CRÓNICA
Terrorista en la cámara

La gran mentira que el Congreso permitió esparcir al yihadista Houli

"Éramos chicos bien integrados", dijo el yihadista. Sin embargo, datos de Inteligencia indican que se crió "en un ambiente islamista en el que se cree en la superioridad moral de los musulmanes sobre los infieles". La teoría de la conspiración contra el CNI que defendió fue difundida por Junts, especialmente por un mosso experto en yihadismo que contactaba con víctimas y familiares de terroristas

Mohamed Houli Chemlal, en el Congreso
Mohamed Houli Chemlal, en el CongresoAlberto di LolliEL MUNDO
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«Entré en la radicalización con el imán (Abdelbaky Es Satty). Éramos chicos, bien integrados, nunca habíamos dado problemas a nadie. Vino el imán y pasó eso. No sé cómo explicarlo, pero es así», dijo esta semana el terrorista Mohamed Houli Chemlal, en una comparecencia sin precedentes en el Congreso de los Diputados impuesta por Junts al Gobierno, en la que se permitía que un yihadista diese rienda suelta a sus especulaciones exculpatorias en la sede de la representación popular sin ningún tipo de contraste.

Para que Houli tuviera el privilegio de llegar hasta allí, según ha sabido Crónica, Presidencia de Gobierno se involucró enviando un comunicado a la secretaría de Estado de Prisiones con las instrucciones con todo lo que se tenía que hacer para que no hubiese inconveniente alguno en su salida de la cárcel de Córdoba.

Inevitablemente, resultó curioso contemplar cómo, en contra del Estado y en elusión de sus propias responsabilidades, coincidían los intereses y la argumentación del terrorista que participó en la preparación de los traumáticos atentados de Las Ramblas y Cambrils, en agosto de 2017, y los de Carles Puigdemont, entonces president de la Generalitat, a cuyo gobierno se atribuyó entonces haber desoído al menos una alarma.

«El CNI tenía conocimiento de las intenciones del imán y permitió que nos comiera la cabeza... No tengo pruebas, lo que quiero es que se busquen», añadió el terrorista repitiendo a pies juntillas la teoría de la conspiración extendida por Junts. Dicho esto, Puigdemont, obviando el detalle sin importancia de lo de la falta de pruebas, tuiteó: «Más claro no lo puede decir, y probablemente pocas personas como él pueden estar en condiciones de formular esta acusación». Es improbable que la presencia del terrorista hubiese estado justificada en la comisión de investigación del atentado aun cuando hubiera tenido pruebas que aportar, pruebas cuyo mejor destino hubiera sido un juzgado. Pero en ausencia de cualquier dato nuevo, su comparecencia sencillamente confirmó la espuria manipulación de las instituciones realizada entre el independentismo y un terrorista con la aquiescencia del Gobierno.

El hecho es que, según los informes recabados por Seguridad Nacional tras los atentados, hasta en la primera frase mintió Houli en el Congreso. Según estos informes, Mohamed Houli era un joven que aparentaba estar integrado y que tenía motivos para estarlo, pero no lo estaba. El único español de todos los involucrados en los atentados, nació en Melilla el 21 de noviembre de 1996, se había criado «en un ambiente islamista, sin que esto incluya radicalidad, en el que se podía detectar resentimiento hacia la sociedad». Es decir, «se había educado en un entorno en el que se distingue entre los infieles y los musulmanes y se cree en la superioridad moral de estos sobre los otros, y se fomenta el sentimiento de diferencia respecto a los infieles cuyas normas se despachan con burlas. Esa semilla de distanciamiento estaba plantada», aseguran a Crónica las fuentes consultadas.

