Más allá de los síntomas físicos (temblor, rigidez y lentitud) hay pocas opciones de detectar mediante imagen o marcadores sanguíneos los daños del párkinson. Cada año reciben este diagnóstico en España unas 10.000 personas y en total lo sufren unas 150.000. Lejos de reducirse la incidencia, la OMS señala que se ha duplicado en los últimos 25 años y las proyecciones a largo plazo no son nada halagüeñas: se alcanzará la cifra global de 25 millones en 2050, sobre todo debido al envejecimiento.
Conocer mejor la enfermedad neurodegenerativa que va acabando con las neuronas es uno de los desafíos de la Neurología, ya que es la segunda patología más frecuente, solo por detrás del alzhéimer. Y ninguna tiene cura.
Ahora, un equipo ha conseguido visualizar y cuantificar unas señales consideradas detonantes de la enfermedad de Parkinson: unos agregados de proteínas denominados oligómeros de alfa-sinucleína. Se trata de la primera vez que se visualizan de forma directa, en el en tejido cerebral post mortem de personas que tenían la neurodegeneración mediante una nueva técnica de microscopía, como muestran los investigadores en Nature Biomedical Engineering.
Estos diminutos grupos se han considerado durante mucho tiempo los posibles responsables del desarrollo de la enfermedad de Parkinson en el cerebro, pero hasta ahora no se habían detectado directamente en el tejido cerebral humano. El equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge, la UCL, el Instituto Francis Crick y la Politécnica de Montreal ha desarrollado una técnica de imagen que les permite ver, contar y comparar oligómeros en el tejido cerebral humano. Un avance que, según un miembro del equipo ha señalado en un comunicado, es "como poder ver las estrellas a plena luz del día".
Desde la Sociedad Española de Neurología (SEN), Álvaro Sánchez Ferro, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento, pone en contexto este avance, en el que se vislumbra una nueva semilla de la patología. "Se trata de una técnica que permite caracterizar mejor este componente soluble relacionado con la enfermedad" y cuyo impacto servirá "para entender los mecanismos que producen el párkinson". Esto ayudará a distinguir los cuerpos de Lewy, los depósitos, de lo soluble, los oligómeros de alfa-sinucleína, detalla el neurólogo.
Michele Matarazzo, neurólogo especialista en enfermedad de Parkinson en el Centro Integral de Neurociencias HM Cinac, explica a SMC que la detección de esta proteína, "íntimamente relacionada con la enfermedad", en tejido cerebral humano "puede abrir la puerta a comprender mejor cómo y cuándo se forman estos agregados y cuál es su papel en la enfermedad".
Tanto Sánchez Ferro como Matarazzo dejan claro el uso actual de la técnica: "una herramienta de investigación, aunque sin aplicación clínica inmediata". El portavoz de la SEN explica que pasará al menos una década hasta que se diseñe una forma de ejecutar esta técnica en tejido in vivo, porque "requiere el uso de técnicas de imagen junto a un contraste que cruce la barrera hematoencefálica para que nos señale al compuesto". "Y esto, no es fácil", insiste.
El quid del avance se halla en esa detección de la proteína y su papel en la neurodegeneración que lleva al párkinson, que se traduce en manifestaciones del trastornos del movimiento. Para Salvador Ventura, director científico del Instituto de Investigación e Innovación Parc Taulí (I3PT-CERCA) en Sabadell (Barcelona), como recoge SMC, resulta clave en el estudio de la enfermedad neurológica de más rápido crecimiento en el mundo. Sánchez Ferro puntualiza que conocer el rol de la presencia anormal de estas proteínas "nos va a servir para conocer si se eliminan qué consecuencias hay".
Durante más de un siglo, los médicos han reconocido el Parkinson por la presencia de grandes depósitos de proteínas llamados cuerpos de Lewy. Sin embargo, los científicos sospechaban que oligómeros más pequeños, de formación precoz, podrían causar el daño a las células cerebrales. Hasta ahora, estos oligómeros eran simplemente demasiado pequeños para ser vistos: apenas unos pocos nanómetros de longitud.
