¿Partidario? ¿Amigo? ¿Autoridad? La relación entre Gabriel Fernández Rey, el presidente más veterano de la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla, y Morante de la Puebla, el elegido de la torería sevillana, es extraña. Fernández Rey es partidario del torero, se considera su amigo y como presidente es la autoridad en muchas de las tardes en las que Morante ha hecho el paseíllo en Sevilla. Morante acude invitado por él a algunas conferencias, charlan distendidamente de vez en cuando y aprovecha para dejarle caer algunas guasas. "Un día me dijo que era un cobarde por no echar un toro para atrás", cuenta Fernández Rey a Crónica. Quiere quitarle importancia al comentario.
El lunes añadieron otro hito a esta sintonía de amores y odios, a esta amistad serpenteante. Morante, al finalizar la lidia del primer toro de la tarde, una vez había recogido la ovación en el tercio, saludó, como manda el protocolo, al presidente. A su vez, Gabriel Fernández Rey se incorporó, como manda el protocolo, a corresponder el saludo. El reglamento establece las normas a seguir a lo largo de la lidia. El presidente vela por su cumplimiento. Los matadores de toros reconocen su posición. Sin embargo, Morante de la Puebla le dejó un recado. "No tienes vergüenza", le soltó. Captado por las cámaras de Mundotoro TV, la secuencia no deja lugar a dudas. "No tienes vergüenza".
Morante aprovechó para desahogarse. Había estado fenomenal, pero su faena no había tenido eco en los tendidos. En vez de encararse con el público, lo hizo con su amigo o más o menos amigo. "En Sevilla, de todas formas no se enteran de Morante", escribió Zabala de la Serna. Morante lo pagó con el presidente. "No había mayoría suficiente", recuerda Gabriel Fernández Rey. "En algunas crónicas he leído que no tengo sensibilidad. Lo que no había eran pañuelos. Además, la espada fue determinante", confiesa. "Quedó baja y trasera. Si hubiera caído arriba [bien colocada], habría concedido el premio sin lugar a dudas, con los mismos pañuelos. Me gusta mucho Morante, pero Morante no tiene razón".
Fernández Rey presidía la tarde en que Morante consiguió su primera y única Puerta del Príncipe. Era el año 99. Ese día escuchó algún improperio, pero del público. "Un farmacéutico me dijo que fuera a presidir al Charco de la Pava, donde se montaba entonces una portátil. Escucho pero hago como que no escucho". Las tres orejas cortadas por Morante de la Puebla a una corrida de Guadalest, según el juicio de Fernández Rey, eran muy merecidas. "Me resultó distinto. Un ciclón. De los mejores toreros que había visto. El aficionado está con Morante porque hace un toreo de muchos kilates. La única Puerta del Príncipe se la di yo. En ese momento fue cuando despegó", saca el historial de esta relación que discurre como el Guadiana. Sellaron las idas y las venidas un año después, en el 2000. Morante iba lanzado a conseguir su segundo gran triunfo en Sevilla. Había cortado dos orejas al primero de la tarde. "E iba a por las otras dos del segundo. Pero le cogió el toro. Fui a verlo al hospital. Le dije: 'Morante, las puertas del Príncipe se abren con tres orejas, no con cuatro'. No había necesidad de salir como salió. Es el mejor torero".
Inspector en Ceuta
Fernández Rey forma parte del poder burocrático insertado en las plazas de toros desde que fue Delegado Gubernativo en Alcalá de Guadaira. Entonces era inspector de Policía. Es la vieja guardia de los presidentes. Hasta que se abrió la posibilidad de que aficionados de reconocido prestigio accedieran a los palcos mediante un curso, sólo podían hacerlo funcionarios de Interior. El primer destino de Gabriel Fernández Rey como agente fue Ceuta. De allí, pasó a Ronda, donde conoció a su mujer y dirigió, al cabo de unos años, la bienal de tauromaquia. En Ronda también fue el delegado gubernativo de su plaza de toros. Desde el 95 preside corridas de toros en la Maestranza de Sevilla. Todos los años, desde entonces, ha sido renovado. "Tampoco se dice que fui el presidente en las últimas grandes faenas de Morante en Sevilla", se defiende. Una de ellas en la pasada Feria de San Miguel. El torero de La Puebla cuajó una actuación inolvidable. "El público protestó al toro, pero yo, como conozco a Morante, le vi la cara. Sabía que le gustaba. Así que decidí no devolverlo".
Morante la ha devuelto los favores al aceptar su invitación a participar en conferencias y mesas redondas sobre los toros. Fernández Rey, que tiene 69 años, se jubiló hace dos como Jefe de la Unidad de la Policía Autonómica de Andalucía. Y es experto en Dirección de Espectáculos Taurinos por la UNED. Morante y él suelen coincidir cada dos años en Ronda. Como en la edición de 2017. Durante la conferencia de clausura, el torero intervino y aprovechó -otra vez- para lanzar otro dardo a su amigo. "La tauromaquia es un arte que necesita un toro que no sea desproporcionado. Hoy el toro está muy desproporcionado", señaló a Gabriel.
Pero Gabriel Fernández Rey le perdona todo. "No lo voy a proponer para sanción. Sus palabras de ayer [por el lunes] fueron fruto de un calentón". Los triunfos de El Juli -concedido por el presidente morantista- y de Roca Rey y el ninguneo a Morante de la Puebla han abierto un debate en la afición. ¿Está en decadencia el templo del toreo? ¿Ya no es lo que era? "Los públicos cambian. Ahora quieren menos sangre. Unas tardes vienen eufóricos. Otras, fríos. Creo que es una buena feria".
Ni Morante de la Puebla ni su entorno han querido aportar su versión de lo ocurrido.
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