Antes del atentado, Mohamed Houli Chemlal, a diferencia de lo que pudiera querer aparentar en el Congreso, no tenía como lengua vehicular el catalán y no lo empleaba con sus compañeros de célula terrorista, excepto para reírse de los Mossos d' Esquadra (según se vio en las grabaciones que llegaron al juicio), a pesar de que, sobre todo los cabecillas, lo manejaban a la perfección cuando les convenía. Todos ellos habían tenido ayudas sociales, uno disfrutaba de una casa de protección oficial, al menos dos tenían antecedentes policiales. Todos se incorporaron al proyecto terrorista en parejas de hermanos, los mayores instigaban a los menores, menos Houli.

Houli Chemlal se libró de saltar por los aires cuando salió a la terraza de la casa que habían alquilado en Alcanar mientras Es Satty y otro de los yihadistas movían en el interior el triperóxido de triacetona —también llamado La madre de Satán— y el frágil compuesto explotó accidentalmente. Acabó en el hospital de Tortosa mientras el resto, temiendo que hablase, improvisaba los atentados usando una de las furgonetas destinadas inicialmente a perpetrar una agresión mucho más brutal que la de Las Ramblas y comprando cuchillos y azadones para atacar a la gente que paseaba por Cambrils. Él pudo confesar en ese momento en el que los Mossos, despistados por las bombonas de butano entre las ruinas, desconocían que la casa de Alcanar era una "fábrica de bombas", pero no dijo una palabra hasta que todo ocurrió. Cuando la sangre ya corría por Barcelona aseguró que se arrepentía.

Poco después, la fábrica de argumentarios de Junts encontró la teoría perfecta para eludir cualquier tipo de responsabilidad que pudiera albergar el partido en el Govern. Desde la formación empezó a difundirse la tesis de que Es Satty era confidente del CNI, que, por lo tanto, los servicios secretos sabían lo que iba a pasar y que lo dejaron correr porque el imán y los suyos en realidad estaban siendo los instrumentos de un atentado de España contra Cataluña.

Hubo muchos independentistas difusores de esta teoría de la conspiración. Uno de los que más destacados fue David Torrents, mosso en excedencia, experto en yihadismo en la policía autonómica e implicado en la Unidad de Atención y Valoración de Afectados por el Terrorismo. Al policía, varias publicaciones le han atribuido también su participación en la Unidad de Recursos Operativos encargada de elaborar informes sensibles sobre políticos y periodistas. Torrents fue uno de los primeros en realizar el llamamiento iniciado por Tsunami Democratic para invadir el aeropuerto de El Prat y en animar, con un «a por ellos», al acoso de la Jefatura de policía de Barcelona por estar llena de «fuerzas de ocupación». El currículum del peculiar Torrents incluye la concejalía de Junts en Badalona, la asesoría del grupo de Puigdemont en el Área Metropolitana de Barcelona, y ser el hombre de confianza de Laura Borrás en favor de Puigdemont.

Su ubicación en la Unidad de Atención le permitió ponerse en contacto con las víctimas y también con algunos de los familiares de los terroristas. Y muchos de ellos han asumido como cierta la teoría de la conspiración de Junts, incluidos los familiares de Houli (su hermana, por otra parte, ha recibido una beca para estudiar en un centro universitario dirigido por un ex conseller de Junts) y, como se ha visto, el propio yihadista.

Junts basa su teoría en las veces que el CNI tuvo a Es Satty en su mirilla sin desarbolarlo. Lo cierto es que el yihadista esquivó los controles y la expulsión hasta cuatro veces de un modo casi inverosímil, incluida la ocasión en la que los belgas advirtieron a los Mossos de su presencia en Barcelona, ellos les respondieron que estaba en Ripoll, pero no hicieron ni preguntaron más. Junts también olvida convenientemente que el Gobierno de Puigdemont fue avisado por las agencias norteamericanas de inteligencia de que se temía un atentado del ISIS en las Ramblas.

Las víctimas de aquel atentado, inexplicablemente desatendidas, aseguran mientras tanto que ver al terrorista en el Congreso «duele», pero más duele no tener todas las respuestas. El hecho es que Houli no les ha dado ni una.