CRÓNICA
Socios de Gobierno

Cuando García-Page tuvo a ETA en los talones: "En el PSOE hay gente con muchos motivos para estar en desacuerdo con cómo el Gobierno ha naturalizado a Bildu"

El presidente de Castilla-La Mancha relata cómo fue advertido de que ETA le tenía en sus listas meses después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, incluido en la estrategia de "socialización del sufrimiento" ideada por el brazo político de la banda. Su imagen estaba en un vídeo con una diana. Le dejaron un anónimo en el buzón para que se marchara. Propone un pacto PSOE-PP para evitar que los extremismos lleguen al Gobierno y añade: "Vivimos una política 'show', un Gran Hermano Dúo"

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page.
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page.ANTONIO HEREDIA
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Ese día 12 de julio, Emiliano García-Page se acomodó junto a la piscina de la urbanización en la que vivía para intentar leer un poco. La verdad es que tenía la cabeza en otro sitio. En las últimas horas no le había resultado fácil concentrarse. Saludó con cortesía a un grupo de vecinos que había tenido su misma idea y constató que, como él, todos estaban algo tensos, pendientes de sus transistores. De vez en cuando miraban el reloj.

A las cuatro de la tarde, superado el límite temporal del ultimátum, a muchos de ellos se les cruzó por la cabeza la idea de que quizás la amenaza no iba a cumplirse. Quizás los terroristas iban a querer demostrar con su magnanimidad su fuerza y le iban a perdonar la vida al secuestrado. Sin duda esa iba a ser mucha mejor publicidad que matar a un joven indefenso. Veinte angustiosos minutos después, Emiliano García Page escucho por la Cadena SER que el cuerpo de un hombre herido había sido encontrado con dos tiros en la cabeza y que, probablemente, a falta de confirmación, se trataba de Miguel Ángel Blanco, el concejal del PP en Ermua, de su misma edad, secuestrado por ETA 24 horas antes.

Miguel Ángel moriría esa noche en un hospital de San Sebastián desatando la mayor manifestación de protesta habida en España durante la democracia. La aparición de su cuerpo herido fue suficiente para que todos los presentes en aquel lugar de Toledo asaeteado por el calor del verano, recogiesen sus cosas y se marchasen a sus casas, abatidos, sin mediar palabra. A García-Page aquel asesinato le impresionó más que ninguno. Le había parecido tremenda por su simbolismo la muerte de Gregorio Ordóñez, dos años antes, pero lo sobrecogedor del asesinato de Miguel Ángel era que había sido «una extorsión relatada en vivo, un cronómetro en marcha con una carga de profundidad inmensa y, además, un error estratégico de ETA que pensaba que nada iba a despertar a la sociedad vasca», recuerda el político socialista en una charla con Crónica.

Lo que García-Page desconocía en esos momentos, mientras aparentaba leer en la piscina, es que ETA también había estado recabando datos sobre él y le había incluido en un vídeo en el que su imagen aparecía cercada por una diana, señalándolo como objetivo. Esos datos aparecieron junto con otros dosieres en un piso franco de ETA en Zaragoza intervenido por la Guardia Civil. Después, un responsable de las Fuerzas de Seguridad le advertiría de que su coche había sido rondado por una persona que creían que era un etarra y tuvieron que ser los artificieros los que acreditaran que no guardaba explosivos en su interior.

El presidente de Castilla-La Mancha reveló parte de esta información esta semana por primera vez en uno de los programas de El Homiguero y lo analiza para este suplemento. «Me señalaron, más que por mi perfil personal, que entonces era bastante secundario (yo era consejero de Obras Públicas), por mi cercanía al presidente Bono, que era enormemente duro con el tema de ETA», dice. García-Page asegura que no perseguía nada al sacar esta historia a la luz, que sencillamente le vino a la mente cuando le preguntaron por EH Bildu y se avino a explicar la amargura que le produce que sea socio del Gobierno socialista.

La historia, sin embargo, va más allá de la mera anécdota. El hoy presidente autonómico estaba en aquellas listas de ETA por el mismo motivo por el que lo habían estado Ordóñez, o José María Aznar, cuyo coche había saltado por los aires en 1995 cuando todavía era líder de la oposición, o lo estarían decenas de políticos del PP y del PSOE, periodistas, jueces, empresarios, profesores de universidad... Estaba en aquellas listas porque la Mesa Nacional de Batasuna, el órgano rector del brazo político de ETA, había elaborado una ponencia, llamada Oldartzen, por la que se determinaba la necesidad de «socializar el sufrimiento». Había, pues, que diversificar los asesinatos más allá de los perpetrados contra policías, militares y guardias civiles, para poner de rodillas al Estado. En la Mesa de 1995, la que puso en marcha esta estrategia cruel, estaba Mertxe Aizpurua, la actual portavoz de EH Bildu en el Congreso, la coalición que incluye a Sortu, partido heredero de la izquierda abertzale.

