CATALUÑA
Primer Plano
Fuegos en verano

Vecinos de la montaña de Barcelona avisan del estado del bosque: puede ser el nuevo Los Ángeles

Las zonas limítrofes del Parque Natural de la Sierra de Collserola exigen más medidas de prevención ante el riesgo de incendios

Casas en el Parque Natural de la Sierra de Collserola, en Barcelona, con la torre de telecomunicaciones al fondo.
Casas en el Parque Natural de la Sierra de Collserola, en Barcelona, con la torre de telecomunicaciones al fondo.Gorka LoinazARABA PRESS
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Con la imponente presencia de la torre de telecomunicaciones inaugurada en el olímpico año 1992, el Parque Natural de Collserola se alza como el gran pulmón verde de Barcelona y otros ocho municipios de su área metropolitana. Con un bosque mediterráneo de pinos, encinas y robles y una gran diversidad de fauna, esta sierra alberga pequeños núcleos residenciales que viven entre el privilegio de habitar un entorno idílico y el comprensible temor a las consecuencias que podría acarrear un gran incendio en la zona. En total, cerca de 15.000 personas entre barrios, urbanizaciones y casas aisladas, mayoritariamente de Barcelona y Sant Cugat del Vallès.

Las posibilidades son mínimas (un 0,7% en una década), pero según apunta Marc Castellnou, jefe del Grupo de Actuación Forestal (GRAF) de los Bomberos de la Generalitat, entre siete y diez horas serían suficientes para que Collserola quedase totalmente quemado.

Las imágenes de los incendios forestales de California de principios de año, que afectaron al área metropolitana de Los Ángeles, volvieron a despertar temor entre la población más cercana al Parque Natural, que organizados en la plataforma Collserola en perill (Collserola en peligro) exigen «más inversión pública en prevención y gestión forestal, que durante años no han existido». Tras el trágico episodio de Estados Unidos, el colectivo editó un manual en el que, además de consejos de supervivencia, ofrecían indicaciones como no aparcar los vehículos en posibles zonas de paso de los bomberos.

La plaga del 'tomicus'

«Las autoridades deberían asumir un papel mucho más activo», sostiene Sergio Gorina, vecino del barrio barcelonés de Vallvidrera, que alerta del peligro que supone «la presencia de numerosos pinos secos» a causa de la sequía y la plaga del tomicus, el escarabajo conocido como barrenillo que impide la circulación de la savia del árbol provocando su debilitamiento o incluso su muerte. «Con una simple chispa, esto sería una antorcha», sentencia.

Francesc de Almenara, presidente de la Asociación de Vecinos del Peu del Funicular, reconoce que ha habido actuaciones de tala de árboles en las zonas de dominio público, pero alerta del «peligro» que representan «los pinos secos que hay en terrenos privados», como los que pertenecen a un colegio de este barrio montañoso.

Francesc de Almenara, presidente de la Asociación de Vecinos del Peu del Funicular.
Francesc de Almenara, presidente de la Asociación de Vecinos del Peu del Funicular.Gorka LoinazARABA PRESS

El verano de 1994 fue especialmente complicado en Cataluña, con unos altos registros de incendios forestales. Collserola, de hecho, sufrió el peor fuego de su historia el 11 de agosto de aquel año, con 150 hectáreas de vegetación calcinadas.

La situación, sin embargo, no ha vuelto a repetirse. «No es una zona especialmente castigada durante la última década», explica el inspector jefe del Cuerpo de Agentes Rurales, Josep Antoni Mur, que cifra en unos 130 los incendios registrados en este periodo, todos de baja intensidad. Mur explica que «el lado norte de la sierra, no expuesto a radiación solar, mantiene un mejor estado de conservación vegetal que el flanco sur», el de Barcelona.

Pinos secos en la sierra de Collserola.
Pinos secos en la sierra de Collserola.Gorka LoinazARABA PRESS

Castellnou sostiene que imágenes como las de las casas engullidas por las llamas en Los Ángeles no son las que se verían en la capital catalana en caso de que un fuego en Collserola entrase en el núcleo urbano porque «las construcciones son distintas». Eso sí, el jefe del GRAF apunta que sí podrían darse «focos secundarios» en puntos indeterminados de la ciudad.