"Los cuerpos de Lewy son el sello distintivo del Parkinson, pero básicamente indican dónde ha estado la enfermedad, no dónde se encuentra ahora", afirma en un comunicado Steven Lee, profesor del Departamento de Química Yusuf Hamied de Cambridge, quien codirigió la investigación. "Si pudiéramos observar el Parkinson en sus etapas iniciales, nos revelaría mucho más sobre cómo se desarrolla la enfermedad en el cerebro y cómo podríamos tratarla".
¿En qué consiste la nueva forma de la detección del párkinson?
Con una nueva técnica de microscopía, llamada ASA-PD, los investigadores pudieron identificar y comparar los oligómeros de alfa-sinucleína en muestras post mortem de tejido cerebral humano. Encontraron que en pacientes con párkinson estos oligómeros son más grandes, más brillantes y más abundantes que en cerebros sanos. También descubrieron un tipo de oligómero que solo aparece en pacientes con la enfermedad, lo que podría servir como marcador temprano de la enfermedad.
En la consulta, los neurólogos no tienen a su disposición herramientas para diagnosticar eficientemente esta enfermedad neurológica. "El diagnóstico se fundamenta en la observación de los síntomas, que es lo que nota el paciente", explica Sánchez Ferro. El neurólogo puntualiza que lo realiza un profesional entrenado con el conocimiento de una serie de criterios que utilizamos para estandarizar esos exámenes, "los criterios de la Sociedad Internacional de Trastornos de Movimiento".
Por estos motivos, Ventura subraya el doble fin del hallazgo: "para entender cómo se inicia la patología y abrir nuevas posibilidades para el diagnóstico y los tratamientos que modifiquen el curso de la enfermedad, de los cuales no disponemos en este momento".
Este experto entra en detalle sobre la técnica llamada ASA-PD (Advanced Sensing of Aggregates for Parkinson's Disease). "Se trata de un método de microscopía de fluorescencia ultrasensible que permite 'amplificar' la señal de los oligómeros, unas estructuras muy pequeñas y difíciles de detectar en el cerebro, y disminuir el ruido generado por otros materiales biológicos que coexisten en el tejido cerebral. Gracias a esta herramienta, los científicos pudieron observar y analizar millones de oligómeros en muestras de tejido cerebral humano, algo que hasta ahora era imposible".
El equipo examinó muestras de tejido cerebral post mortem de personas con párkinson y las comparó con individuos sanos de edad similar. Descubrieron la presencia de oligómeros tanto en cerebros sanos como en aquellos con Parkinson. La principal diferencia entre los cerebros con y sin Parkinson residía en el tamaño de los oligómeros, que eran más grandes, brillantes y numerosos en las muestras con Parkinson, lo que sugiere una relación directa con la progresión del Parkinson.
Desde la SEN, el neurólogo hace un inciso sobre una prueba de imagen actual que solo se realiza en casos de duda y con el fin de confirmar el tratamiento: el DATASCAN. "Aquí se emplea un contraste en el cerebro que marca la dopamina cerebral y podemos ver si está alterada. En España, se realiza en el ámbito de investigación". También apunta a otras pruebas de comprobación de depósitos de proteínas y otras alteraciones a través de una punción lumbar en la que se extrae el líquido cefalorraquídeo. "Éstas sí estarían listas para llegar a la consulta en menos de un lustro", apunta.
Sobre las aplicaciones del nuevo avance, Sánchez Ferro pone un ejemplo actual ya que existe un ensayo clínico con un fármaco que está desarrollando Roche que es un anticuerpo monoclonal anti-alfa sinucleína, "con lo cual en este tipo de estudios sí que se analiza el líquido. Porque obviamente la eficacia del fármaco va a ser mayor en las personas que tengan estas proteínas anormales acumulándose".


