia, hasta que se disolvió en agosto de 1823 tras tres períodos republicanos y la creación de la Gran Colombia.
Lo que hoy es historia era entonces asunto de actualidad para don José de Reina y Tosta, que tenía 13 años y vivía en el pequeño municipio sevillano de Paradas cuando se creó la capitanía general venezolana. No sabía el señor de Reina que acabaría siendo licenciado en Derecho por la Universidad de Granada. Ni que se convertiría en servidor público, con rol destacado durante las epidemias de cólera de los años 30 del siglo XIX. Ni que inauguraría (que se sepa) una rama familiar que, pasando por Alicante, Valencia y Cuba, acabaría llegando hasta su trastataranieto, Marco Antonio Rubio (Miami, 1971), secretario de Estado de los Estados Unidos de América y «virrey de Venezuela», como le bautizó esta semana The Washington Post, en la operación diseñada por Donald Trump para la transición en el país caribeño. Él fue el encargado de explicarla ante la prensa el miércoles: primero la «estabilización», para evitar que el país «caiga en el caos»; después la «recuperación», dando acceso al mercado venezolano a las empresas occidentales; y por último la «transición» y la «reconciliación nacional», con la liberación de presos, el regreso de los opositores exiliados y la hipotética celebración de elecciones. Mientras tanto, Delcy Rodríguez al volante aunque el motor lo ponga Washington.
LA REVELACIÓN DE SU FAMILIA SEVILLANA
Rubio, arquitecto del plan, presumía siempre de ser el primer jurista de una familia que pasó por penurias y orfandades en Cuba antes de que sus padres, Mario Rubio y Oriales García, recalasen en Florida. Descubrió que no lo era en diciembre de 2019 a través del programa Finding your roots (Descubriendo tus raíces), de la red de televisiones públicas estadounidenses. «Increíble, alucinante», decía a cámara mientras el historiador y presentador Henry Louis Gates le enseñaba el título de su trastatarabuelo José de Reina y Tosta, que se casó con la sevillana Manuela Sánchez y Ximénez. El asombro del entonces senador republicano iba en aumento mientras el programa le detallaba los roles por los que había pasado su recién descubierto ancestro. «Es la primera vez que leo que cualquier miembro de mi familia haya tenido algo que ver con el gobierno...antes de mí. Y con responsabilidad. Supongo que tengo unos grandes zapatos que llenar...», admitió Marco Rubio.
Es sólo una de las ramas españolas del árbol genealógico de la mano derecha de Donald Trump. La más destacada por aquella intervención televisiva y la más ilustrada. Es la que desemboca en su abuela paterna Eloisa Reina Sánchez (Cuba, 1894), hija de Rafael Reina Salvadores (su bisabuelo, nacido en Valencia en 1846) y María Eloisa Sánchez y Otaño. Rafael era nieto del mencionado José de Reina y Tosta e hijo de Rafael Reina Sánchez (tatarabuelo de Marco Rubio, de profesión militar, nacido en Sevilla en 1795) y de María Nieves Salvadores (su tatarabuela, nacida en Alicante en 1822).
LOS RUBIO, ANTES DE CUBA: VIENEN DE MURCIA Y ESPINARDO
La otra rama familiar paterna, la que desemboca en su abuelo Antonio Rubio Pazos (Cuba, 1884), es la más desconocida, incluso para el propio político, pese a ser la que le aporta su primer apellido al hoy secretario de Estado. Según ha podido comprobar Crónica, sus orígenes por esa rama hay que buscarlos entre Murcia y Espinardo, hoy un barrio de la capital autonómica y en el siglo XVIII un pequeño municipio independiente a sus afueras.
En Espinardo nacieron en 1796, y se casaron posteriormente, José Munuera Noguera e Isabel Dolores Alegría Mondejo. Su hija, Juana de Dios Munuera Alegría (Espinardo, 1817), se casó con Juan José Rubio Guillén (Murcia, 1813), hijo de Juan Rubio y Agustina Guillén, también murcianos. Aquel Juan José Rubio fue el primer emigrante de una familia que después cruzaría el charco al completo: él murió en México, pese a que su hijo Dionisio Rubio Munuera (bisabuelo del político) nació todavía en Murcia en 1854 y murió ya en Cuba, en 1898, año del desastre.
