«Ha sucedido esto». El domingo 12 de octubre, Día de la Hispanidad, había empezado plácidamente para Regina Zurdo, conservadora-restauradora de bienes culturales del Museo Naval de Madrid hasta que, a las 14.15 horas, miró el móvil. Fue entonces cuando se encontró con la críptica frase de la directora técnica del centro, Berta Gasca, en el grupo de WhatsApp del Área de Conservación. La acompañaba una imagen que nunca habría querido ver: el gigantesco cuadro Primer homenaje a Cristóbal Colón de José Garnelo - seis metros de largo, tres de alto, 150 kg de peso-, manchado por dos grandes manchas de pintura roja. Minutos antes había sido atacado por Victoria Domingo y Luna Lagos, dos activistas del movimiento de desobediencia civil Futuro Vegetal, que acababan de ser detenidas por Daniel Vasile, el vigilante de la sala, y dos guardias civiles de paisano.
«Fue tremendo. Horroroso. Ya habíamos valorado que esto podía suceder, porque ha pasado en otros museos, pero nunca imaginamos que se produjese en el nuestro con esta intensidad y violencia», explica Regina a Crónica. Pero la perplejidad duró poco. A la directora técnica le había avisado el subdirector del museo, el capitán de navío Enrique Esquivel, y ambos movilizaron al unísono a todo el personal: desde los especialistas científicos hasta los militares de guardia.
14:30 H. EL EQUIPO SE MOVILIZA.
En el grupo de WhatsApp del Área de Conservación hay dos tipos de perfiles. Regina Zurdo,Laura Gómez, María José García, Marta Muñoz y Rosa Alvarado son las conservadoras-restauradoras, mientras que Sheila Reinoso ejerce de jefa del Departamento de Conservación Preventiva. Ninguna de ellas estaba cerca del museo cuando se produjo el ataque. Alguna hasta se encontraba de viaje. Pero todas pusieron rumbo a la calle Montalbán 2, donde unas obras temporales han desplazado la entrada al Cuartel General de la Armada, la instalación militar donde se encuentra la entidad.
14:50 H. EL MUSEO DEL PRADO PRESTA AYUDA.
De camino al Museo Naval, a Regina le viene a la mente el ataque que sufrió el cercano Museo del Prado el 5 de noviembre de 2022. Ese día, otras dos activistas de Futuro Vegetal pegaron sus manos a los marcos de los cuadros de La maja desnuda y La maja vestida de Goya. Rápidamente llama a su colega en el Prado, Eva Martínez, compañera de María Moraleda y Lucía Martínez, que en su momento fueron quienes se encargaron de proteger los lienzos del pegamento y la pintura en spray que utilizaron las agresoras.
«Estoy en el pueblo, no sé si podré ir», fue la primera respuesta que obtuvo de Eva, pero antes de colgar la restauradora del Prado ya se dirigía al Naval. «Como ellas habían sufrido un acto de vandalismo similar, les consultamos si habían seguido algún tipo de protocolo especial», recuerda Regina. Eva, a su vez, llamó a Lucía, que sí se encontraba cerca de la zona y salió corriendo en dirección al cuadro de Colón. «Llegó tan rápido que se cruzó con las agresoras, a las que se las llevaba detenidas la Policía Nacional», recuerda el vigilante Daniel. Su desempeño fue clave: sin dudarlo, cogió papel de mano y se puso a quitar la pintura roja que se escurría por una de las piezas más valoradas del centro.
«Su labor fue crucial, porque era muy importante que se limpiara la pintura antes de que se secara, ya que, de primeras, no sabíamos de qué era su compuesto. Podía haber sido una pintura acrílica que, si se hubiera secado, habría sido imposible de quitar con agua y algodones», advierte Sheila.
15:00 H. TENSA ESPERA.
