La paupérrima sociedad civil del Congo está indignada con la idea de que sean ellos quienes paguen las facturas del fútbol de los europeos y son varios los líderes sociales y políticos que han apelado en una especie de misivas públicas a la moralidad de todos los involucrados en la trama para pedirles que recapaciten.
No son cartas de las que se meten en un sobre con un sello y se dirigen a la avenida de Arístides Maillol, en el distrito de Les Corts de Barcelona, para que Joan Laporta las abra con un cúter sobre la mesa de su despacho en el Camp Nou. Ya nadie se intercambia epístolas como Antón Chéjov con Maxim Gorki.
Son más bien imprecaciones con aspecto de comunicado: una especie de sonido de tam-tam hecho a la medida de la sociedad líquida de la postverdad, el capitalismo de plataformas y el neofeudalismo digital. Y lo que gritan los tambores parlantes africanos es que la sociedad del Congo se ha quedado en estado de estupefacción tras saber del convenio que ha firmado su Ministerio de Deportes con el Barça. A ese shock colectivo le ha seguido la ira.
A mediados del pasado mes, tan pronto como se supo del «escandaloso acuerdo de patrocinio», el líder opositor Moïse Katumbi, ex gobernador de Katanga y potencial candidato presidencial, se apresuró a escribir una de estas misivas de protesta en la que tachaba lo acaecido de «moralmente inaceptable». Para muchos congoleños, es un caso de manual de «sportswashing (lavado deportivo) estatal descerebrado».
«En un país donde hay más de siete millones de desplazados internos y 25 millones de personas sufren malnutrición crónica, esta operación es una afrenta», escribió Katumbi. «El gobierno apuesta por desviar recursos públicos cuantiosos hacia la proyección mediática mientras cientos de miles de familias carecen de acceso a atención médica básica, las escuelas siguen sin bancos ni materiales y las infraestructuras viales resultan intransitables».
El acuerdo en cuestión entre el Gobierno de la República Democrática del Congo y varios clubes europeos, entre ellos el FCBarcelona,AC Milan y AS Monaco, le costará a Kinshasa más de 90 millones de euros. En lo que concierne al Barça, los jugadores y jugadoras de los dos primeros equipos lucirán sobre sus camisetas de entrenamiento y calentamiento el lema «RDC - Cur d'Afrique». Se contempla también organizar partidos amistosos, la apertura de una Casa del Congo en Barcelona y la creación de academias deportivas en suelo congoleño. A cambio, el Barcelona recibirá entre 40 y 44millones de euros, repartidos entre cuatro temporadas.
Los pagos comprometidos por el ministro congoleño Didier Budimbu son un balón de oxígeno financiero para el Barça. Lo que ahora muchos se preguntan es si el dinero les compensará del riesgo de teñir la camiseta de desprestigio.
Los indignados con el convenio han sacado a colación, entre otras cosas, que parte de los millones que recibirán en Barcelona proceden del "coltán ensangrentado". La RDC es el primer productor mundial de ese mineral, que a menudo se extrae en condiciones infrahumanas en minas tuteladas por milicias como el M23. Estas financian su actividad reclutando niños y recurriendo a violencia física y sexual.
Aunque las explotaciones de la guerrilla quedan en teoría fuera del control del gobierno de Kinshasa, existen mecanismos formales e informales que permiten que la RDC se beneficie del coltán extraído en las zonas que le disputa a esa milicia.
¿A cuánto equivalen los millones que recibirá el club catalán? A lo que costaría, por ejemplo, equipar con kits quirúrgicos completos más de mil clínicas rurales en un país donde el 80% de los hospitales públicos carecen de antibióticos básicos, guantes u oxígeno y donde hay provincias, como Tshopo o Kasai Oriental, donde mueren las mujeres tras el parto por falta de paracetamol estéril o agua limpia. Equivale también a los salarios anuales de 50.000 maestros, en un país donde 1,6 millones de menores no asisten a la escuela por falta de recursos o infraestructuras.
