CRÓNICA
España, clave en el narcotráfico

El nuevo 'boom' de la coca (al por mayor está en mínimos históricos: de los 40.000 hace ocho años a los 14.500 euros de hoy)

Los carteles han incrementado sus zonas de cultivo y han invertido parte de sus fortunas en "innovación para modificar la genética de las plantas", explica a 'Crónica' un comandante de la Guardia Civil. De este modo inundan Europa de coca, a través de España, al tirar el precio al por mayor. "Hay sobreproducción". El río Guadalquivir es un punto crítico. En la calle, al menudeo, sin embargo, vale igual

Once toneladas de cocaína incautadas por la Policía Nacional en diciembre de 2023 durante dos operaciones.
Once toneladas de cocaína incautadas por la Policía Nacional en diciembre de 2023 durante dos operaciones.POLICÍA NACIONAL
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"El último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito [UNODC] ya dice que no sólo se están incrementando las plantaciones de cultivo de cocaína en algunos países de Latinoamérica, sino que los traficantes están inviertiendo en innovación para modificar la genética de las plantas, con el fin de que se produzca en mayor cantidad y con mayor eficiencia a la hora de la transformación de la hoja de coca en clorhidrato de cocaína".

Es el análisis sobre la situación actual del mercado global de la cocaína que realiza el comandante de la Guardia Civil Javier Valdenebro, un experto en la materia. Él es el artífice de la puesta en marcha del GDIN (Global Drug Intelligence Network), un equipo de trabajo conjunto para la lucha contra el narcotráfico a nivel global de las policías judiciales de nueve países (España, Portugal, Colombia, Ecuador, Costa Rica, República Dominicana, Brasil, Panamá y Dubai). La sede de trabajo de este organismo se ubica en Madrid, en el Centro de Inteligencia Criminal Antidroga (CICA).

Valdenebro señala que ese incremento en la producción de dama blanca en países como Colombia o Perú ha provocado que el precio al por mayor de un kilo de cocaína en España haya alcanzado su cota más baja en la historia. "En España los precios están mas bajos que nunca, al igual que en el resto de Europa. Depende de la zona del país, pero más o menos el kilo ronda los 14.500 euros", señala este agente antinarcóticos español. "Las cifras de incautaciones récord en 2023 [117 toneladas, el doble que en 2022], y la que se espera que se haya producido en 2024, son consecuencia de la sobreproduccion que hay en los principales países productores".

Este comandante al frente del GDIN explica que, actualmente, el negocio está viviendo un proceso de cambio considerable y que España ha ganado peso en el mercado internacional de la cocaína. Valdenebro explica que las incautaciones en puertos españoles se están reduciendo, a pesar de que la mayor aprehensión de esta droga en la historia de España, y una de las mayores de Europa, se produjera en el puerto de Algeciras, en noviembre de 2024, cuando la Policía Nacional se incautó de 13 toneladas de farlopa.

GUARDIA CIVIL

"Se está traficando mucho más a través de embarcaciones. Este último sistema, que empezó a tener más auge a partir de la segunda mitad de 2024, ha supuesto que nuestro país tenga un papel más importante que en el pasado, ya que abre nuevas posibilidades a las organizaciones criminales. Las lanchas go fast (embarcaciones semirrígidas de alta velocidad) permiten el tráfico de una gran cantidad de cocaína por un sistema que no pasa ningún filtro, al contrario que lo que sucede en los puertos y aeropuertos. Las narcotraficantes se valen de embarcaciones que van a recoger la droga a grandes distancias de la costa, cientos de millas náuticas, hasta embarcaciones conocidas como madres, entre las que están destacando los semisumergibles. Además, también están usando las lanchas rápidas para la recogida de drop off -cuando la droga está balizada y sólo se le localiza mediante GPS. En ese contexto, el río Guadalquivir se ha situado como un punto muy caliente para los narcos".

EL PRONÓSTICO DE LA DEA

Hace ocho años, lo que ahora está ocurriendo ya lo vaticinó la DEA. Fue en 2017. Además de colaborar con las fuerzas policiales españolas en varias operaciones que desmantelaron potentes organizaciones de narcos en el país, los agentes de la agencia antidrogas de EEUU hicieron un pronóstico que iba a resultar sumamente certero sobre la crisis de bajos precios que iba a llegar a Europa, principalmente a través de la península. La primera alerta se verbalizó el 5 junio de 2017, coincidiendo con un discreto foro organizado por la Fundación Gallega contra el Narcotráfico.

