V., casi octogenario, divorciado hace una década, fue profesor universitario en Madrid durante la mayor parte de su vida profesional. De joven quiso darles la mejor educación posible a sus dos hijos. Al mayor lo mandó cinco años a Inglaterra para que se especializara en Económicas. Cuenta que le entregó una tarjeta Visa para correr con sus gastos allí.
«No quería que le faltara de nada. Sólo que se centrara en estudiar. Pero desde hace siete u ocho años no sé nada de él. No me habla, me tiene bloqueado en el teléfono. La última vez que nos vimos, cuando se vendió una propiedad que teníamos mi exmujer y yo, me insultó. Lo he pasado muy mal. Por eso hace un año fui al notario y lo desheredé. No merece nada mío».
El hombre tiene un patrimonio que calcula en medio millón de euros. Cuando muera, se lo legará íntegro a su otro hijo, con el que dice tener una relación extraordinaria. El caso de este anciano ha dejado de ser una excepción en España, donde hasta hace unos años era sumamente complejo desheredar a un hijo, salvo si le retiraba los alimentos al progenitor, atentaba contra su vida o situaciones similares graves.
Eugenia, jiennense, con un cuarto de millón de euros en el banco y numerosas propiedades, ha decidido desheredar a tres de sus cinco hijos. «Le dejaré todo a los otros dos, los únicos que se apiadan de mí, que ya estoy muy mayor, y también me permiten ver a mis nietos».
Antonio, madrileño, ha excluido de su testamento a sus tres hijas. «No sé nada de ellas», asegura. «Cuando mi mujer murió, sí se interesaron por su testamento, pero en vida ni la miraron. La pequeña me llamó un día y yo tenía el móvil apagado. Cuando le devolví la llamada me dijo que se había equivocado, que quería llamar a una prima».
Estas decisiones paternas con respecto al legado patrimonial de sus descendientes son posibles en España desde hace ocho años, aunque entrañan su complejidad jurídica. Una sentencia del Tribunal Supremo de junio de 2014 creó jurisprudencia en la materia. A raíz de una demanda de los dos hijos de un señor de Ronda (Málaga) que se quedaron sin herencia, el Supremo dio la razón a la única beneficiaria, su tía, una hermana del difunto. El TS estableció que el maltrato psicológico al que se sometió a ese hombre por parte de sus vástagos era motivo para desheredarlos.
Sólo en 2014, según el Observatorio Jurídico de Legálitas, el número de progenitores que en ese año barajaron la posibilidad de retirar la legítima a sus descendientes creció un 18% con respecto al año anterior (1.333 consultas frente a las 1.130 de 2013). A día de hoy, los asesores legales calculan que hay en torno a 600.000 españoles con voluntad de desheredar a uno o a varios miembros de su prole.
A Inmaculada Marín, secretaria de organización de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA), no le extrañan esas cifras. «Entre los compañeros lo comentamos. Nos llegan muchísimos más casos que antes. Se han multiplicado exponencialmente a raíz de esa primera sentencia del Supremo. La pandemia también ha incidido mucho. Muchas personas se han visto desamparadas».
Sin embargo, no existe registro oficial de quienes ya han reflejado sus desheredaciones en testamento, ya que se trata de un documento de contenido privado. Desde enero de 2015 hasta diciembre de 2021, según la contabilidad del Consejo General del Notariado, en España se registraron 4,2 millones de testamentos unipersonales. Hay notarías a las que ha consultado Crónica en las que entre el 5 y el 6% de los casos que tramitan obedecen a la voluntad de desheredar. De ser algo generalizado en el resto de notarías del país, en dicho período de tiempo se habrían redactado entre 214.000 y 257.400 testamentos con desheredaciones.
Desde 2014, en algunos despachos de abogados especializados del país se han multiplicado por cinco los clientes que piden asesoramiento jurídico al respecto. «Al mes, atiendo al menos a una decena de personas que buscan informarse sobre cómo desheredar», explica el letrado Mariano de Alba, con bufete en Sevilla.
«Antes podían ser un par o tres mensuales, a lo sumo. La pandemia, es cierto, también ha incidido de manera notable. Los ancianos se han visto más solos y desatendidos que nunca. Algunos me cuentan que se han sentido más como un estorbo y un problema que como un ser querido para sus hijos».
Los notarios, el último eslabón en el proceso, también han notado el incremento de desheredaciones en sus oficinas. «Sin ninguna duda», explica Rafael Díaz-Vieito, con notaría en Córdoba. «No hay un boom en España, pero sí viene mucha más gente con ánimo de desheredar que antes». En Fuenlabrada (Madrid), ya hay una asociación cultural de mayores (Acumafu), que ofrece asesoramiento jurídico a todo aquel que pretenda desheredar.
«Nuestro lema es 'Si no te cuida, que no herede'», explica su presidente, Marcelo Cornellá. «Intentamos mediar entre padres e hijos para reconducir la relación. Si no es posible, y se dan las circunstancias para desheredar, les ponemos en manos de nuestros abogados». En Acumafu han registrado picos de entre 200 y 300 consultas semanales.