Con lo que recibirá Laporta, podrían asimismo reconstruirse más de 200 kilómetros de carreteras asfaltadas (en algunas zonas del Kasai y el Haut-Uele, los traslados médicos de emergencia se hacen a pie o en canoas improvisadas) o levantar albergues dignos con agua y con letrinas para más de 100.000 desplazados. Casi siete millones de ellos viven en tiendas de plástico sobre lodazales.
«Y en tanto usted desbloquea muchos millones de euros para pagar a riquísimos clubes europeos, el fútbol local en Congo, con un presupuesto anual estimado de apenas 600.000 dólares, agoniza por falta de financiación», continúa Moïse Katumbi en su misiva al presidente Félix Tshisekedi. «Equipos como el Sanga Balende o Motema Pembe no pueden cubrir siquiera los gastos de desplazamiento para disputar sus propios campeonatos. Nuestra juventud, llena de talento, está mirando al primer mundo mientras aquí faltan estadios, campos de entrenamiento y programas de base».
Moïse Katumbi Chapwe es el presidente de un partido conocido como Ensemble pour la République. Hasta 2015 fue también el gobernador de la provincia de Katanga. Forjó su fortuna en el negocio de los metales preciosos y dirige un club de fútbol, del que es también su accionista principal. Bajo su gestión, Tout Puissant Mazembe ganó cinco Ligas de Campeones de la CAF y alcanzó dos finales del Mundial de Clubes. A su juicio, el presidente Tshisekedi debe rescindir los acuerdos con Laporta y priorizar «lo que es vital para la República Democrática del Congo, orillando lo mediático».
Dos días después de que la maltratada sociedad civil del Congo está indignada con la idea de que sean ellos quienes paguen las facturas del fútbol de los europeos y son varios los líderes sociales y políticos que han apelado en una especie de misivas públicas a la moralidad de todos los involucrados en la trama para pedirles que recapaciten.
No son cartas de las que se meten en un sobre con un sello y se dirigen a la avenida de Arístides Maillol, en el distrito de Les Corts de Barcelona, para que Joan Laporta las abra con un cúter sobre la mesa de su despacho en el Camp Nou. Ya nadie se intercambia epístolas como Antón Chéjov con Maxim Gorki.
Son más bien imprecaciones con aspecto de comunicado: una especie de sonido de tam-tam hecho a la medida de la sociedad líquida de la postverdad, el capitalismo de plataformas y el neofeudalismo digital. Y lo que gritan los tambores parlantes africanos es que la sociedad del Congo se ha quedado en estado de estupefacción tras saber del convenio que ha firmado su Ministerio de Deportes con el Barça. A ese shock colectivo le ha seguido la ira.
A mediados del pasado mes, tan pronto como se supo del «escandaloso acuerdo de patrocinio», el líder opositor Moïse Katumbi, ex gobernador de Katanga y potencial candidato presidencial, se apresuró a escribir una de estas misivas de protesta en la que tachaba lo acaecido de «moralmente inaceptable». Para muchos congoleños, es un caso de manual de «sportswashing (lavado deportivo) estatal descerebrado».
«En un país donde hay más de siete millones de desplazados internos y 25 millones de personas sufren malnutrición crónica, esta operación es una afrenta», escribió Katumbi. «El gobierno apuesta por desviar recursos públicos cuantiosos hacia la proyección mediática mientras cientos de miles de familias carecen de acceso a atención médica básica, las escuelas siguen sin bancos ni materiales y las infraestructuras viales resultan intransitables».
El acuerdo en cuestión entre el Gobierno de la República Democrática del Congo y varios clubes europeos, entre ellos el FC Barcelona,AC Milan y AS Monaco, le costará a Kinshasa más de 90 millones de euros. En lo que concierne al Barça, los jugadores y jugadoras de los dos primeros equipos lucirán sobre sus camisetas de entrenamiento y calentamiento el lema «RDC - Cur d'Afrique». Se contempla también organizar partidos amistosos, la apertura de una Casa del Congo en Barcelona y la creación de academias deportivas en suelo congoleño. A cambio, el Barcelona recibirá entre 40 y 44 millones de euros, repartidos entre cuatro temporadas.
Los pagos comprometidos por el ministro congoleño Didier Budimbu son un balón de oxígeno financiero para el Barça. Lo que ahora muchos se preguntan es si el dinero les compensará del riesgo de teñir la camiseta de desprestigio.
