CATALUÑA
Política

Puigdemont enfila el desmoronamiento final 'convergente', con Pujol en el banquillo y Orriols como nueva estrella

Aliança Catalana da caza en las encuestas a los herederos de Convergencia y amenaza con sorpassarles en las próximas elecciones

El líder de Junts, Carles Puigdemont.
El líder de Junts, Carles Puigdemont.ARABA PRESS
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El desmoronamiento de Convergència arrancó el 25 de julio de 2014, con la confesión de su fundador, Jordi Pujol, quien admitió una evasión fiscal cometida durante décadas para espanto de Artur Mas y sus sucesores, que se verían abocados a enterrar las siglas fundacionales del hegemónico partido nacionalista catalán para intentar la supervivencia política de los herederos del que fuera ex presidente de la Generalitat durante más de dos décadas.

Once años después, Pujol afronta el juicio en el que se dirimirá el castigo que merecerán las corruptelas protagonizadas por su clan familiar, mientras los legatarios de CDC, ahora agrupados bajo la marca de Junts, enfilan una debacle de incierto final después de que Aliança Catalana, el partido independentista de nuevo cuño liderado por Sílvia Orriols, les haya dado ya caza en las encuestas y amenace con sorpassarles en las próximas elecciones al Parlament.

Con Puigdemont todavía enmudecido ante el sondeo del CIS catalán, que dibuja un desplome de hasta 16 diputados para su partido y un crecimiento de hasta 18 para el de la alcaldesa de Ripoll -quien ha pasado a constituir su rival más directa-, Junts oscila entre el pánico interno y la negación pública. «Desmentiremos esta encuesta en las urnas», se limitó a proclamar ayer el portavoz de los neoconvergentes, Josep Rius, en evidente estado de shock al ser preguntado por el empate con Aliança que acababa de reflejar la muestra demoscopia del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat (CEO).

Tuvo que ser ERC la que admitiera la «preocupación» del independentismo ante el «crecimiento y consolidación del voto reaccionario en Cataluña», y el PP catalán el que constatase que Junts es un partido «a la deriva» ante los «erráticos» pasos de un Puigdemont que está siendo sustituido por la líder de una formación ultranacionalista que supone «la culminación de sus tesis hispanófobas».

Los vestigios de Convergència pueden quedar sepultados después de una década ensayando continuas variaciones para subsistir tras la confesión de Pujol. Tardó poco Artur Mas en anunciar el entierro de las históricas siglas ideadas por el padre de CDC, ya para entonces delincuente confeso.

En noviembre de 2015, el entonces presidente de la Generalitat comunicó el fin de Convergència y la puesta en marcha de un nuevo partido que vería la luz unos meses después. En julio de 2016, quedaría fundado el PDeCAT con la pueril intención de distraer la atención del votante catalanista, que debería mantener su fidelidad a un proyecto solamente sometido a un rediseño estético para maquillar todo rastro de corrupción y seguir aspirando a dominar Cataluña desde la Generalitat.

Pero ese artefacto político sería dinamitado por Puigdemont al poco de convertirse en president en detrimento de un Mas que la CUP había decidido jubilar precisamente por su evidente ligazón con la antigua y corrupta Convergència; la de las mordidas del tres per cent que, a ojos del juez instructor, fueron conformando el botín que los Pujol escondieron en Andorra.

La líder de Aliança, Sílvia Orriols, en el Parlament.
La líder de Aliança, Sílvia Orriols, en el Parlament.ARABA PRESS

El sucesor de Mas ya optó a la reelección en 2017 bajo las siglas de Junts per Catalunya, entonces una simple marca electoral que aunaba a candidatos del PDeCAT y a otros independientes, como el propio Quim Torra, a la postre president electo por la imposibilidad de Puigdemont de regresar a España sin ser detenido, tras su fuga.

El ya ex presidente de la Generalitat acabaría creando Junts en julio de 2020, con el expreso fin de fagocitar al PDeCAT y purgar a la cúpula directiva que formaban Marta Pascal y David Bonvehí, hijos de la corriente más convergente del partido y abiertamente enfrentados con puigdemonistas como Míriam Nogueras o Josep Rius, ahora vicepresidentes de Junts.

En octubre de 2023, sólo siete años después de su fundación, el PDeCAT acabaría disolviéndose tras haber intentado concurrir en paralelo a Junts a las elecciones autonómicas y generales con pésimos resultados.

El devenir de Junts tampoco fue exitoso. En las elecciones autonómicas catalanas de 2021 fue superado por ERC como la candidatura independentista más votada, lo que llevó al republicano Pere Aragonès a la presidencia de la Generalitat y obligó a los neoconvergentes a tener que conformarse con ser su muleta en su Govern. Puigdemont nunca fue capaz de soportar esa humillante situación y, sólo un año y medio después, ordenó la salida del Ejecutivo catalán para pasar a una oposición que ya nunca abandonaría.

En los comicios catalanes de mayo de 2024, Junts fue derrotada por el PSC de Salvador Illa, al que ERC ungió president para dar por finalizada la dinámica de bloques del procés que impedía el apoyo cruzado de formaciones separatistas y constitucionalistas. Puigdemont entraría entonces en vía muerta, tras su esperpéntica incursión exprés en Barcelona para intentar boicotear la elección del presidenciable socialista.

Ya sólo sustentado por la capacidad decisiva de sus siete votos en el Congreso, Junts perdió toda influencia al romper con el PSOE el 27 de octubre. Puigdemont actuó presionado por los alcaldes del partido, que llevaban meses avisando del auge de Aliança y de que su voraz objetivo es engullir a Junts y erradicar el espacio que ocupó la CDC pujolista.