Fadel Breica dice que atiende la llamada de Crónica desde un pueblo de Asturias, pero el teléfono con el que habla con este periodista tiene prefijo de Marruecos (+212). Cuando se le pregunta por qué tiene un número marroquí, titubea. «Emmm... Sí... Pero te puedo llamar desde otro que tengo español. No tiene nada que ver con eso que se dice de mí en los últimos días».
Este saharaui de 53 años con pasaporte español y seis hijos se querelló en marzo de 2020 contra Brahim Gali, líder del Frente Polisario, por haber ordenado contra él presuntas torturas en una supuesta cárcel clandestina en los campamentos argelinos de Tinduf. Por aquella denuncia hay una causa abierta en el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional.
Pero el pasado miércoles, el abogado de Gali, Manuel Ollé, remitió un escrito al juez instructor, Santiago Pedraz, pidiéndole que incluya en la causa los dos informes en los que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) le alertaba al Gobierno de Pedro Sánchez de que Breica, en realidad, cobra del servicio de espionaje exterior marroquí y que su denuncia contra Gali obedece a una campaña «judicial y mediática» orquestada por Rabat contra el Polisario con el fin de enturbiar las relaciones de España con Argelia y el pueblo saharaui.
En el escrito de Ollé, al que ha tenido acceso este suplemento, se señala que esos dos informes de los espías españoles acreditarían «los motivos espurios y la finalidad fraudulenta que impregnan» la querella de Breica contra Gali,presidente de la República Árabe Saharaui Democrática.
También, según recoge el escrito presentado al juez Pedraz, demostrarían que los «únicos ingresos» que tiene Breica se los paga la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED) de Marruecos, el servicio de inteligencia exterior dependiente de las Fuerzas Armadas del país norteafricano. «Breica fue miembro de la Iniciativa Saharaui para el Cambio (ISC) y ahora lo es del Movimiento Saharauis por la Paz (MSP), organizaciones pantalla de la DGED», alertó el CNI.
El dato de dichos pagos a Breica por parte de los espías marroquíes se recoge en el segundo de los dos documentos que el CNI elevó a distintos miembros del Gobierno, entre ellos al presidente, el 24 de junio de 2021, dos meses y seis días después de que Gali llegase a España, gravemente enfermo, en un vuelo clandestino desde Argelia para curarse de la Covid-19.
El ingreso de Gali en un hospital de Logroño, el 18 de abril de 2021, provocó una crisis diplomática con Marruecos que derivó, el 17 de mayo de ese mismo año, en la entrada masiva a Ceuta de alrededor de 12.000 inmigrantes a través de su frontera terrestre. Al día siguiente de aquella oleada de extranjeros procedentes del país vecino, el CNI envió un primer informe al Ejecutivo en el que señalaba que Marruecos habría empujado a decenas de miles de sus ciudadanos a ingresar a la ciudad autónoma española como parte de su «estrategia» para que España modificase «su posición de neutralidad en el conflicto del Sáhara Occidental».
Finalmente, casi un año más tarde, el pasado 18 de marzo, el Gobierno confirmó que daba un giro histórico a la postura mantenida durante cuatro décadas por España al apoyar la propuesta de Marruecos de dotar al Sáhara Occidental, antigua provincia española, de autonomía pero bajo soberanía marroquí. Hasta esa fecha, los sucesivos Ejecutivos españoles siempre habían apostado por la celebración de un referéndum de autodeterminación pilotado por la ONU.
"CONOZCO A LA CIA, PERO NO AL DGED"
Dos días después de que el abogado de Gali presentara dicho escrito ante el juez, este reportero se puso en contacto con Breica. Fue el pasado viernes. Breica no puso reparo en mantener una corta entrevista de unos minutos con él. En todo momento se desvincula de los servicios de inteligencia de Marruecos y subraya constantemente su condición de «saharaui con nacionalidad española».
«No hay pruebas de que yo cobre o de que haya cobrado de Marruecos. Eso que dice el CNI no es cierto. Yo no tengo ninguna relación con la inteligencia marroquí. Yo conozco al Mossad (servicio de espionaje israelí) o la CIA (EEUU), pero no la DGED. No había escuchado ese nombre hasta que se me vinculó con él», señala Breica, quien asegura que su abogada también ha solicitado que se desclasifiquen los dos informes en los que el CNI habla de él y de cómo Marruecos lo estaría utilizando en su favor.
Fadel Breica, antiguo soldado del Frente Polisario, se querelló contra Gali después de viajar, en 2019, a los campamentos de Tinfud, en Argelia. Allí viven en condiciones muy precarias los saharauis que se encuentran fuera de los territorios ocupados del Sáhara Occidental. En dichos campamentos todavía residen la madre y los doce hermanos de Breica que, como él, tienen pasaporte español.
"FORZÓ SU DETENCIÓN" CON AQUEL VIAJE
En su querella, Breica aseguró que se le detuvo arbitrariamente y que, estando preso en una cárcel clandestina, Gali ordenó someterlo a torturas. Sin embargo, el CNI entendió que «probablemente» viajó hasta los campos de refugiados saharauis «siguiendo instrucciones de Marruecos para provocar a la cúpula polisaria y forzar su detención».
Cuestionado sobre Gali y el cambio de postura del Gobierno con respecto al Sáhara Occidental, Breica no esconde su posición. Le resta legitimidad al líder del Frente Polisario y apoya al Ejecutivo de Sánchez en su giro diplomático con Marruecos. «Para mí, Gali no es un presidente. Es un ciudadano español. Y yo, como también lo soy, apoyo a mi presidente y a mi Gobierno».
Pese a que Breica trata de desvincularse de Marruecos, a finales de junio de 2021, justo 24 horas antes de declarar ante el juez Pedraz y contarle las presuntas torturas a las que fue sometido, se hizo una foto en el aeropuerto madrileño de Barajas con Yahya Yahya, un ex senador marroquí y ex alcalde de Nador, ciudad vecina a Melilla al otro lado de la frontera. Yahya es un marroquí que considera Ceuta y Melilla «territorios ocupados» por España. «No descansaremos hasta ver arrodillarse a tu país», le dijo a este periodista en 2013. Sobre dicha imagen, Breica asegura: «No conocía de nada a ese señor. Me pidió una foto y accedí. Nada más».
¿Otra casualidad? No parece en el saharaui al que el CNI señala por trabajar como espía de Marruecos.
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