Rosa es la primera especialista del Museo Naval en llegar y se pone a limpiar la pintura junto a Lucía. El resto del equipo llega prácticamente a la vez, pero recibieron un alto antes de acceder a la sala La era de los descubrimientos, donde se aloja el cuadro. «Tuvimos que esperar un poco porque la policía científica tenía que llevarse antes las botellas de pintura y tomar muestras del pigmento. Queríamos estar inmediatamente frente el cuadro, pero también entendimos que ellos tenían que hacer su trabajo», especifica Laura. Ella es la especialista en metales y, una vez accede a la sala, se percata de que la media culebrina inglesa de bronce de 1592 que se halla junto al lienzo también está dañada. «Lo primero que pensé fue que "¡a ver cómo solucionamos esto también!", porque al ser una pieza de artillería de metal, no se le puede aplicar agua porque genera oxidación. Pero en ese momento la prioridad era el lienzo», recuerda.
15:20 H. PONERLO EN HORIZONTAL.
El equipo de especialistas del Museo Naval ya está al completo. Junto a ellas, sus tres colegas del Prado, que acudieron a título personal y se prestan a seguir ayudando. Son nueve, pero podrían haber sido el triple de haber contestado a todos los voluntarios que se prestaron a rescatar el óleo pintado en 1892. «Se nos ofreció a venir tanta gente que no habríamos cabido», agradece Regina.
Lo primero que se intentó hacer fue poner el cuadro en horizontal, tal y como dicta el protocolo. Pero fue inviable. «No había manera porque no había personal ni espacio», señala Marta. El trabajo, por tanto, debía desarrollarse en vertical. Una vez descolgado entre una decena de personas -generalmente se usan una grúa- las especialistas se pusieron el mono de trabajo.
16:00 H. ESTABILIZAR LA OBRA.
La rapidez fue clave para «estabilizar la obra». Primero usaron papel y algodón; luego se pasaron a los hisopos, un utensilio con una punta de algodón en el extremo de un palillo que se utiliza para limpiar con precisión. Desde un principio notaron que la pintura, al caer, había «pasmado el barniz». «Eso quiere decir que partículas de agua se metieron entre sus fisuras dejando un rastro blanquecino», detalla Regina. La limpieza aumenta ese proceso, pero era necesaria para evitar daños mayores. También se dan cuenta de que en la parte del cuadro en la que Garnelo representó el cielo y las nubes la eliminación de la pintura roja arrastra la polución superficial, lo que provoca que unas zonas luzcan más claras que otras. «Antes del ataque, el lienzo estaba perfecto. Lucía reintegraciones de acuarela de una restauración anterior y, al limpiar nosotras con agua, esa parte ha desaparecido», lamenta Regina.
17:45 H. LA FALACIA DE LA PINTURA "BIODEGRADABLE".
A media tarde, las especialistas comienzan a asumir que, aunque se han evitado daños irreparables gracias a la rápida actuación, el ataque afecta considerablemente al lienzo. A esa hora, en los medios de comunicación ya se informaba de que las activistas decían haber utilizado «pintura biodegradable», algo que para ellas era «pura falacia».
«Fue una tontería de argumentación para justificar que eran "ecoresponsables", pero el pigmento que utilizaron era químico. No era cochinilla u otro pigmento natural. Mientras limpiábamos ya notábamos que el cuadro estaba muy dañado y que había que seguir mirándolo con lupa los días siguientes», indica Sheila.
18:15 H. LA SALVACIÓN MILAGROSA.
Durante la intervención del cuadro hubo muchas miradas cómplices y varios suspiros de alivio. El mayor se produjo al comprobar que la Carta de Juan de la Cosa, uno de los fondos más importantes del museo a nivel mundial, no tenía daños.
Ubicado dentro de una vitrina, a escasos centímetros del lienzo atacado, se trata del primer mapamundi con una representación de América. «Lo pusieron en grave peligro. No sabemos si ellas tenían conocimiento de él o no, porque este sí que es un bien muy, muy delicado», señala María José. Pintado a color sobre pergamino, una inscripción señala que fue elaborado en 1500 en el Puerto de Santa María por De la Cosa, un marinero, comerciante, diplomático y espía cántabro que participó en siete de los primeros viajes al continente americano.