Esta institución convocó a altos mandos especializados de la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Servicio de Vigilancia Aduanera, a integrantes del Plan Nacional sobre Drogas y a autoridades judiciales, además de dos agentes de la DEA, por entonces agregados de la embajada de Estados Unidos en Madrid. Uno de ellos protagonizó el inicio del encuentro con la ponencia Geopolítica internacional del tráfico de drogas, como este reportero y el periodista de La Voz de Galicia Javier Romero detallan en Narco, SA (Editorial Deusto), un libro que sale a la venta el 15 de octubre de este año, aunque ya se puede reservar en los principales centros comerciales y librerías del país. Ambos autores desgranan cómo España se ha convertido en epicentro mundial del negocio de la farlopa.

En aquel foro, la DEA vaticinó, con sumo acierto, que aquel incipiente virus que se expandía por Colombia tan sólo era el primer síntoma de una enfermedad con un alto riesgo de gangrenarse en el resto del mundo. Su contenido no defraudó. El recado de la DEA aquella mañana de junio de 2017 se apuntalaba en cifras oficiales que dimensionaban el problema y su margen de crecimiento: las plantaciones de hoja de coca en Colombia estaban descontroladas. Sólo desde septiembre de 2016, coincidiendo con la firma del tratado de paz tras cincuenta y dos años de conflicto guerrillero, las hectáreas destinadas a este cultivo pasaron de 96.000 a 146.000. Ese incremento afectaba a 30 de las 33 provincias de la nación.

En 2024, el cultivo ya se había expandido a lo largo de 400.000 hectáreas. Así se explica, entre otras razones, la sobreproducción actual de cocaína en Sudamérica y la capacidad productiva para cebar las rutas históricas y abrir otras nuevas por los cinco continentes. La consecuencia más inmediata se focalizó durante 2017 en los laboratorios que transforman la hoja de este arbusto en el ansiado polvo blanco, denominado clorhidrato de cocaína.

Desde hace décadas, España se ha situado como una de las plazas más importantes del negocio del narcotráfico internacional de cocaína. Hace años que la puerta giratoria no se ubica sólo en Galicia. Los grandes puertos del país, como el de Algeciras, el de Valencia o el de Barcelona, o las playas y los ríos del sur de la Península, son ya un coladero ingente de toneladas de perico que, año tras año, se consumen en Europa o que pasan por el Viejo Continente de camino a Asia. A principios de 2025, la cocaína entraba en España por tierra, mar y aire. No es una exageración. El pasado 23 de julio, la Guardia Civil detuvo a un buzo que intentaba extraer 101 kilos de cocaína estaban ocultos en el casco de un buque que había llegado al puerto de Las Palmas de Gran Canaria procedente de Brasil.

Para saber más

En 2017, el precio del kilo de farlopa en Galicia oscilaba entre los 26.000 y los 32.000 euros. En Madrid alcanzaba los 45.000, aunque por 33.000 también se podía comprar. Ocho años después, en julio de 2025, el ladrillo de cocaína de un kilo se paga a 14.500 euros, un mínimo histórico que supone una bofetada de realidad para la sociedad, lo nunca visto.

Pero, hoy en día, el territorio más salvaje del narco en España está en Sevilla. Nunca antes vieron tanto polvo blanco corriendo al por mayor en la provincia hispalense ni en sus limítrofes, Huelva y Cádiz. Tras cruzar el Atlántico a bordo de pesqueros, narcosubmarinos o veleros, llega por las aguas que separan Europa de África, y remonta luego por los últimos 100 kilómetros navegables del río Guadalquivir a bordo de unas lanchas que parecen rayos.

Los carteles colombianos han puesto su foco allí por donde antaño sólo corría el hachís. Pero se sitúe como se sitúe el precio del kilo de cocaína en el mercado mayorista, lo curioso es que el precio de un gramo de perico en la calle no varía desde hace décadas. Los consumidores siguen comprándola por medio gramo o por gramos enteros. El precio de un gramo va de los 50 a los 60 euros, mientras que el medio suele fijarse en 30, aunque también puede bajar a 25. En muchos casos, esta variación responde a la calidad del producto. Pero sólo el camello sabe cuánto se adulteró previamente.