"No lo traté bien, lo reconozco"
A Vicente, de Segovia, su padre, militar, lo dejó sin herencia hace dos años. Se enteró al abrir el testamento. «No lo traté bien, lo reconozco. Cuando volvía de borrachera le decía que ojalá se muriera o que era una molestia para mí. En los últimos tiempos cayó en depresión». Los hermanos de Vicente, en un «gesto piadoso» que a él aún le sorprende, le han permitido seguir viviendo en la casa que ambos compartían.
Vicente, soltero, 54 años, sin trabajo, convivió bajo el mismo techo con su progenitor hasta que murió. Admite que desde hace años tiene problemas con la cocaína y el alcohol, aunque «ahora está mucho mejor». Explica que tuvo una relación conflictiva con su padre, que lo apartó de unos 120.000 euros de herencia. «Cualquier reproche me lo hacía a mí, no a mis dos hermanos, con sus vidas y sus familias. Y yo lo pagaba con él de manera brusca. Le decía que merecía quedarse solo, que a ver cómo se las iba a apañar. Le había ido bien en la vida y, tras jubilarse, vivía de las rentas y de su pensión. Y yo, de él. Nunca me dijo que iba a dejarme fuera de la herencia. Cuando me enteré, me llevé uno de los peores palos de mi vida. Me costó meses asumir que no lo había tratado bien».
María, de Málaga, vivió una situación similar. «Es un palo duro al enterarte», confiesa. Su madre justificó su decisión en que no fue a verla a la residencia durante sus seis últimos años de vida.
«Al principio pensé en impugnar el testamento, pero la mujer lo tenía todo acreditado. Incluso pidió un documento a la dirección del centro con las veces que me habían llamado por ingresos hospitalarios o cosas así y yo no me presenté. Al final decidí dejar las cosas como ella había dicho y no molestar a mis tres hermanos». María se quedó sin parte de las «numerosas» viviendas que su progenitora tiene en distintas localidades malagueñas.
"Sometido a la más absoluta marginación"
30 de marzo de 2011. La Audiencia provincial de Málaga deja sin herencia a José Antonio y Remedios, dos hijos de un vecino de Ronda, Florencio, que residían en Alemania. Su padre, que emigró en busca de trabajo al país centroeuropeo, se divorció de su madre, y los vástagos rompieron la relación con él. Cuando se jubiló -trabajó en la farmacéutica Bayer-, el hombre volvió al pueblo. Allí vivió solo durante sus últimos siete años de vida, aunque siempre estuvo atendido por su hermana, de nombre también Remedios, y su familia.
Un día, Florencio le dijo a Remedios. «Todo lo que hay es para ti». Era 2001. Hacía poco que había acudido al notario. El hombre dejó escrito que desheredaba a sus hijos por no haberle asistido, por injuriarlo durante el tiempo que vivieron juntos y por no haberle llamado tras volverse al pueblo. Murió en Ronda el 22 de julio de 2003. «Fue sometido a la más absoluta marginación», señala la resolución judicial de la Audiencia, consultada por este suplemento. Los dos desheredados decidieron presentar un recurso ante el Supremo.
3 de junio de 2014. Los hermanos desheredados reciben un segundo varapalo judicial. Esta vez, definitivo. Han pedido que «se declare nula y sin efecto la cláusula testamentaria» por la que «han sido desheredados injustamente», a su juicio. Solicitan que se les reconozca la herencia legítima (las dos terceras partes del patrimonio de su padre muerto). Pero el TS desestima el recurso de los sobrinos de Remedios, la hermana de su padre.
«El maltrato psicológico, como acción que determina un menoscabo o lesión de la salud mental de la víctima, debe considerarse comprendido en la expresión que encierra el maltrato de obra», señaló el fallo del TS, haciendo referencia a una de las causas que recoge el Código Civil para desheredar.
«Los hijos incurrieron en un maltrato psíquico y reiterado contra su padre (...)», continuaba el fallo del TS. «Quedó evidenciado en los últimos siete años de vida», cuando, «ya enfermo, quedó bajo el amparo de su hermana, sin que sus hijos se interesaran por él o tuvieran contacto, situación que cambió tras su muerte a los solos efectos de demandar sus derechos hereditarios».
Al año siguiente, en marzo de 2015, el TS volvió a dictar una resolución casi idéntica. Desde entonces, los casos de desheredaciones no paran de aumentar. Ese año, el País Vasco adaptó su legislación para dar libertad total de elección al testador, como ya ocurría en Navarra. Hoy, en uno de cada diez testamentos en la comunidad vasca se aparta a alguno de los hijos.
Este hecho, confirman hasta tres abogados que prefieren mantenerse en el anonimato por respeto a sus clientes, ha provocado la existencia de casos de gente que se ha censado en la región con el fin de dejar sin herencia a alguno de sus descendientes. Deberán acreditar que residen en tierras vascas al menos durante los dos últimos años. A su vez, desde 2019 el Parlamento catalán tramita un anteproyecto de ley para asemejar su legislación autonómica a la del País Vasco. Actualmente, en Cataluña y Galicia los hijos sólo tienen derecho a cobrar una cuarta parte del valor de la herencia.