El presidente de Castilla-La Mancha, en un momento de la charla con 'Crónica'.
El presidente de Castilla-La Mancha, en un momento de la charla con 'Crónica'.ANTONIO HEREDIA

El comentario en El Hormiguero no tenía premeditación alguna según García-Page pero, una vez emitido, es inevitable contraponer su posición a la mantenida por el Gobierno de Pedro Sánchez e imaginar la existencia de una alternativa ética en el PSOE frente a la real politik sanchista. «En el partido hay muchísima gente con muchos motivos para estar en desacuerdo con los pactos con EH Bildu. Todos queremos la concordia y pasar página, lo que pasa es que la puedes pasar con vergüenza o sin ella, con dignidad o con manchas. Y se trata de pasarla limpia y entre todos», dirá en un momento de la conversación. Y en otro añadirá cuando se hable de la relación del Ejecutivo con Bildu: «Yo creo que no se les puede naturalizar así».

García-Page explica que, tras el episodio del coche, algunos vecinos recogieron firmas para que el consejero se marchase de allí. «Había mucha neurosis. El miedo era colectivo. En el fondo el fenómeno terrorista no pretende hacer daño sólo a una persona o a un colectivo, pretende extender el miedo y crear a su vez un contexto de ruptura», recuerda. Y a su buzón llegó una nota de amenaza. «Si quieres a tus vecinos, si quieres a tu familia, coge a tu familia y márchate», ponía. La atribuyó a personas fanáticas, probablemente de derechas.

«Ahora tengo una aceptación general casi en cualquier órbita política, pero durante mucho tiempo, convivir en medio de entornos muy conservadores, en regiones con metabolismo conservador, hace que tengas algún tipo de incomprensión por ser del PSOE. Y lo mismo al contrario», constata. «A mí me resulta muy difícil guardar rencor, me dura muy poquito, pero aquello sí me sirvió para tener siempre una luz encendida respecto a lo que sucedió antes de ayer en este país. Yo ni siquiera puedo considerar ponerme al nivel de muchas víctimas porque lo mío no dejaba de ser una documentación, pero no puedes dejar de tener en cuenta que muchos de los que eran el colchón y sostenían el ambiente, la coraza externa e interna de ETA, hoy están con responsabilidades políticas, como si fuera posible ser demócrata y, al mismo tiempo, asesino».

García-Page asegura que el final de ETA propiamente dicho se planteó con dignidad. «La certificación de la tregua definitiva, el abandono de las armas, se hizo incluso con mucha discreción por parte del pueblo español. Nadie salió a la calle a brindar, ni siquiera se recordarán declaraciones de políticos. El presidente era Zapatero y yo alguna vez le he dicho a él o a un ministro suyo, que faltó como una celebración, como una manifestación de alegría que no se hizo, no sé si por temor o por prudencia. Yo creo que fue la constatación más evidente de que el éxito era tan de todos que nadie se podía arrogar el mérito propio».

Pero después sí se lo arrogó el PSOE, le digo.

«Con el paso del tiempo a todos les preocupa mucho cómo quedarán las cosas reflejadas en la Historia, hay más preocupación por contar el relato. En paralelo, además, al protagonismo político de quienes eran el brazo social de ETA. Después, nos pasa como con otras cosas en la Historia de España. Nuestros padres toda la vida quisieron que se olvidara la guerra y los que no la vivimos, la estamos reviviendo o hay empeño político en que se reviva. Es extraño lo que está pasando porque España celebró inmensamente el paso de la dictadura a la democracia con un proceso ejemplar y hoy casi que hacemos un paréntesis de lo que significó la Transición para fijarnos en el momento de la muerte del dictador. El que se haga pedagogía sobre lo que fue una dictadura terrible no se debe ver como problema, pero tenemos que cuidarnos de hacer celebraciones sólo una parte de España. Hay que pactarlas entre todos. El mejor homenaje para lo que pasó con la muerte del dictador es recuperar el ambiente de la Transición. Éste me parece el peor homenaje posible, instalados en un nivel de frentismo tremendo».

—Quizás porque se cuestiona la Transición desde el Gobierno.

-—Yo creo que hay un problema mayor y es que hoy hay una corriente de opinión que entiende que es líder el que más enfrenta y arremete. Yo pensaré siempre que el líder es el que es capaz de sumar, el que puede gestionar la paz. Un liderazgo que se base en el rechazo de una parte de la sociedad o en el odio entre unos y otros es probablemente una técnica de supervivencia política, pero no es liderazgo... Se pueden ganar elecciones y no ser líderes porque los votos no están en función del liderazgo. Se elige entre lo que hay.