EL LARGO RASTRO CANARIO: GARCÍA, PÉREZ, ARMAS...
El mapa familiar de Marco Rubio en la Península se dibuja, por tanto, entre Paradas, Sevilla, Alicante, Valencia, Espinardo y Murcia. Esos son los orígenes de un político con ambición, que figura en las quinielas a la presidencia en 2028 si decidiese enfrentarse en las primarias republicanas a J.D. Vance, el vicepresidente y principal favorito toda vez que Donald Trump no puede, legalmente, optar a la reelección y a un tercer mandato.
Pero hay una rama más en el árbol y es la que lleva a las Islas Canarias. De hecho, antes del programa de 2019, la insular era la única de la que tenía constancia el propio Marco Rubio. Él mismo lo dijo en 2014, tras una reunión de senadores con el entonces presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, después de una sesión del Comité de Relaciones Exteriores de la cámara estadounidense. «Tengo antecedentes en Canarias. Los archivos de genealogía paran en Cuba, así que sería bueno seguir buscando allá», dijo entonces Rubio, con una confusión: aseguraba que esa rama canaria le venía «de parte de padre», aunque en realidad le viene por parte de su madre Oriales.
Oria es hija de Pedro Petro García (Cuba, 1899 - Las Vegas, 1984) y de Dominga de la Caridad Rodríguez Caroldes (Cuba, 1903 - Dade, Florida, 1967). Y nieta de Carlos Pérez Armas (nacido en las Islas Canarias, en 1860, y emigrado a Cuba desde Asturias), casado con Ramona García de León, hija de Miguel y María, ambos canarios, aunque él bautizado en Albacete. Esta rama es la que más lejos llega en el árbol genealógico reconstruible de Marco Rubio: sus apellidos más viejos conocidos se los aportan Blas García, María Mercedes Valiente, Miguel García y María Carrión, nada más y nada menos que sus pentabuelos, nacidos todos en territorio español hacia la primera mitad del siglo XVIII, según ha podido reconstruir en los últimos días este suplemento.
El viaje familiar de Marco Rubio a las Islas Canarias nunca se produjo, aunque el republicano nunca ha dudado de sus raíces sin necesidad de subir al avión. «La comunidad latina en Estados Unidos ha tenido una influencia que sigue creciendo económicamente y sin duda la piedra madre de todo hispano es España, de ahí es de donde descendemos todos, de alguna manera o de otra», dijo tras aquel encuentro con Mariano Rajoy. Curiosamente, pese a que su familia española emigró en masa a América, nadie lo hizo a Venezuela, donde hoy él planifica el destino del país. Los 18 apellidos españoles de Marco Rubio, aparte de en Cuba, se extendieron por México, Puerto Rico, Estados Unidos...
EL HOSTELERO GALLEGO QUE DESPIDIÓ A SU PADRE
La charla con el ex presidente, gallego, le debió despertar otro recuerdo: «Tuve un tío gallego en Cuba, había muchísimos gallegos, y los gallegos tuvieron una influencia muy grande en la vida de muchos cubanos». Sin ir más lejos, en la de su padre, Mario, que trabajó por primera vez a los 9 años...en la cafetería de un emigrado. «El trabajo se lo dio un español, un gallego que era el dueño del negocio...aunque lo botó también por robar un chocolate», bromeó el senador, que habla un perfecto castellano y ha sido considerado durante años como el principal referente latino del Partido Republicano, aunque en algún momento pareció que su carrera se estancaba.
Ahora es de la máxima confianza del presidente Trump. Y desde esa posición han llegado sus últimas referencias a su patria madre. Lo hizo en diciembre, hablando sobre el incremento del gasto en Defensa de los países de la OTAN: «No hemos tenido indicación de ningún país que no vaya a hacerlo...con la excepción de España».



