CRÓNICA
'La última llamada'

El día que Felipe González pudo eliminar a toda la cúpula de ETA: "Dudé. La gente no me perdona por ello. Pero sigo dudando hoy"

Un documental reúne a los cuatro ex presidentes del Gobierno para que revelen el momento en el que que tuvieron que responder la llamada clave de su mandato. El terrorismo marca las decisiones de González, Aznar y Zapatero, mientras que Rajoy debe afrontar la aplicación del artículo 155

Felipe González, durante la grabación de la serie documental 'La última llamada'.
Felipe González, durante la grabación de la serie documental 'La última llamada'.Movistar Plus+
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¿Es posible ponerse en los zapatos de un gobernante o es algo intransferible que sólo puede entender el que ha estado ahí? La pregunta se la plantea la serie documental La última llamada. Lo inédito es quiénes se encargan de responderla: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Los cuatro ex presidentes hablan sin tapujos de su paso por el poder a lo largo de una producción que se estrena el 16 de octubre en Movistar Plus+. De cómo pasaron a ser ciudadanos normales a despertar al frente del país en el Palacio de la Moncloa. «Todos encarnaron la esperanza del cambio, de un futuro mejor. Y como buen drama shakesperiano, todos ellos acabaron decepcionando a quienes los eligieron y sufrieron, por el camino sacrificios personales», afirma Álvaro de Cózar, creador de la serie.

Pese a ser el gran referente del pódcast narrativo en castellano, con obras como V, las cloacas del estado o XRey, De Cozar siempre se ha declarado «agnóstico del formato». «Lo marca la historia», recalca. En este caso, quería «entrar en las entrañas del poder. En ese Ala Oeste de la Moncloa que no se ha visto tanto»Cuando confirmó que contaría con el testimonio de los cuatro ex presidentes y que estos se prestaban a contar los sacrificios del poder en grabaciones «de más de seis horas repartidas en dos días», se lanzó al documental. A su vez, surgió la idea de centrar la serie en «ese momento en el que ellos son la última persona a la que llaman, en el que no pueden mirar a nadie más y decir "¿Y ahora qué hago?". Ellos deben tomar la última decisión. En solitario, sin escapatoria ni aplazamientos».

De Cózar, cofundador de True Story -productora del documental junto a Kowalski Films, Feelgood Media y Movistar Plus+- no había cubierto periodísticamente al Gobierno o sus ministerios. Le impactó comprobar como, en persona, los cuatro líderes cambiaban la idea preconcebida que tenía de ellos. «Me han sorprendido todos. En el trato cercano son muy distintos a lo que uno imagina. Y diferentes entre ellos», revela. Todo ello se palpa en los cuatro documentales, donde recorren su gobierno y señalan la llamada en la que sintieron que debían tomar una decisión que podría cambiar el país.

Mariano Rajoy, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, junto al presidente de Telefónica, Marc Murtra (centro).
Mariano Rajoy, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, junto al presidente de Telefónica, Marc Murtra (centro).Movistar Plus+

«Si te interesa la política sólo hay un instrumento para hacerla de verdad: el poder. Por lo tanto, tienes que ganar elecciones y tienes que usarlo», arranca González, el hombre que se puso de objetivo modernizar un país oxidado, hacer «que España funcione» concentrando cambios que llevan medio siglo en una legislatura. Confiesa que gobernó durante 13 años «con la maleta medio hecha» pero no lo dejaba por su sentido de la responsabilidad.

El líder carismático de cara al público e introspectivo en la intimidad, el hijo del vaquero, también desvela sin tapujos que, para él, la política se convirtió en una tarea que «no era humana, porque nunca acaba». Ahora, cada vez que va a un hotel se pone en el lado de la cama que no tiene teléfono y apaga el móvil . «No quiero que me suene el teléfono de madrugada».

La última llamada que recibe González se produce poco después de la «amargura» de desprenderse de Alfonso Guerra como lugarteniente. «Me informaron, muy, muy directamente, de que la cúpula de ETA estaba reunida en el sur de Francia, en una casa. Estaban planificando atentados. Me dijeron "los tenemos perfectamente localizados... Y se les puede eliminar". Y dudé, claro. Dudé sobre cual era mi responsabilidad», rememora. El mandatario socialista no dio el «sí». «Me preguntaba: ¿Realmente podemos salvar 50 ó 60 vidas si cortamos la serpiente de raíz? La gente no me perdona que lo dudara. Incluso algunos compañeros. Rechacé intervenir por todas las implicaciones que tenía. Y 33 años después vuelvo a pensarlo y vuelvo a tener dudas de si lo hice bien o mal», sentencia.

"Un líder debe tener sentido de la historia", sostiene José María Aznar.
"Un líder debe tener sentido de la historia", sostiene José María Aznar.Movistar Plus+

Con José María Aznar hay poco espacio para los titubeos. Deja claro desde el inicio que un gobernante se mide por cada uno de sus actos. «Un líder debe tener ambición, vocación, determinación, coraje. Pero, sobre todo, un líder debe tener sentido de la historia», dice.

El dirigente popular huye de cualquier enfoque lastimero. «Aznar en todo momento quiere mantener la idea de que uno está ahí porque quiere. De que un presidente no debe despertar la compasión», indica De Cózar. Su llamada clave es aquella de 1997 en la que informa a la familia de Miguel Ángel Blanco de que no va a acceder «al chantaje de ETA» porque «la verdad de la verdad es que la orden del asesinato ya estaba dada». «Nunca tendré palabras para explicar el comportamiento de esa familia», señala.

