SALUD
Once Vidas

Así crecen las personas supervivientes de un suicidio en su entorno: "Necesitan paciencia, amabilidad y la presencia real del otro"

Albergan un dolor inconmensurable pero, gracias a los grupos de ayuda mutua, las terapias psicológicas y sus esfuerzos son capaces de convertir ese sufrimiento en un amor aún más profundo

Sala de reuniones de los grupos de ayuda mutua de la asociación Bidegin.
Sala de reuniones de los grupos de ayuda mutua de la asociación Bidegin.
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Hay una palabra que los supervivientes de una muerte por suicidio en su entorno acostumbran a decir cuando hablan de esa vivencia. En realidad hay muchas en las que coinciden, pero una que recoge con propiedad lo que han vivido: "Tsunami". Un vuelco vital, un desastre natural que aniquila todo lo que encuentra a su paso y obliga a empezar de cero, prácticamente a iniciar una nueva vida. Una que parte de un dolor infinito que, por contra, cuesta describir con palabras. ¿Cómo se avanza y se desarrolla un individuo en estas circunstancias? Dos detalles por el momento: se requiere de otros para conseguirlo y se necesita hablar de lo sucedido.

Así, por ejemplo: "Mi nombre es Begoña Vesga. Tengo 73 años. Han pasado ya seis de la muerte por suicidio de mi hijo Markos, que tenía 44 años cuando murió. Fue un tsunami en mi vida. Me provocó un estado de desolación y devastación similar al que deja el fenómeno en la naturaleza. Mi vida se paraliza y empiezo a sentirla como una vida antes de la muerte de Markos y otra vida después".

"La vida que nos queda", como diría el escritor italiano Matteo B. Bianchi, que escribió un libro con ese título para contar su propia historia, es lo que quiere reflejar este reportaje: el proceso post tsunami, de qué se compone la nueva vida y, sobre todo, cómo se consigue la proeza de sobreponerse, esto es, procurarse a uno mismo su propio desarrollo. Lo que la psicología llama "crecimiento postraumático" y que precisa de una gesta que, al principio, parece imposible: convertir todo ese dolor en amor. En algunos, hasta permitirá florecer una suerte de necesidad por ayudar a los demás en sus propios desastres naturales. Lo que la psicóloga Edith Shiro, especialista en síndrome de estrés postraumático, denomina "el regalo del trauma".

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Hasta llegar ahí, habrá (por seguir con el símil) un largo proceso de reconstrucción, que durará lo que tenga que durar, ni más ni menos. Porque ningún tiempo es el correcto. Será muy duro. Sirva para hacerse cargo de la profundidad de este sufrimiento una escena narrada por una voluntaria en una asociación de ayuda a personas que se enfrentan al tsunami: "Cuando entran por primera vez tienen que ser acompañadas, casi sostenidas por sus familiares". Tal es el estado de destrucción que conlleva, en sus primeras fases, haber vivido una muerte por suicidio.

Con ese paso, tembloroso o lento, miedoso, expectante, dolorido, "comienza el duelo terapéutico", explica la psicóloga Sara Losantos, especializada en terapias que trabajan las pérdidas y miembro de la Fundación Losantos, que ofrece terapias de duelo gratuitas. A la pregunta cruda, ¿cómo convertir el dolor en amor?, esta profesional advierte de una verdad primera: "El dolor es la otra cara de la moneda del amor, es el signo de que se amaba profundamente a la persona que ha fallecido, y por eso duele tanto".

Apunta Losantos que "antes de poder ver con nitidez ese amor tan puro, tan auténtico, hay que curar un poco el alma de todas las tristezas y angustias de las que está teñido ese amor por la persona querida y ahora ausente". Y que esto, en el caso de los supervivientes, es aún más difícil que en otro tipo de duelo "porque hay mucha culpa y un componente traumático en la mayor parte de las ocasiones". "Se puede hacer, yo lo he visto", asegura, "pero cuando comienzo una terapia de duelo por suicidio no tengo ni siquiera la expectativa de conseguirlo, se trata de ir trabajando, ir viendo...", añade.

Hay tres elementos imprescindibles en esa terapia: "Paciencia, amabilidad y presencia", prosigue Losantos. "El impacto de la dulzura en nuestros pacientes que han sufrido una pérdida tan amarga es transformador. Y la presencia auténtica es vital porque se está ante un dolor desgarrador, primitivo, falto de poesía... donde hay que asumir también la vulnerabilidad".

