Un crimen sin cadáver, ni arma homicida, ni tan siquiera testigos. Un caso excepcional en España y particular por la forma y el fondo se ha juzgado esta pasada semana en la Audiencia de Barcelona, con un veredicto por unanimidad dado a conocer este jueves de la mano de un jurado popular: Luis B., el principal acusado, ha sido declarado culpable de haber matado a Diego Vargas el 11 de mayo de 2020, en plena pandemia, y en una nave industrial de Sant Andreu de la Barca (Barcelona).
La Fiscalía y la acusación particular piden 15 años de cárcel para Luis B., por el crimen, una sentencia que el tribunal deberá imponer en las próximas semanas.
El crimen se remonta al 11 de mayo de 2020, día en el que Diego acudió a la nave de Luis tras haberse dado cuenta de que este último había fingido un robo para quitarle parte de una plantación de marihuana y así quedarse con todos los beneficios. La víctima hizo una llamada perdida a las 11.01 al acusado para que le abriera la puerta, el último movimiento de un teléfono que ya no registró más actividad. Diego entró con su coche, un Audi A4 azul eléctrico que tampoco se ha encontrado en todos estos años.
Nada más se supo de Diego Vargas hasta que los Mossos empezaron con la investigación después de que su madre denunciara la desaparición.
Por su parte, Luis B., salió ese día de la nave alrededor de las 12:24 horas con una furgoneta (geolocalizada posteriormente), dejó en el interior su teléfono móvil y se llevó el de la víctima, que terminó apagado por falta de batería "en un lugar indeterminado de Gavà". Nadie respondió a las 121 llamadas que recibió. Todo para construirse una coartada falsa, según ha considerado probado el jurado.
"El señor Diego Vargas tenía conocimiento de las actividades en todo este entramado que supera muy mucho una plantación de marihuana", aseguró durante su declaración el jefe de la unidad centra de desaparecidos de los Mossos durante el juicio. El mismo sargento describió a Luis y a su entorno durante la vista oral como "profesionales del crimen organizado de alto standing" que se encargaban de suministrar la logística -vehículos y naves- en operativos de tráfico de drogas a gran escala.
"Si yo caigo, tú caes conmigo", le mandó la víctima al acusado sobre la plantación de marihuana y sus negocios vinculados al narcotráfico, una amenaza que condujo a Diego a matarlo, según el veredicto.
De hecho, el acusado ocupaba un puesto de mayor relevancia en el entramado criminal y había estado implicado en el transporte de un submarino desde América Latina hasta la costa cantábrica cargado con unos 9.000 kilos de cocaína.
En la lectura se ha considerado como hecho probado y "relevante" para la resolución del caso las conversaciones que se registraron en un chat encriptado que el acusado tenía con otros miembros de la red criminal dedicada al tráfico de marihuana. Entre ellos, uno de los integrantes envió a otro un mensaje en el que aseguraba: "No veas con el amigo L., ha salido sicario", en referencia al acusado.
Además, en mensajes enviados el 15 de mayo otro integrante de la red criminal le dijo a otro sobre el acusado: "Siempre decía: yo mato a alguien y no me pongo ni colorado". Otro de ellos aseguró ver dos armas de L. y munición en la nave: "Le ha pegado un tiro seguro ese zumbado", indica otro de los mensajes.
Precisamente, el mismo día del crimen, el 11 de mayo de 2020 por la tarde, hubo una reunión en la nave de Sant Andreu de la Barca para abordar el traslado de varias toneladas de cocaína en el submarino.
Este jueves, y tras uno de los pocos juicios de un crimen sin cadáver en España, el jurado le ha declarado culpable por unanimidad.