"Dígame, ¿es posible desheredarlos?"
Hace tres semanas, Eugenia, agarrada del brazo de su cuidadora, bajó a la calle y pidió un taxi. 45 minutos después, sentada a la mesa de un despacho de abogados en Jaén, le decía a un letrado: «Quiero desheredar a tres de mis cinco hijos. Todo lo que tengo, sea mucho o poco, se lo quiero dejar a los otros dos, los únicos que se apiadan de mí. A esos tres los llamo hijos porque soy su madre, pero no lo merecen. No vienen a verme desde hace años, no me llaman, no me traen a los nietos. Fíjese, no conozco a tres de los seis que tengo. Lo de vivir fuera es una excusa. Y, cuando les llamo, me sueltan desprecios. Dígame, ¿es posible desheredarlos?».
Aquel abogado, con experiencia en gestión de herencias, le dijo: «Sí, señora. Desde hace unos años es posible en situaciones similares a la suya. Lo puede recoger en su testamento. Pero cuénteme más detalles...».
Eugenia, octogenaria, reside en un pueblo próximo a Jaén. Es viuda desde hace dos décadas. Procede de una familia acomodada con negocios en distintos sectores: aceite, construcción, restauración. Dice que, además de un capital en el banco que supera los 250.000 euros, es propietaria de varias fincas de olivos en la provincia, tiene tres casas que alquila en Jaén capital y Bailén, y una residencia de verano en Marbella, donde pasa temporadas. Habla con este reportero por teléfono. Cuenta que quiere dejárselo «todo» a un hijo y a una hija.
«No vivo con ellos, pero me atienden», admite la mujer. «Tienen sus vidas, pero se preocupan por su madre». En unos días, la señora irá a un notario de confianza en Jaén para ver qué le aconseja. «Lo que no quiero es dejarles un muerto si los otros tres ven posibilidad de impugnar el testamento. Quiero dejar todo bien atado y que no tengan margen de maniobra».
Para evitar situaciones como la que Eugenia teme, notarios como Rafael Díaz-Vieito abogan por «reformar en profundidad el sistema sucesorio» en España. «Es una reforma imprescindible. Es difícilmente defendible un sistema de herencias legítimas como el previsto en el Código Civil, de 1889, que determina el destino de dos terceras partes del patrimonio de un testador a los hijos», añade el jurista. «Debemos caminar hacia una libertad prácticamente absoluta de los ciudadanos a la hora de distribuir sus bienes o, en su defecto, disminuir de modo considerable el importe de las legítimas, así como modificar su naturaleza, convirtiéndola en un mero derecho de crédito».
La abogada Inmaculada Marín, de la AEAFA, explica que en el colectivo al que representa hay «múltiples sensibilidades y opiniones, tan válidas unas como las otras». A título personal, señala que ella aboga por una reforma del Código Civil porque considera que «las familias en España ya no son como las de antes» y la «herencia legítima tiene poco sentido». «Apuesto por la autonomía de la voluntad. Incluso la autonomía para equivocarse a la hora de apartar a un heredero».
Marín tiene despacho en Málaga. Explica que ahora mismo tiene tres casos «activos» en el bufete: dos personas que quieren desheredar y una desheredada que estudia si impugna o no el testamento de su progenitor.
EL RECUERDO DE LOS NIETOS
«Antes de esa primera sentencia del TS nadie se pensaba desheredar porque resultaba muy complejo. Ahora es mucho más fácil. Lo que les solemos recordar a nuestros clientes es que, si sus hijos tienen descendientes, la herencia va a parar a sus nietos. Eso, en ocasiones, disuade bastante».
A Juan Antonio Ceballos Vargas, de Benacazón (Sevilla), lo desheredaron hace una década, cuando el Supremo todavía no había dictado aquel primer fallo, de 2014. Su padre, un teniente coronel del Ejército, tuvo tres hijos con su madre fuera de su matrimonio. Ella, que se había quedado viuda, entró a servir en la casa de aquel militar. Ambos mantuvieron relaciones sexuales en numerosas ocasiones.
Hace 25 años, su padre le dio los apellidos a Juan Antonio y a sus dos hermanas, y los reconoció como hijos. Hasta ese momento se apellidaban Vargas Fuentes. Sin embargo, su padre dejó por escrito en su testamento que no recibieran herencia alguna. Juan Antonio llevó su caso al despacho de Fernando Osuna, abogado especializado en herencias. Finalmente, llegó a un acuerdo con los otros tres hermanos de padre que tenía.
Entre bienes y capital, ellos habían heredado alrededor de cuatro millones de euros. «A mis hermanas y a mí nos dieron una ridiculez», dice Juan Antonio, que prefiere omitir el montante económico recibido. «Yo no quería seguir luchando en el juzgado. Me cansé de esa situación. Mi padre le había dicho a mi madre que a mis hermanas no les iba a faltar de nada porque padecen de esquizofrenia. Pero fíjate... Nos desheredó».
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