—No acabó de contarme si el que Bildu sea socio del Gobierno le parece un final digno de la lucha contra ETA.

—No se les puede naturalizar así como así.

Le cuento al presidente castellano manchego que, visto el blanqueo que el Gobierno ha hecho con Bildu, hay víctimas que tienen la impresión de que fueron más inteligentes quienes no se colocaron en primera línea ni arriesgaron su vida para defender la democracia. Que creen que los pactos con los herederos de quienes mataron para cuestionar la Transición pueden hacer colegir que la democracia española tenía una tara inicial que justificaba la posición de los terroristas; y que los jóvenes vascos han aceptado la tesis difundida por Bildu de que, en democracia todos los partidos mataban, y por lo tanto Bildu es sencillamente una legítima opción de izquierdas que no pudo ser tan mala si ahora es socia del Gobierno del Estado.

«Me preocupa esto. No quiero hacer comparaciones porque nadie podrá igualar a Hitler pero es como si después de la Segunda Guerra Mundial dijeran, 'bueno, pero todos los bandos mataban'. Es una falsedad de mucho riesgo. Yo no lo tenía tan contrastado, pero sí se ve que están envalentonados, tienen la calle, están acorralando a otros partidos, entre ellos el PNV». Sin embargo, no lo atribuye «solamente a estos últimos años» sino a que, tras el fin de ETA, es decir con Rajoy, no se hizo nada.

Según García-Page, los herederos de ETA sólo deben ser «naturalizados» si se cumplen dos condiciones: «La primera es que hagan un acto de renegación de lo que fue ETA. Más que disculpas deberían manifestar que fue una causa de dolor y una irracionalidad absoluta porque si no, la historia demuestra que hay un punto cíclico, vuelve a cometerse el mismo error y se retroalimenta». Y lo segundo que debiera pasar es que «no estuvieran en el Congreso quienes de una u otra manera estuvieron activos en el entorno de ETA. Podrán estar otras generaciones, pero no los mismos».

«Si hubiera habido un pacto entre los dos partidos que han vertebrado la política durante la democracia, un pacto de no relajarse, de que la gestión en el periodo post ETA necesitaba de una continuidad, no hubiera cuajado la cohesión de sus herederos y hubiera sido fácil llegar a un segundo pacto: que los extremistas de un tipo o de otro no entren en la gobernación, particularmente los que han usado la violencia. Esa responsabilidad es de ambos, del PSOE y del PP. Yo no he visto vocación de limitar los extremismos en ningún caso y eso es lo triste.

—Es Sánchez quien es presidente con los votos de Bildu.

—Si el Gobierno de España se decide por cuatro votos de Bildu, y Bildu no hubiera apoyado al PSOE, por omisión hubiera salido el PP. El problema es que son decisivos.

—No es igual ofrecer pactos a Bildu para estar en el Gobierno que estarlo por omisión.

—No es exactamente lo mismo, pero todos juegan con esas reglas. Nadie los mete en el corral de los votos estériles y ese cálculo lo sabe todo el mundo.

La única solución que ve el barón socialista, a estas alturas, «complicada dado el frentismo en el que estamos instalados» (e imposible de aplicar ya respecto a Bildu), es restablecer los puentes de consenso entre ambos partidos para «garantizar la normalidad».

«Podría haber un pacto límite sin necesidad de modificar la Ley electoral. No se trata de excluir a quienes no nos caen bien. Lo peor que le puede pasar a un sistema democrático es que haya gente que no quede representada porque eso genera una tensión enorme. Otra cosa distinta es lo que llamamos gobernar. Hay cosas que en vez de sacarse por mayoría absoluta podrían sacarse por mayoría simple, hay leyes estratégicas que podrían requerir de dos vueltas... Es que puede terminar pasando que un sólo diputado sea el que gobierne y esto es un atropello democrático. Está bien que las minorías cuenten, pero es que las que mandan son las mayorías. Tendría que llegarse también a un entendimiento para cambiar la legislación presupuestaria de modo que todo el esfuerzo de la negociación se hiciera al principio de la legislatura, como en la Unión Europea y luego, año a año, se fuera modificando. Lo que pasa aquí es un estrés anual. Un gobierno puede no hacer leyes, pero necesita presupuestos».

Emiliano García-Page, en el palacio de Fuensalida.
Emiliano García-Page, en el palacio de Fuensalida.ANTONIO HEREDIA

—¿Usted de qué corriente es, de la que dice que el Gobierno ha de mantenerse para frenar a la extrema derecha o de la que dice que la extrema derecha ha crecido de los errores cometidos por el PP y el PSOE?