A finales de 2024, la Guardia Civil encontró un alijo de 7.000 kilos de coca ocultos en dos contenedores soterrados en una finca de Coria del Río, una localidad sevillana ribereña del río Guadalquivir. Se trata de una zona muy próxima a donde viven varios narcos históricos, como Ginés González, de mote El Gordo, condenado por traficar con hachís y considerado el patrón del río, o Jaime González, apodado el manco de Bellavista. Para ocultarla hasta darle salida, los traficantes habían ideado un plan: mantenerla bajo tierra, en dos grandes contenedores de mercancías incrustados en un enorme socavón abierto con maquinaria pesada. Para acceder a la mercancía, sus propietarios sólo debían retirar una trampilla y descender hasta el habitáculo a través de unas escalerillas.

EL NARCO DEL SUR, DEL HACHÍS A LA FARLOPA

El operativo se realizó la madrugada del 27 de diciembre de 2024, cuando los agentes detectaron dos embarcaciones cargadas que surcaban río arriba el Guadalquivir. Fue entonces cuando se desplegó un dispositivo más amplio de vigilancia. Los agentes vieron que varias personas descargaban una gran cantidad de fardos y los trasladaban a una finca colindante. Aquella guardería —en el argot del narco, almacén donde esconder la droga— estaba siendo vigilada por otras personas que portaban armas largas, como un AK-47. Dicha operación fue bautizada como Mirón. Tres personas fueron detenidas e ingresaron en prisión. Fue el mayor cargamento de esta droga que haya sido introducido por el Guadalquivir a través de narcolanchas.

ADUANAS

Medio año más tarde de aquella histórica incautación, la Benemérita detuvo a Ginés González y a su hermano Óscar, su mano derecha. Estaban en un chalé de lujo en Rincón de la Victoria (Málaga) con sus respectivas familias. El juez los envió a la cárcel. La investigación policial señaló que aquellos 7.000 kilos de farlopa habían llegado hasta Coria gracias a las narcolanchas de El Gordo, que remontaron el río con la droga hasta acabar escondida bajo tierra.

Pero ese decomiso de 7.000 kilos de cocaína llegados en narcolanchas por el Guadalquivir fue el tercero realizado en los dos últimos años en Andalucía. Confirmó esa tendencia en el negocio que arrancó cinco años antes -la de introducir cocaína por el sur de la península en embarcaciones que antes sólo transportaban hachís-. En noviembre de 2019, la Guardia Civil se incautó de una narcolancha con 1.280 kilos de cocaína a bordo. La embarcación de los narcos sólo llevaba farlopa. Ni un solo gramo de hachís encima.

La operación supuso un hito en la lucha contra el narcotráfico: gracias a la intervención de ese alijo se demostró por primera vez que los traficantes latinoamericanos de cocaína habían comenzado a usar la ruta del África occidental para traer su mercancía a través de las lanchas que parten de Marruecos o que salen de la península para realizar el trasvase en alta mar y luego retornan a las costas sureñas españolas. Estaban inundando Europa de farlopa -y, con ello, tirando los precios- a través de las costas españolas del sur de la península.

Tras aquella incautación de Isla Cristina, la Guardia Civil interceptó una narcolancha en Barbate (Cádiz) con 22 fardos de cocaína. Ni uno era de hachís. Fue en el verano de 2023. El pesaje rondó los 770 kilos. Los narcos pretendían introducir la carga por unos acantilados próximos a la localidad gaditana.

En abril de 2024 fue desarticulada una organización que operaba en la desembocadura del Guadalquivir. Los investigadores policiales sostienen que los narcos, cuyo negocio principal era el hachís, pero que acabaron dando el salto a la coca, perdieron un alijo de 6.000 kilos de farlopa en alta mar que iban a bordo de un submarino artesanal que se fue a pique antes de que se trasvasara la droga a las lanchas. Esa organización de narcos trabajaba en los pueblos limítrofes a la desembocadura del Guadalquivir —Sanlúcar de Barrameda, Lebrija, El Cuervo, Trebujena, municipios de las provincias de Sevilla y Cádiz, bañados por el gran río—.