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La Plaza Mayor de Valladolid es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad pucelana. Más allá de la singularidad de sus edificios, uno de sus símbolos más reconocibles es el color rojo presente tanto en el suelo como en las fachadas, lo que la diferencia de otras similares.
Pero, ¿por qué se eligió esta tonalidad? La respuesta, como siempre, está en la historia y para ello hay que retroceder atrás en el tiempo. Tal y como cuenta el propio Ayuntamiento de la ciudad, el espacio que hoy ocupa la Plaza Mayor surgió como la plaza del mercado en la Baja Edad Media y era zona de mercaderes, oficios y festejos. Sin embargo, hubo un hecho crucial que iba a cambiar el destino de este lugar: el incendio que arrasó el centro de la ciudad.
Así, en 1561 comenzó la reconstrucción impulsada por Felipe II y con las trazas de Francisco de Salamanca. Este arquitecto le otorgó una serie de características únicas. Fue la primera Plaza Mayor regular de España, cerrada y con soportales y, posteriormente, otras tomarían este mismo modelo, como es el caso de la de Madrid.
Respecto al rojo del pavimento y los edificios, simulan el ladrillo visto y sirven para emular el aspecto que la plaza ofrecía en el siglo XVI. El color marca, además, las tres alturas originales de las viviendas. Todo un guiño al Renacimiento que contrasta, precisamente, con la Casa Consistorial de la ciudad. Y es que combina los homenajes a los consistorios del medievo, con el ladrillo visto y el torreón central, con una novedosa decoración ecléctica, influenciada por la parisina École des Beaux-Arts.
La Plaza Mayor, epicentro de actividades
Además de ser un icono de la ciudad y punto de encuentro, la Plaza Mayor es escenario de grandes eventos, como el Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle, la Feria del Libro de Valladolid, la programación de Navidad, la Semana Santa o las fiestas patronales, entre otras.
