CRÓNICA
"Todo son gastos ocultos"

Las españolas que esquivan las tres balas de los seguros americanos: un dedo deforme por no pagar puntos, extracciones de útero por 90.000 dólares, ibuprofeno a 600 la pastilla...

Olga pagó 1.675 dólares por un radiólogo. A Elena, en vez de puntos, le pusieron pegamento. Inma pudo tener una hija, Esperanza, aunque antes casi le quitan el útero y los ovarios. Las tres han lidiado con el "deponer, denegar, defender" de las aseguradoras

Olga, con la factura de  1.675 dólares (1.596 euros) destinada a pagar al radiólogo que le hizo una resonancia en EEUU.
Olga, con la factura de 1.675 dólares (1.596 euros) destinada a pagar al radiólogo que le hizo una resonancia en EEUU.PABLO G. LILLO
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En septiembre de 2023, el perro de Elena le comió un trozo de dedo en Estados Unidos. «Suena un poco mal, pero no fue un ataque: fue a coger un hueso de pollo, se lo fui a quitar y él siguió masticando», recuerda la zaragozana. Fue rápidamente al servicio Urgent Care de su seguro, que es más barato que la otra opción, la Emergency Room, que cubre la asistencia fuera de hora. «Era un domingo, pero tuve la suerte de que la clínica estaba abierta. Se supone que es un precio intermedio, más barato que las urgencias pero más caro que acudir entre semana». Fue con su hermana y la atendió una enfermera, no un médico. «No tenía ningún problema con eso, porque si te atienden bien, la enfermera puede hacer un trabajo fabuloso igual», afirma. La sanitaria le terminó de arrancar el trozo de uña que quedaba. «Hay que darte puntos», le indicó. Elena accedió sin dudarlo. Pero su hermana la frenó. «¿Cuánto cobran por esto?», preguntó. Y se hizo el silencio.

«Nunca te saben decir, esa es una de las cosas más difíciles del sistema. No hay una tabla de precios. La persona que te está atendiendo tampoco lo sabe. Es lo que más incertidumbre te provoca. Te atienden y luego cuando te llega la factura ya ves cuánto es y cómo lo pagas», recuerda la española.

Cuando regresó, la enfermera anunció -de palabra, no por escrito- el precio: 400 dólares (381 euros) por cada punto de sutura. Y necesitaría, como mínimo, dos. Las hermanas se miraron y preguntaron si había otra alternativa. Le dijeron que sí: pegamento quirúrgico, tiras de aproximación y una venda. «No te lo mojes y quítatelo dentro de 10 días». Pasado ese tiempo, el dedo era una mezcla de plástico, suciedad y dolor. Y Elena temió perderlo.

Es uno de los millones de contratiempos que sufren los ciudadanos de EEUU con las aseguradoras de salud. Los mismos que Luigi Mangione quiso condensar en las tres balas con las que asesinó a Brian Thompson, el consejero delegado de UnitedHealthcare, una de las aseguradoras más grandes del mundo. «Deponer, denegar y defender», escribió en inglés. Es la expresión que se usa en el contexto de los seguros para describir la estrategia adoptada por las aseguradoras estadounidenses para manejar las reclamaciones de los usuarios y desincentivar las denuncias.

El lema surge de Delay, Deny, Defend: Why Insurance Companies Don't Pay Claims and What You Can Do About It (Deponer, denegar y defender: por qué las compañías de seguros no pagan las reclamaciones y qué puedes hacer al respecto), el libro escrito por el jurista Jay Feinman, en el que plasma cómo las compañías de seguros intentan retrasar el pago de reclamaciones justificadas, niegan el pago completo de los servicios y, en última instancia, defienden sus posición hasta el final cuando los casos llegan a juicio. Publicado en 2010, la obra ha escalado a los primeros puestos de libros de no ficción tras el asesinato de Thompson.

Beneficios estratosféricos

«Mi experiencia con los seguros en EEUU no ha sido buena», explica Olga, una valenciana que reside en Denver, Colorado. Ella ha tenido que lidiar con varias compañías, entre ellas UnitedHealthcare, la que tiene en la actualidad. La aseguradora, fundada en 1977 por Richard T. Burke, asegura a 49 millones de personas en EEUU. Buena parte de los 16.926 millones de dólares de beneficios (16.133 millones de euros) que facturó en 2023 provienen de la alta tasa de rechazo de cobertura que sufren sus afiliados: un 32%, el doble que la media del sector. Su facturación en 2024 alcanzó los 404.750 millones de dólares (385.794 millones de euros), consolidándose como una de las empresas más grandes del mundo por ingresos y la mayor compañía de seguros de salud en Estados Unidos.

«Cuando llamas a emergencias con tu dolencia te dicen que puedes ir al hospital, que está cubierto. Pero si luego llegas y el médico que te atiende no está en tu network, comienzan los problemas», resume Olga. El network es el conjunto de hospitales, médicos, especialistas, clínicas y otros proveedores de salud con los que una aseguradora de salud tiene acuerdos para ofrecer servicios médicos a sus asegurados a un costo más bajo. Si llegas al centro de salud y la enfermera del network acaba su horario, te toca pagar las horas extras de la sustituta. Un dolor de estómago puede convertirse en una odisea. «Si sufres un cambio de turno debes pagar dos enfermeros, dos celadores, dos médicos, los análisis, la medicación. Y cada uno tiene sus honorarios diferentes. A los enfermos se les coloca una pulsera con un código de barras donde van sumándose todos los gastos. Por un ibuprofeno me han cobrado 600 dólares, una barbaridad», destaca. «Te van cobrando las cosas como si fuera el carro de la compra. Y te van sumando. Te preguntan si te duele algo pero no te dicen el precio. Se aprovechan del que está en la camilla con dolores, donde no piensas igual. Y si tú estás al lado y preguntas, te miran mal», se queja Pablo, su pareja.