Los indignados con el convenio han sacado a colación, entre otras cosas, que parte de los millones que recibirán en Barcelona proceden del "coltán ensangrentado". La RDC es el primer productor mundial de ese mineral, que a menudo se extrae en condiciones infrahumanas en minas tuteladas por milicias como el M23. Estas financian su actividad reclutando niños y recurriendo a violencia física y sexual.
Aunque las explotaciones de la guerrilla quedan en teoría fuera del control del gobierno de Kinshasa, existen mecanismos formales e informales que permiten que la RDC se beneficie del coltán extraído en las zonas que le disputa a esa milicia.
Millones que valdrían para la salud
¿A cuánto equivalen los millones que recibirá el club catalán? A lo que costaría, por ejemplo, equipar con kits quirúrgicos completos más de mil clínicas rurales en un país donde el 80% de los hospitales públicos carecen de antibióticos básicos, guantes u oxígeno y donde hay provincias, como Tshopo o Kasai Oriental, donde mueren las mujeres tras el parto por falta de paracetamol estéril o agua limpia. Equivale también a los salarios anuales de 50.000 maestros, en un país donde 1,6 millones de menores no asisten a la escuela por falta de recursos o infraestructuras.
Con lo que recibirá Laporta, podrían asimismo reconstruirse más de 200 kilómetros de carreteras asfaltadas (en algunas zonas del Kasai y el Haut-Uele, los traslados médicos de emergencia se hacen a pie o en canoas improvisadas) o levantar albergues dignos con agua y con letrinas para más de 100.000 desplazados. Casi siete millones de ellos viven en tiendas de plástico sobre lodazales.
«Y en tanto usted desbloquea muchos millones de euros para pagar a riquísimos clubes europeos, el fútbol local en Congo, con un presupuesto anual estimado de apenas 600.000 dólares, agoniza por falta de financiación», continúa Moïse Katumbi en su misiva al presidente Félix Tshisekedi. «Equipos como el Sanga Balende o Motema Pembe no pueden cubrir siquiera los gastos de desplazamiento para disputar sus propios campeonatos. Nuestra juventud, llena de talento, está mirando al primer mundo mientras aquí faltan estadios, campos de entrenamiento y programas de base».
Moïse Katumbi Chapwe es el presidente de un partido conocido como Ensemble pour la République. Hasta 2015 fue también el gobernador de la provincia de Katanga. Forjó su fortuna en el negocio de los metales preciosos y dirige un club de fútbol, del que es también su accionista principal. Bajo su gestión, Tout Puissant Mazembe ganó cinco Ligas de Campeones de la CAF y alcanzó dos finales del Mundial de Clubes. A su juicio, el presidente Tshisekedi debe rescindir los acuerdos con Laporta y priorizar «lo que es vital para la República Democrática del Congo, orillando lo mediático».
Dos días después de que Katumbi hiciera pública su carta, el pasado 17 de julio, decenas de activistas del movimiento ciudadano Lucha por el Cambio (LUCHA) se manifestaron en Kinshasa para protestar contra lo que califican de «despilfarro descarado».
También ellos han hecho público un memorando-carta con palabras dirigidas al Ministerio de Deportes que incluye claras alusiones al Barça de Laporta. «Lo que deberían hacer es invertir en el campeonato local y en revitalizar la abandonada infraestructura deportiva del país», escribieron. «¿Por qué no emplean parte de esos euros en apoyar a los jóvenes talentos congoleños que están abandonados a su suerte?».
La manifestación de Lucha fue interrumpida abrupta y violentamente por miembros de una milicia urbana conocida como «Fuerza del Progreso», afiliada al partido presidencial Unión para la Democracia y el Progreso Social (UDPS). Varios activistas denunciaron haber sido golpeados y heridos. «Si el convenio ya era vergonzoso e inaceptable, todavía lo es más que traten de acallar la oposición a él silenciando a los críticos con la ayuda de esas partidas de matones», denunciaron los organizadores de la protesta.
