Nunca ha habido menos elefantes en África pero, significativamente, en algunos países, como Kenia, el problema hoy en día no es tanto que los maten para apoderarse de sus colmillos (la caza furtiva para apropiarse del marfil casi ha desaparecido) como que mueran a manos de los enojados campesinos cuyos cultivos invaden en busca de alimento. La doctora Lucy King es la científica británica que ayudó a demostrar que las abejas melíferas pueden ser utilizadas para alejarlos de los campos.
¿Cómo llegó a entender que podían servirse de esos insectos para minimizar los conflictos entre los humanos y los paquidermos? «Nuestro equipo de Save the Elephants ha estado estudiando elefantes en Samburu, al norte de Kenia, desde 1995», explica King. «En 2001, nuestro presidente, el profesor Fritz Vollrath, escuchó de pastores rurales que los elefantes no se alimentaban de árboles con colmenas silvestres. De hecho, esos árboles estaban protegidos, mientras que el resto era forrajeado regularmente. Yo probé que ecaso era cierto de una forma científica mientras realizaba en Oxford mi investigación de doctorado con el doctor Iain Douglas-Hamilton y el profesor Vollrath».
Para hacerlo, la británica colocó altavoces que reproducían el sonido del zumbido de abejas perturbadas y observó que los animales no sólo huían en respuesta a ese sonido, sino que se servían de un sistema de alarma infrasónica para advertir a otros elefantes que debían huir también. Curiosamente, el bioacústico Joseph Soltis observó que utilizan un código de advertencia diferenciada al que usaban, por ejemplo, para advertir de la presencia de guerreros samburu. Así son de sofisticadas e inteligentes esas criaturas.
«Fue un descubrimiento crucial que hicimos en 2008, en colaboración con Soltis», prosigue King. «Gracias a ello, pude desarrollar después una cerca protectora de colmena para rodear las tierras de cultivo. En 2009, instalamos algunas vallas de prueba en una comunidad llamada Sagalla (Tsavo), que con el tiempo se convirtió en la sede del Centro de Investigación de Elefantes y Abejas de Save the Elephant. La investigación resultó ser un gran éxito».
A día de hoy, el sistema se ha implementado en 24 países de África y Asia. Paralelamente, han desarrollado un nuevo manual con más de 80 métodos de disuasión de elefantes de eficacia probada. Este kit diseñado para acabar con los asaltos a los cultivos es conocido como la Caja de Herramientas para la Coexistencia Humano-Elefante (HEC).
La primera pregunta que a un profano le viene a la cabeza cuando la doctora King habla de estos métodos es qué clase de abeja es capaz de penetrar con su aguijón la gruesa epidermis de un paquidermo hasta el punto de causarle dolor y amedrentarlo. «A partir de nuestras propias observaciones de campo y de conversaciones con pastores locales, hemos observado que esos insectos se sienten atraídos por las zonas acuosas que hay alrededor de los ojos, por la boca, por las áreas que hay a lo largo de la trompa y por las secreciones de las glándulas temporales», asegura la científica. «Digamos que son las zonas más finas de la piel de un elefante y, por lo tanto, las más propensas a ser picadas por una abeja enojada. Además, las abejas africanas liberan una feromona al picar que activa al resto del enjambre. No es una sola picadura lo que temen».
Para llevar a cabo este trabajo, utilizan tan solo abejas melíferas autóctonas que se instalan en sus colmenas de forma natural. Existen tres subespecies en Kenia, pero la más común es la Apis mellifera scutellata. Las atraen recubriendo sus colmenas con panales, frotando cera de abejas en su interior y colgando cajas de captura en las copas de los árboles para llamar la atención de los enjambres que pasan volando.
Que sea una europea quien haya contribuido a desarrollar este y otros métodos para la convivencia entre humanos y elefantes cobra pleno sentido cuando se echa un vistazo a su biografía. King creció en Somalia, Lesoto y Kenia, y es la hija de dos profesores británicos que emigraron a África. Su padre era un experto en ganadería tropical y su madre, profesora de arte y editora de libros y artículos sobre historias africanas.
«Como todos compartíamos las mismas vacaciones escolares, viajamos mucho por el sur de África cuando era pequeña», recuerda. «Acampábamos en parques y reservas naturales y pasábamos mucho tiempo en la sabana. Sin duda, eso fomentó mi interés por los elefantes y por la defensa de espacios donde la fauna pudiera deambular libremente. A los 14 años supe con absoluta certeza que quería ir a la universidad a estudiar Zoología. Tuve la suerte de conseguir una plaza en la Universidad de Bristol. Posteriormente, realicé mi maestría y doctorado en la Universidad de Oxford, y fue entonces cuando comencé a colaborar con el profesor Fritz Vollrath y con el doctor Iain Douglas-Hamilton y Save the Elephants. Llevo casi 20 años trabajando con esa organización. Aunque ejercer como directora de Coexistencia conlleva muchos desafíos, es el trabajo de mis sueños».