—Yo estoy en contra de que a la izquierda le interese que crezca la extrema derecha para mantenerse en el Gobierno...Mientras Vox le quite votos al PP, seguirá habiendo frentismos. Vox es un aliado involuntario de la izquierda. El problema es a la inversa. Si quieres ganar elecciones, ¿cómo lo haces, ganando elecciones o insultando? Uno no es más del PSOE por insultar más al PP. Probablemente somos más del PSOE quienes ganamos elecciones sin insultar. El problema es que hemos convertido a los partidos en fines en sí mismos, cuando son medios para servir a la gente. Hay políticos en España que se ganarían perfectamente la vida como equilibristas, no piensan en ganar la voluntad de la mayoría sino en que el otro se arruine. Si fuéramos serios, estaríamos concentrados en que se centrara el voto moderadamente en PP y PSOE, pero aquí hay gente cuya estrategia es que los extremistas no desaparezcan».

Le hago notar que al presidente Sánchez le va bien. Tiene controlado el partido, va revalidando su cargo...¿Cree que el candidato socialista que aportara una estrategia ética y previsible conseguiría los votos suficientes como para ganar a la derecha? «Yo tengo dos cosas claras», dice. «Hay gente con responsabilidad de Gobierno que piensa que España es lo que pasa en Madrid. Es cierto que hay que saber manejarse en lo despiadado de la corte madrileña, que es una máquina de picar carne, pero España es una cosa muy diferente. Para gobernar sería muy aconsejable prescindir de esas reglas. Yo no encuentro a nadie contento. Ni en el Gobierno. ¿O es que se puede estar contento con el cristo montado en la política española y con el drama de acostarse sin saber qué deparan los titulares del día siguiente? Es una forma tremendamente infeliz de gestionar la política».

La segunda cosa clara es que «el único espacio en el que la mayoría de los españoles se reconoce es en la socialdemocracia que representaba el PSOE en el 82. Ahora estamos viviendo una política show, una política espectáculo, con un nivel ínfimo. Es un Gran Hermano Dúo. Ahí todos se pegan. Al tiempo. Entran tan amigos, como entramos en la Transición y en semanas, unos se ponen los cuernos, otros se critican...»

García-Page ya ha dicho que, a diferencia de su hermano, no se ha planteado irse de un partido con cuya dirección discrepa porque el PSOE no es de nadie. Pero también se niega a ponerse en la posición de encabezar esa imaginaria candidatura alternativa socialdemócrata. Se niega incluso a participar en el ripioso juego periodístico de elegir cinco medidas para el hipotético caso de que alguna vez pudiera ser presidente del gobierno. Alega que la legitimidad de su planteamiento es que habla de ideas, no de liderazgo. Y sigue revolviéndose. «La coherencia», dice, «es tener tu proyecto y defenderlo». «¿Es socialista quitarles el dinero a los ricos y, por imposición de Junts, quitárselo a las comunidades autónomas por PIB? El impuesto a la banca a quien más va a beneficiar es a Madrid y a Cataluña. Si el esquema ideológico era coger el dinero de quienes tienen mucho, para necesidades sociales, ahora se va a repartir al revés. Y eso no sólo no es de izquierdas, sino que es reaccionario, como es Puigdemont, de extrema derecha».

García-Page saca a colación con ironía el «relato político» del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Responde que en la continuidad del Gobierno no van a influir las investigaciones al entorno del presidente sino «las sentencias». «Hace ya tiempo que el simple hecho de las imputaciones, ya se ha asumido. Es tremendo. Màxim Huerta, que duró tres días, hoy sería beatificado», dice. Se molesta por el «fuego amigo» que le ha atacado por hacer comentarios con los populares en la cola para saludar al Rey, «como si hubiera montado una cumbre con el PP». «Eso sí que es un bulo. Y no quisiera pensar que es oficial ¿eh? Ellos sabrán».

Y se lamenta porque el último acuerdo del Gobierno con Puigdemont, el del troceamiento del macrodecreto, le haya costado a Castilla-La Mancha más de 500 millones. «Es que se mercadea con todo. Yo preferiría una situación en la que el Gobierno —en abstracto— se mantenga ocupando los cargos y los despachos, pero sin hacer nada. Es mejor tener una posición vegetativa que intentar sacar cada cosa a un precio imposible». Cuando, además, según su opinión, es del todo innecesario porque Puigdemont está atado por su deseo de conseguir la amnistía y esta medida ahora está «en manos del Gobierno —perdón, del Constitucional, no se me malinterprete—, de modo que, cuanto más tarde la amnistía, más durará el Gobierno».

Al final, concluirá: «Que pasen estos años; que, como decían por ahí, sea breve». No especifica más. Y todo comenzó con una anécdota sobre ETA.