La llamada Fuerza del Progreso (Force du Progrès) es una especie de brazo parapolicial que el presidente Félix Tshisekedi tiene en nómina para intimidar o disolver protestas. A pesar de las agresiones a periodistas y disidentes, el movimiento LUCHA ya ha anunciado que seguirá movilizándose para exigir la rescisión de los contratos de patrocinio. El Barça puede dar por hecho que seguirá dando que hablar en relación a la República Democrática del Congo.
Incluso los partidarios del ex presidente Joseph Kabila han escrito su propia carta para protestar contra el acuerdo rubricado con el Barcelona. La firma un periodista de Actualité llamado Clément Muamba, que es también el portavoz extraoficial del Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia (PPRD) en la región del Benelux. La histórica formación del proscrito Joseph Kabila ha sido acusada por Félix Tshisekedi de apoyar al M23. El asunto es relevante porque el acuerdo se ha suscrito en medio de una crisis que todavía lastra más la economía de la República Democrática del Congo.
El M23 fue creado en 2012 por ex militares ruandeses con el presunto fin de proteger a la población tutsi en el este congoleño, pero tanto la ONU como Kinshasa dan por cierto que recibe apoyo militar y logístico directo del gobierno de Ruanda, algo que los aludidos han negado siempre. El M23 ha tomado importantes ciudades como Bukavu. La foto principal que acompaña a este reportaje muestra precisamente a rebeldes del M23 vigilando a decenas de combatientes de milicias aliadas con el gobierno de Kinshasa en un campo de fútbol situado en Goma, igualmente en las manos de ese grupo.
Como el resto de los escritos, la carta de Muamba incluye apelaciones a los consejos de administración del FC Barcelona, AC Milan y AS Monaco y una cadena de acusaciones demoledoras.
«Los equipos que han firmado con la dictadura que impera en Congo-Kinshasa cuentan con millones de seguidores en este país», dice. «La mejor manera de conservar ese afecto es rescindir estos contratos leoninos y coloniales: una forma de esclavitud moderna donde los pobres engordan a los ricos de Europa, que se aprovechan de la incompetencia de unos dirigentes políticos incapaces de aplicar políticas de desarrollo».
«La RDC, donde los funcionarios tienen sueldos miserables y a menudo no reciben sus salarios, no duda en tirar el dinero por la ventana para enriquecer a los opulentos que se mueven en el negocio del espectáculo y la distracción. Mientras tanto, ningún estudiante recibe una beca y hay ministros que se regocijan gastando dinero solo para ver las iniciales del país en la manga de una camiseta», prosigue.
«Y lo peor es que esas inscripciones ni siquiera son legibles y el nombre del país tampoco aparece claramente. Querer imitar a Catar es extraviarse en una vanagloria vacía», ironiza. No le falta razón. ¿Cuántos ciudadanos del planeta sabrían asociar esas tres letras al antiguo Congo belga?
Se da además la paradoja de que los acuerdos suscritos por Kinshasa siguen justamente la estela marcada por sus vecinos. Desde 2018, la marca turística «Visit Rwanda» aparece en las camisetas de clubes de primer nivel como el Arsenal inglés, el Paris Saint-Germain y el Bayern de Múnich. El pequeño país de las mil colinas invirtió millones para asociar su nombre a la élite futbolística, en una estrategia cuidadosamente orquestada por el gobierno de Paul Kagame que anticipó lo que ahora hacen sus enemigos más acérrimos en su espacio geopolítico.
Kinshasa denunció entonces que el dinero ruandés estaba «manchado de sangre». El 2 de febrero de 2025, la canciller congoleña Thérèse Kayikwamba llegó incluso a enviar cartas formales al Arsenal, Bayern y PSG instándoles a romper sus vínculos con Visit Rwanda. A nadie se le escapa que es irónico que su gobierno haya decidido finalmente hacer lo mismo. Es como una especie de guerra híbrida entre ambos librada en el césped de batalla del soft power.
En vista de la polvareda que han levantado sus convenios, los gobernantes congoleños tratan de minimizar los daños insistiendo en que se trata de una inversión de imagen a corto y medio plazo que producirá retornos inmediatos gracias al turismo. «Pondremos a la RDC en el mapa», juran los administradores de Kinshasa.