¿Pero qué sucede entre el shock de lo sucedido (inicio del duelo) y la terapia al respecto? Para Begoña, la madre de Markos, el proceso inicia con un afrontamiento público. "Fue el primer paso que di, en el mismo acto de despedida, con sus amigos del grupo de música en el que tocaba, los de la cuadrilla, los del grupo de teatro. Le homenajeaban y daban valor a su paso por la vida, pero eludían, por amor, mencionar el fatal desenlace. Sentí que tenía una deuda con mi hijo, que se lo debía, y les pedí poder tomar la palabra, no sólo para los agradecimientos de la familia, sino para hablarles del malestar emocional y del suicidio. Haber asumido esto como un acto de amor a mi hijo fue el mejor inicio para transitar el camino del duelo y elaborar su pérdida".

TELÉFONOS DE AYUDA Y ASOCIACIONES

Si necesitas apoyo emocional para ti o un familiar por conducta suicida, pide ayuda

En ese mismo acto, cuya fuerza mostrada aún sorprende a la propia Begoña, ésta se comprometió también, con ella y con su hija, a "buscar ayuda emocional". "La encontré en Biziraun. Mi hija Nerea y yo nos sumamos a un Grupo de Ayuda Mutua de personas que hemos perdido a un ser querido por suicidio", rememora. En esta asociación vizcaína "algunas personas buscan profundizar en los conocimientos actuales sobre la muerte por suicidio y deciden ponerse manos a la obra para ayudar a otros que estén pasando por lo mismo", cuenta Agustín Salazar, médico de familia jubilado que trabaja como voluntario en esta organización.

Autor del libro Ideas clave para comprender el suicidio, Salazar es también vocal de la asociación y recalca que, aquellos que acometan la tarea de ayudar a otros "deben estar sanados de su duelo, si es que de un duelo por suicidio sana uno al 100%, para así ser capaces de sostener, acompañar y ayudar a otras personas a amainar el dolor de la pérdida, y a que las emociones que aparecen en el duelo sean mejor elaboradas". "Son resilientes y su vida personal se transforma a través del crecimiento postraumático", concluye.

Cuando llegan, con ese paso roto, dolorido y miedoso que antes se comentó, "necesitan sentirse cobijados y acogidos". "Esa sensación la obtienen en los Grupos de Ayuda Mutua (GAM), con personas que, al margen del vínculo familiar, han sufrido lo mismo que ellos. Y creo que esto conecta más a fondo incluso que la posible ayuda profesional que reciban. Es un apoyo diferente, más cercano, más solidario, menos profesional pero más íntimo".

Otra de las personas que recibe a la gente en Biziraun es el fundador de la asociación, que se llama Agustín Erkizia. Superviviente de una muerte por suicidio, ha querido compartir con este periódico su propia experiencia de crecimiento postraumático. "En mi caso ya han transcurrido 12 años desde el suicidio de mi ser querido y, durante este periodo de tiempo, mi estrategia se ha centrado fundamentalmente en un mejor y mayor conocimiento de mi yo interior, en detectar cuáles son los recursos que me ayudan a caminar en cada situación y en crear una asociación de supervivientes por suicidio y organizar actividades que contribuyan a sensibilizar a la ciudadanía al respecto".

Habla Erkizia de la necesidad de "encontrar alguna ilusión (la que sea) que ayude a salir de la parálisis emocional que genera un suicidio". Afirma haber encontrado alguna que otra cuestión que le "motiva" y también que "las necesidades son cambiantes" a lo largo del proceso: "Primero quise entender cuáles eran las claves fundamentales de este fenómeno, en aquel momento tan desconocido para mí. Luego, necesité encontrar a alguien con quien compartir mi propia experiencia vital. Y cuando el duelo estuvo más elaborado sentí la necesidad de organizar actividades, como la propia asociación, que pudieran servir de ayuda a otros en similares circunstancias".

De ilusiones habla también Lurdes Hueta Rodríguez, una mujer que también recalca haber comenzado su proceso de cambio gracias a una asociación de ayuda mutua de Guipúzcoa, Bidegin, que trabaja con los usuarios para superar diversos duelos, entre ellos los que implican una muerte por suicidio. Arranca así: "Una conocida nos puso enseguida en contacto con Izaskun Andonegui (psicóloga de Bidegin) y junto con Txema (voluntario) se creó un grupo de supervivientes y en mi caso fue muy importante esto, porque sucedió a los 15 días de que mi marido muriera por suicidio. Creo que es super importante la ayuda de personas cualificadas, para mí fue fundamental en mi recuperación", relata.