Su compromiso con los elefantes es inquebrantable. «Siento ira cuando veo que han abatido a uno de ellos», confiesa a Crónica. «Soy una persona muy vehemente y emotiva. Recuerdo, por ejemplo, que perdí una de mis elefantas de estudio clave en 2011 y fue devastador. Era una magnífica matriarca con un desgarro único en la oreja derecha. Recibió un disparo en el cuello mientras estaba en la comunidad. Nuestro equipo de Save the Elephants y el excelente Servicio de Vida Silvestre de Kenia ayudaron a inyectarle dardos, tratarla y colocarle un collar de rastreo para monitorizar su recuperación. Sin embargo, la encontré dos semanas después con otra bala en el hueso facial tras recibir otro disparo fuera de la reserva. Fue horrible verla sufrir estas heridas de bala. El veterinario tuvo que venir a sacrificarla. Tras pasar casi cinco años estudiándola, fue muy conmovedor para todos nosotros. Eso sólo reforzó mi determinación de seguir protegiendo a estos animales únicos y especiales durante el resto de mi vida».
Pero, ¿cual es el origen de este nuevo conflicto entre humanos y elefantes? ¿Por qué se sienten ahora tan atraídos por los cultivos? La doctora King lo aclara: «Los pastizales se están agotando y reduciendo debido a los asentamientos humanos y el desarrollo. Como resultado, hay una fuerte competencia por los recursos restantes. Sólo quedan entre 500.000 y 550.000 elefantes en África, tanto en bosque como en sabana. Nunca ha habido menos elefantes, por lo que debemos asumir que es el aumento de la población humana y nuestro dominio sobre gran parte del paisaje natural lo que está causando este aparente incremento del conflicto».
Se da también la circunstancia, aclara la doctora, que «los cultivos humanos son muy ricos y permiten a los elefantes obtener su ingesta diaria de nutrientes mucho más rápidamente que con el forraje natural. Aunque son completamente capaces de sobrevivir y prosperar con árboles y pastos naturales, una vez que los prueban, vuelven a por más. Son tan inteligentes que nunca olvidan de dónde los obtuvieron. La mayoría de los elefantes no son saqueadores de cultivos, así que solo unos pocos necesitan ser disuadidos a largo plazo. También es absolutamente esencial, por supuesto, que los parques nacionales y las reservas de caza se mantengan en perfectas condiciones para que se sientan seguros y bien alimentados dentro de estas áreas protegidas. Si agotamos los árboles y la hierba de las reservas de caza, extraemos toda el agua de los ríos o llenamos el aire de disparos, abandonarán sus hogares naturales y entrarán en los nuestros».
En vista del éxito del procedimiento ensayado en África, Save the Elephants ha explorado la manera de exportar a Sri Lanka y otros países asiáticos las vallas melíferas. Hay, no obstante, ciertos problemas. «Las pruebas de cercas para colmenas en Sri Lanka se han realizado con abejas melíferas autóctonas Apis indica cerana», afirma la británica. «Son más pequeñas y menos agresivas, por lo que probablemente no funcionarán tan bien como las abejas melíferas africanas. Además, hemos descubierto que en muchas granjas rurales de Sri Lanka se utilizan pesticidas intensivamente (especialmente, en las plantaciones de arroz), lo que impide que las abejas prosperen o sobrevivan bien. Es mejor utilizar métodos de agricultura orgánica si se desea utilizar cercas de abejas».
Save the Elephants ha probado también ciertos métodos de disuasión de paquidermos basados en las investigaciones de los doctores Loki Osborn y Malvern Karidozo, de Zimbabue, basados en el uso de moléculas picantes de pimienta. «Nuestros colegas inventaron toda una serie de ingeniosos métodos disuasorios con chile para mantenerlos fuera de las granjas. Estos incluyen cercas de trapo con chile, briquetas de chile y estiércol de elefante que se encienden lentamente y emiten un humo nocivo, e incluso chile en polvo incrustado en condones con un petardo incorporado. Una vez encendido y lanzado, el petardo parte el condón y rocía chile a cualquier elefante que se acerque. Suena agresivo pero realmente mantiene alejados a los elefantes si se acercan a una comunidad o granja. ¡Y es muy barato de hacer! Hemos estado probando algunos de sus métodos para complementar nuestros proyectos de cercas de colmena, especialmente para agricultores donde la apicultura no es una opción o para zonas cercanas a las casas donde las abejas representan un riesgo excesivo».
«Los elefantes son animales sensibles, muy inteligentes, sociables y longevos que tienen derecho a una vida sana. Depende de los humanos encontrar formas éticamente más apropiadas de coexistir con ellos y garantizar que dejemos suficiente espacio para que tanto ellos como el resto de las criaturas salvajes vivan y prosperen como lo hacen en la naturaleza», dice King.
Hay sólo tres preguntas durante la entrevista a la doctora King que se niega deliberadamente a responder. De hecho, ni siquiera aclara los motivos de su silencio. Sucede cuando el reportero se interesa por el papel que juega el antiespecismo en el contexto intelectual de su pulsión proteccionista. ¿Considera usted que deberían extenderse los beneficios de la protección a las vacas, el pollo y los corderos o el manto de la piedad se reserva a las especies carismáticas y al margen de criterios como la sintiencia?
Su silencio es llamativo porque en clave ética contemporánea, se ha denunciado con frecuencia la manera en la que muchos conservacionistas de fauna silvestre africana se deslizan hacia la incongruencia del especismo selectivo. Proteger al tiburón pero comerse al calamar.