Pero hasta Aznar muestra su parte humana cuando recuerda el 11-M. «Durante muchos días pensaba: "Qué extraño es que, habiéndome intentado matar para no llegar, me dejen salir en triunfo". Eso a mí me daba vueltas en la cabeza. Y tachaba días en el calendario. Pero al final llegó. Lo que deseaba que no pasase, llegó. Al final no iban dejar que me marchara de una manera tranquila», afirma.

«Aznar tenía una visión muy clara de lo que quería hacer», comenta De Cózar. «Tiene tintes de Hamlet. Es una historia de ascenso, de un tipo que hace todo lo que quería hacer, que entra un conflicto con la sociedad muy bestia y aún así dice, "no, yo sigo adelante." Y en la despedida, cuando ya lo tiene todo atado, independientemente de que te haya gustado o no lo que ha hecho, llega el 11-M».

Pese a las amanezas, José Luis Rodríguez Zapatero no cogió el teléfono al líder de ETA.
Pese a las amanezas, José Luis Rodríguez Zapatero no cogió el teléfono al líder de ETA.Movistar Plus+

El terrorismo también impregna el documental de José Luis Rodríguez Zapatero, ese «animal extraño», «subestimado», que presume del fin de ETA pero que en el proceso, la noche del 11 de diciembre de 2006, recibió una llamada desde un restaurante de Olso (Noruega) que «nunca» olvidará. Jesús Eguiguren, presidente de los socialistas vascos, toma una copa con Thierry, jefe de ETA. Están en plena negociación y el «ciclotímico» terrorista amenaza con «hacer de España un Vietnam» si el presidente del Gobierno no se pone al teléfono en ese mismo momento. «Amenaza con activar un número amplio de bombas que tiene puestas por diversos puntos de España mañana a primera hora», recuerda Zapatero. No lo hace y no pasa nada. Pero la angustia de esa noche le acompañará siempre.

«Los ciudadanos piensan, y nadie se lo puede reprochar, que estar en el puente de mando es estar en una posición de privilegio. Y en muchos sentidos lo es. Te da la visión, la perspectiva, de cómo ocurren las cosas. Pero también hay otra sensación muy fuerte, que cuesta más entender, que es la sensación de soledad, de estar en el último lugar al que se pueda recurrir. Porque más allá no hay nada», señala Bernardino León, secretario de Estado de Exteriores (2004-2008) y de Presidencia (2008-2011) durante el Gobierno de Zapatero. Aparte de las conversaciones íntimas con los presidentes, la serie hace uso de archivos personales y declaraciones exclusivas de familiares y asesores cercanos.

«Aquella época fue tan intensa, tan difícil, con una sensación tan fuerte de que vivíamos al borde del abismo, de que un día la economía española podía ser intervenida y podía caer el euro, que sólo el tiempo y la perspectiva te permite analizarlo en profundidad» recuerda León, una de las pocas personas que habló con Zapatero la noche del 9 al 10 de mayo de 2010, cuando la vicepresidenta Elena Salgado estaba negociando con el Ecofin la reducción del déficit.

Mariano Rajoy n concebía que hubiese gente que cometiese "la irresponsabilidad de no atender a la realidad".
Mariano Rajoy n concebía que hubiese gente que cometiese "la irresponsabilidad de no atender a la realidad".Movistar Plus+

De noches en vela también sabe mucho Abelardo Bethencourt, destacado asesor de Mariano Rajoy entre 2012 y 2018. «Creo que la gente no llega a ser consciente de lo que pasó en esos ocho años, pero nosotros llegamos a una crisis económica terrible: no había dinero para pagar las siguientes facturas, que se amontonaban en los cajones de las administraciones públicas; con una prima de riesgo desbocada, con una tensión desde el punto de vista social muy grande porque la gente lo estaba pasando muy mal».

Superada la crisis, se entra en un cambio de paradigma de los partidos. «Irrumpe la nueva política que era algo totalmente nuevo para la sociedad y para todos los que nos dedicamos a la política», sostiene Bethencourt. «Se tardó en entender qué es lo que estaba pasando. Y además se cambia el jefe del Estado por primera vez. Ahora puede parece que no pasa nada, pero no fue una cosa menor. O como diría el presidente Rajoy, "fue una cosa mayor"».

Curiosamente, el líder gallego, al que amigos y enemigos acusaban de jugar demasiado con los tiempos y alargar la toma de decisiones es el único que tiene una última llamada en la que ordena una acción. En ella aplica el artículo 155, con el que interviene Cataluña y asume el control de la Comunidad Autónoma tras el 1-O. Rajoy, que tenía como lema que «un gobernante debe hacer lo que debe hacer», no concebía que hubiese gente que cometiese «la irresponsabilidad de no atender a la realidad». Ya intuía que iba a tener que tomar «una medida inédita» cuando se reunía con «la burguesía catalana». «Me decían que allí todo el mundo se había vuelto loco, pero nadie hacía nada», rememora.

«No tenía ningún interés en aplicar el 155, pero me fijé a mí mismo una línea roja: si hay una declaración de independencia, lo hago», resume. El suyo es el episodio más campechano, con unos colaboradores que no esquivan las reprimendas. También coinciden en indicar que Rajoy es alguien «que dice lo mismo a un presidente de la república que a un camarero». Aunque él lo define de otra forma: «Hay gente que llega a presidente del Gobierno, o a cabo de cuartel, y se cree que es el Ayatolá Jomeini. Pero mire, como todo el mundo sabe, tengo multitud de defectos. Pero no soy vanidoso».