19:30 H.DAÑOS COLATERALES.
Las sospechas de Laura se confirmaron. La media culebrina fabricada por Henry Pitt, fundidor real de la Torre de Londres durante 35 años, tenía restos de pintura. «Tendré que hacer pruebas con distintos disolventes para valorar hasta qué punto se puede intervenir», dice.
La pared detrás del cuadro también está «totalmente roja» y en el techo las salpicaduras simulan manchas de sangre. «Parecen cosas menores, pero arreglarlo puede suponer trasladar toda la sala. Si lo intentas solucionar con un par de brochazos y acaba luciendo distinto nos veremos obligadas a hacer un pintado general», indica Sheila. En la vitrina de los indios taínos, el primer pueblo indígena con el que Colón contactó tras llegar al Nuevo Mundo, también ha entrado pintura, aunque las piezas no se han dañado.
20:40 H. ¿UN CRISTAL PROTECTOR?
El cuadro Primer homenaje a Cristóbal Colón conmemora el IV Centenario del Descubrimiento. En 1981 fue depositado en el Museo Naval por el anticuario Manuel González López. Años después fue adquirido por Juan Alvargonzález González, miembro del Patronato de la entidad, que lo donó a la misma en 1996. Nunca se ha planteado colocarle un cristal de protección.
«No lo requiere. Más allá de que tiene unas dimensiones inmensas, estaba en perfecto estado. Y partimos de la base de que los visitantes son gente civilizada. Las obras a las que se les colocan son muy delicadas o tienen unas condiciones específicas», indica María José. Con todo, las restauradoras reconocen que sí temen un posible «efecto llamada». Las activistas de Futuro Vegetal justificaron su ataque porque «había que llamar la atención de los medios y servir de altavoz de los pueblos originarios», ya que el cuadro «glorifica el colonialismo y el genocidio».
«Lo hablaba el otro día con una compañera del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ningún museo está a salvo porque parece que ahora la ideología puede polarizar todo, cualquier ámbito. La Real Academia fue fundada por Carlos III, así que alguien puede pensar... "como es una cosa monárquica, vamos a destruir todos sus bienes". Y lo mismo con el Museo de Artes Decorativas, que también tiene fondos reales», reflexiona Sheila.
21:00 H. FUTURO INCIERTO.
La intervención de urgencia ha finalizado. Se aprecian marcas en el barniz, pérdidas de la acuarela de la restauración anterior y filtraciones de pigmento rojo en la trama de la tela, por lo que será necesaria la «restauración integral» del lienzo. «Por su tamaño supondrá, como mínimo, un año y medio de trabajo. Esto nos producirá un gran perjuicio a nuestro día a día», resume Sheila. Su restauración se sumará a la del cuadro de Isabel La Católica o a la preparación de las exposiciones previstas para diciembre y comienzos de 2026.
«Es probable que algunas cosas no las podamos hacer nosotras de oficio y haya que externalizarlas», sostiene Regina. Tras la intervención de urgencia les toca elaborar «una valoración profunda de los daños, otra valoración económica y luego, pedir responsabilidades para que paguen la restauración, que será integral», recalca la jefa del departamento de Conservación Preventiva. Ninguna quiere arriesgarse con una cifra, pero si se extrapola lo que ha costado restaurar un lienzo que mide la mitad que el de Colón, el monto superaría los 50.000 euros.
Mientras, la idea es volver a colgar el lienzo y rodearlo de catenarias para que el público pueda observar los daños sin acercarse mucho. «Con estos ataques no se consigue nada. No creo que sirvan para llamar a ningún tipo de reflexión. Consiguen todo lo contrario a lo que pretenden. Lo que sí causa son daños morales. Porque los bienes culturales son de todos, de la ciudadanía. Y al final, todo esto también nos afecta personalmente a nosotras», concluye Regina.





