«Es un personaje, un mafioso que parece sacado de una película de Al Pacino, salvo que para él, ejercer de El Padrino es su vida». En el sur de Tenerife, la figura de Mohamed Jamil Derbah (Batouliyeh, Líbano, 1964) nunca ha sido discreta. Desde que se instaló en la isla en 1989 ha sido un auténtico camaleón. Pero nunca con el afán de permanecer oculto.
Sus paseos por la costa de Los Cristianos, siempre pegado al móvil, no pasaban desapercibidos. Más complicado era descifrar de qué hablaba. Se podía estar dirigiendo, en castellano, francés, inglés y árabe, a sus compromisos como presidente del partido Fuerza Canaria; a su faceta de dueño del grupo de comunicación Sol de Canarias; o a sus responsabilidades al frente del Hotel Ponderosa. También podía estar asesorando al primer ministro de Guinea Bissau o Senegal, de cuya amistad presumía en redes. O concertando una cita como la que tuvo con el vicepresidente del Parlamento de Canarias, el socialista Gustavo Matos, el 29 de enero en unos grandes almacenes de la capital tinerfeña.
Allí, según los informes de Asuntos Internos revelados por EL MUNDO, Derbah solicitaba a Matos soluciones para frenar las actuaciones policiales que afectaban a los clubs cannábicos que posee y/o controla en el sur de la isla, y que según las investigaciones funcionaban como tapadera para el tráfico de cocaína y heroína. Tres meses antes, su partido había exigido a las administraciones «mayor implicación» para mejorar la seguridad ciudadana. Hacía «un llamado urgente para que refuercen los recursos policiales en la región». Paradójicamente, en las conversaciones entre Matos y el libanés recogidas por Asuntos Internos, el político tinerfeño le dice que el único capaz de mantener el sur de la isla bajo control es él. «Tiene tentáculos en todas las instituciones. Su afán es controlarlo todo», detalla un agente que lleva años investigando al magnate.
«No seamos hipócritas, a este señor lo conoce todo el mundo en la isla de Tenerife», afirmaba Matos en su comparecencia de ayer. Pero al mismo tiempo decía no tener «constancia de que pudiese dedicarse a una actividad ilícita o ilegal». Algo difícilmente compatible para quien fue durante cuatro años Director General de Comercio y Consumo del Gobierno de Canarias. Desde hace más dos décadas, las actividades criminales de Derbah han producido una gran alarma social y de ella se han hecho eco los medios con portadas y hasta un documental en la televisión pública.
"Organización criminal"
La última detención de Derbah, tras la que permanece entre rejas, se produjo el 1 de mayo. Se le acusa de delitos de organización criminal, tráfico de drogas, blanqueo de capitales, cohecho y revelación de secretos. No era la primera vez: el 20 de noviembre de 2001 celebró su 37 cumpleaños en un avión militar rumbo a Madrid junto a otros 15 detenidos en la isla por orden del juez Baltasar Garzón, quien le señalaba como líder de la mafia libanesa. La organización funcionaba bajo la cobertura de un negocio de multipropiedad, con el que habría lavado más de 2.000 millones de pesetas procedentes de la estafa y la extorsión. También se le acusaba de financiar a grupos terroristas islámicos, acusación que no prosperó. Era la Operación Cedro.
Derbah cogería el nombre, guiño a su Líbano natal, para arrancar un libro sobre su vida: Mohamed Jamil Derbah: Desde las orillas del Líbano a las costas de Tenerife. Publicado en 2017, en sus páginas el periodista Félix Rojas narra el drama de un «emprendedor» al que le causó un «enorme daño» que le sacaran «de su amada isla, le metieran nueve meses en la cárcel y que se le haya abierto un sumario en la Audiencia Nacional». No habla de los 100 millones de euros que habría estafado a 50.000 personas, ni del Boeing 757 que le embargaron antes de volver a ser detenido en 2003, junto a su hermano Hussein, por «comenzar a reconstruir su organización» estando en libertad provisional y de cometer graves intimidaciones a testigos de cargo. Pero sí aborda la figura de John Palmer, una tétrica leyenda en Tenerife que hizo honor a su apodo de Goldfinger en la vida y en la muerte. Huyó de Reino Unido tras ser acusado de ser el cerebro del robo a mano armada de 3.500 kilos de oro en lingotes en el aeropuerto de Heathrow, Londres, en 1983. Fue detenido y acusado de derretir el oro en una de sus joyerías. Nunca se pudo demostrar su participación, pero grabó una placa en la mesa de su despacho tinerfeño: «Recuerda la regla de oro: quien tiene el oro, hace las reglas».
Fue Palmer, tras conocer a Derbah en África, quien le introduce en Tenerife. Comenzó siendo su jefe de seguridad, pasa a ser su «encargado general» y, en 1998, le traiciona. Los años de «paz y armonía» derivan en una guerra por el poder que se extiende durante tres años y que Derbah supera, dice, por la «baraka».
Desde la prisión británica de máxima seguridad en la que Palmer ingresa en 2001, Goldfinger manda asesinar a Derbah dos veces. Primero esquiva, gracias a un chivatazo a la Policía Nacional, el intento de una pareja de mafiosos italianos en Tenerife. Entonces su cabeza pasa a valer dos millones de libras y el encargo recae en dos asesinos a sueldo búlgaros, que planean matarle durante un viaje del libanés a París. Otra filtración hace que el servicio de inteligencia de Marruecos intervenga.
Años después, mientras Derbah ya controla el sur de Tenerife, su antiguo padrino y después rival Palmer no corre tanta suerte: fue encontrado muerto en el jardín de su lujosa vivienda de Essex el 1 de julio de 2015. Los sanitarios que le atendieron alegaron muerte por causas naturales. Pero en la sala de autopsias descubrieron dos disparos hechos con una pistola de tan bajo calibre que eran imperceptibles a simple vista. Tenía 64 años y el asesinato evitó que se sentara en el banquillo de la Audiencia Nacional y testificara contra su antiguo socio Derbah.

