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Durante décadas, miles de barceloneses cogían el tren en verano con destino a un mismo municipio del Vallès Oriental. Buscaban agua caliente y un entorno más saludable a pocos kilómetros de casa. Ese impulso marcó la fisonomía de un pueblo que hoy conserva huellas romanas y un importante legado arquitectónico dentro del mapa patrimonial de Cataluña.
Este es el pueblo a 30 minutos de Barcelona en el que disfrutar de sus balnearios y joyas modernistas
El municipio es La Garriga, situado a unos 30 minutos en coche desde el centro de Barcelona por la C-17 y conectado también por la línea R3 de Rodalies, con un trayecto aproximado de 45 minutos desde la plaza de Catalunya. Cuenta con una población de 17.386 habitantes, según el Idescat, y forma parte de la provincia de Barcelona.
Su identidad actual se entiende a partir de dos ejes: la tradición termal y el crecimiento vinculado al veraneo burgués de finales del siglo XIX. La llegada del ferrocarril en 1875 facilitó que familias acomodadas de la capital eligieran este enclave como residencia estival, lo que transformó su paisaje urbano.
En paralelo, los establecimientos termales consolidaron su actividad gracias a unas aguas clasificadas como mineromedicinales. Hoy el municipio mantiene balnearios históricos en funcionamiento y un conjunto destacado de casas modernistas concentradas en pocas calles, una combinación poco habitual en Cataluña.
La Garriga: una joya sorprendente del Vallès Oriental
El origen de La Garriga se remonta a época romana. En el yacimiento de Can Terrers se conservan restos de unas termas del siglo I d.C., consideradas uno de los conjuntos termales romanos mejor conservados de Cataluña. Estas instalaciones aprovechaban manantiales que emergen a unos 60 grados, base de la posterior tradición termal del municipio.
Siglos después, ese recurso natural volvió a marcar su desarrollo. A finales del siglo XIX y principios del XX, la burguesía barcelonesa impulsó la construcción de torres de veraneo y equipamientos vinculados a la salud y al ocio.
Entre los arquitectos que dejaron huella destaca Manuel J. Raspall. En la calle Banys se encuentra la llamada Manzana Raspall, un conjunto de cuatro casas levantadas entre 1910 y 1913 que ejemplifican el modernismo aplicado a la vivienda unifamiliar, con presencia de cerámica vidriada, hierro forjado y elementos ornamentales en fachada.
Qué ver y hacer en La Garriga: manantiales micromedicinales y edificios modernistas
Una de las primeras paradas suele ser la Font del Lleó, donde el agua caliente aflora de forma constante. Es un punto que permite comprobar la temperatura elevada del manantial y entender por qué la actividad termal se consolidó en esta zona del Vallès Oriental.
Quienes buscan una experiencia más completa pueden acceder a los circuitos termales del Balneario Blancafort que abrió en 1840, o el Balneario Termes La Garriga, con origen en el siglo XIX. Ambos espacios ofrecen piscinas de agua caliente, duchas a presión y tratamientos vinculados a las propiedades mineromedicinales. El acceso se organiza por franjas horarias que varían según temporada y tiene un coste aproximado de entre 30 y 45 euros por persona para el circuito básico, en función del día y la duración elegida.
El recorrido puede continuar por el itinerario modernista señalado por el Ayuntamiento y la oficina de turismo, que concentra en pocas calles buena parte de las torres construidas entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Pasear por la calle Banys permite identificar la Manzana Raspall, la Casa Barbey y la Casa Barraquer, todas vinculadas a Manuel J. Raspall, así como otras residencias destacadas como la Casa Santamaria o Can Raspall.
Estos edificios, levantados en su mayoría entre 1900 y 1915, reflejan la influencia del veraneo burgués en la transformación urbana de La Garriga y cuentan con paneles informativos que ayudan a contextualizar la evolución arquitectónica del municipio.
La visita puede completarse con las termas romanas de Can Terrers, accesibles mediante visitas guiadas organizadas por la oficina de turismo, generalmente con reserva previa.
También se puede conocer el refugio antiaéreo de la Guerra Civil, un espacio visitable que recuerda el papel estratégico de La Garriga durante el conflicto y amplía la lectura histórica del municipio más allá del periodo romano y modernista.
En definitiva, La Garriga concentra en 18,8 kilómetros cuadrados patrimonio romano, arquitectura modernista y una tradición termal aún activa. Su proximidad a Barcelona y su buena conexión ferroviaria la convierten en una escapada perfecta dentro de Cataluña.