Ocho años después, Lurdes dice que ha descubierto lo que significa "viajar sola y conocer nuevas personas", algo que consiguió empezar a hacer a los cuatro años del fallecimiento de su marido. "Creo que me he rodeado de personas que me han ayudado mucho a hacer realidad muchas de mis metas. Puedo decir que aprendí a salir de ese agujero rellenándolo con cosas que me hacían sentir bien", relata a este periódico cuando se le pregunta por lo conseguido en este tiempo.

Begoña tampoco elude los detalles. Dice que, al principio, "el pensamiento torturador de qué podría haber cambiado" le provocaba un "dolor desgarrador". "Me parecía imposible poder llegar a entender a Markos y aceptar su desenlace pero, tras seis años trabajando los estadios del duelo, puedo decir hoy que nada es imposible". Su proceso de transformación ha sido tal que Begoña llega a expresarse de una manera impactante. Por ejemplo: "Hoy Markos está permanentemente conmigo, instalado en mi corazón. No me desgarra que no lo esté físicamente. Valoro cada día que vivo y me siento la madre más afortunada por haberle tenido en mi vida esos 44 años. Todo lo bueno que me ha dado. Disfruto de su recuerdo. Me ha hecho mejor persona, más sensible al bienestar emocional de la gente que me rodea".

Cuando ha tenido la oportunidad de acercarse a personas que acaban de vivir una situación similar, Begoña no lo ha dudado ni un segundo. Y sabe que su aportación "ha sido buena para ellos". Dice que para ella los encuentros de Grupos de Ayuda Mutua le supusieron "un bálsamo", que se ha sentido "comprendida en cada uno de los picos de las emociones". "¡He empatizado tanto" Siento al grupo como algo familiar. Sigo asistiendo a los grupos de ayuda, a pesar del tiempo que ha pasado de la pérdida de Markos. Y también sé que cuando he hecho testimonio público de que 'a mí también me ha pasado' ha sido bueno para alguien y he contribuido a luchar contra el estigma que rodea estas pérdidas".

Se queja, eso sí, de que "no hay red de cobertura en los servicios públicos que atienda la devastación que deja en las familias la pérdida de un ser querido por suicidio, ni en lo emocional, ni en lo material". "En lo emocional debería ser posible tener acceso a ayuda psicológica en la red pública. En lo material deberíamos tener información jurídica, legal, de la propia administración. Por situaciones que puedan darse muy dolorosas para las familias en momentos en los que estamos muy, pero que muy, vulnerables. En mi caso, supe que, al ser una muerte accidental, automáticamente se abren diligencias judiciales, a las que la familia no tenemos acceso". La batalla que Begoña libró con dos aseguradoras fue "el capítulo más sangrante, injusto y desgarrador" que le tocó transitar. "Y nadie te informa", recalca.

Lo que en cualquiera de los casos será imprescindible, tal y como señala Txema Ormazabal, miembro de la asociación Bidegin, es "poder expresar emociones con libertad.". "Las necesidades que veo en todas las personas que llegan son: necesidad de ser escuchadas, de tener un espacio de seguridad y alguien con quien compartir su dolor y su vivencia. Fuera, en la vida diaria es muy difícil que alguien te sostenga todo el rato. El trauma es tan brutal que el camino suele ser el de aislamiento y soledad. Existe una incapacidad de sostener el apoyo en el tiempo y la escucha sin juicio es necesaria, sin interpretaciones subjetivas de nadie. Necesitan ser validados en las formas de afrontamiento del duelo. Validados en su dolor. Así como no sentirse minusvalorados en lo que sienten de esa pérdida,('ya tendrás otra hija', 'otra novia', 'eres joven, pasa página'...).

En Bidegin encontramos también a Izaskun Andonegui, presidenta y fundadora de la asociación. La nombró unas líneas más atrás uno de los supervivientes que relatan su epopeya. Es también psicóloga especializada en tratamientos de duelo, en cualquiera de sus circunstancias. "Llevamos 15 años acompañando a personas sufrientes. Con una buena red, que esté presente y que dure, que esté conectada contigo durante todo el proceso, porque esto es un proceso, dice la literatura clínica que un 60% de las personas sale adelante".

"Las personas deben volver a su centro, y volverán transformadas pero volverán", concluye.

Paciencia, amabilidad y presencia real del otro.


Este reportaje forma parte del proyecto 'Once vidas' impulsado por EL MUNDO para la prevención del suicidio y del que forman parte Yaiza Perera, Santiago Saiz, Rebeca Yanke y Rafael J. Álvarez.