El dedo de Inma, con pegamento quirúrgico y tiras de aproximación
El dedo de Inma, con pegamento quirúrgico y tiras de aproximaciónCrónica

El mundo de los especialistas no es más sencillo: aunque se pida con tiempo, para un día entre semana, en una clínica perteneciente al network del seguro, una visita supone 600 dólares. Y si hay que hacerse una resonancia magnética, son otros 600 dólares... siempre que el radiólogo que te toque sea del network. «El pago del radiólogo que hizo la resonancia me acaba de llegar: son 1.675 dólares (1.596 euros). Nunca sabes cuánto te van a cobrar, tengas seguro o no». «Y si es algo preexistente, no te van a cubrir nada. Pero nada. Si yo he tenido migrañas desde los tres años y me he sacado el seguro a los 23, todo lo relacionado con esa dolencia no me lo van a cubrir», protesta la valenciana.

Los hospitales justifican sus altas tarifas por el riesgo de no cobrar. Los clientes sostienen, sin reparo, que «inflan las facturas». «Es mucha la angustia que se siente», confiesa Inma. Ella vivía en Santa Fe, Nuevo México, cuando se puso enferma del útero. Tenía muchos miomas -tumores benignos del músculo liso del útero que a menudo causan sangrado, problemas intestinales e infertilidad-. Fue a la ginecóloga y el resultado fue desolador: le iba a quitar el útero y los ovarios y la propuesta de factura oscilaba entre los 70.000 y los 90.000 dólares (66.686 y 85.739 euros).

Una hija llamada esperanza

«Era una barbaridad. Aquí vas a los hospitales y tienen muchas máquinas, todo es muy nuevo y te dan la sensación de que la sanidad es mejor. Pero es todo fachada, todo negocio. No podía pagar ese dinero y estaba sola. Así que decidí dejar el trabajo en suspenso y volver a España». En su Madrid natal esperó a que la sanidad española la operara. «Pasé por muchos doctores y las cirujanas, dos muchachas jóvenes, me dijeron "no te vamos a quitar el útero, vamos a intentar salvarlo". Un año después, nació mi hija, Esperanza», recuerda emocionada.

«La sanidad pública española no es un negocio, sus profesionales ven la medicina de una forma diferente». Tras el nacimiento de su hija estuvo recibiendo notificaciones de deuda, luego le devolvieron cheques por haber pagado de más. Y a los dos años le solicitaron de nuevo más dinero. Reclamó, acabó pidiendo una auditoría y la última factura, de 2.000 dólares (1.905 euros), acabó en 300 (285 euros). «Todo son gastos ocultos. Puedes ir dos veces al mismo ortopeda. Y un día te cobra y otro no», lamenta.

Inma paga al mes 600 dólares de seguro. Pero cada vez que tiene un problema médico debe pagar un mínimo del 20% de los gastos. «Es muy difícil y muy confuso saber cuánto vas a pagar, los costes de cualquier cosa». A su hija, con tres años, la anestesiaron para quitarle las caries. 1.100 dólares (1.047 euros) la anestesia, 2.000 (1.905 euros) por las caries. Poco después, tuvo una otitis. Tras seis horas de espera en Urgencias, le cobraron 800 dólares (762 euros) por decirle que tenía una infección de oído pero se le estaba quitando y no necesitaba tratamiento.

«Mi solución ha sido ponerme un pago automático. Así sé que aparte del seguro tengo ese dinero. El problema es que cuando te pones enfermo, o lo hace tu hija, tardas mucho en ir al médico, porque no sabes cuánto te va costar, o si es necesario o no. Por eso la esperanza de vida es más corta en EEUU», señala Inma. Allí, sus habitantes viven una media de 79,25 años. Son los peores indicadores de esperanza de vida entre países de habla inglesa como Australia, Canadá, Irlanda, Reino Unido o Nueva Zelanda. En el otro extremo está España, el país de la Unión Europea con mayor esperanza de vida: 84 años de edad.

En plena desesperación, a veces surgen soluciones inesperadas. Por regla general, las enfermerías públicas de los lugares de trabajo, como la de los centros educativos, no atienden a los profesionales, en este caso, los maestros. El motivo es el miedo a las denuncias. «En este país todo es susceptible de ser denunciado. Y si te hacen una cura que no es la correcta te pueden demandar», explica Elena, que ejerce de maestra en un centro de alumnos de bajos recursos.

Pero a ella le ayudó una enfermera surcoreana que era nueva en el colegio. No debía, pero cuando vio el estropicio que tenía Elena en el dedo, no pudo negarse. Aunque tenía indicaciones de no mojarse el dedo herido, le ordenó que lo metiera en agua caliente. «No se va a poder quitar eso de otra manera», espetó mientras señalaba el amasijo de un pegamento que había fundido las tiritas y se había mezclado con la carne y la sangre. Entre lloros, Elena arrancó lo que pudo.

«Mucha gente con medios limitados recibe asistencia médica gratuita, incluida oftalmología y odontología. Y al que tiene dinero en EEUU le da igual lo que le cobren, pero para la clase media es carísimo. Somos los que más jodido lo tenemos», critica mientras se mira el dedo lesionado. «Ya no me duele. Está cerrada la herida. Pero no me quedó igual. Se ve que está más pequeño que el otro. Me falta un trocito».