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La guerra intestina que libran las diferentes facciones de ERC por hacerse con el control del partido y que está acabando de socavar su ya dañada reputación -perdió 200.000 votos y 13 diputados en los comicios catalanes- culminará con la elección de un nuevo líder en el congreso que la formación celebrará el próximo 30 de noviembre, siendo Oriol Junqueras el mejor situado para recuperar el cargo que abandonó el pasado mes de junio tras las presiones de su secretaria general, Marta Rovira, para que dimitiera y cediera el paso a una nueva dirección.
Según ha podido saber EL MUNDO a través de fuentes cercanas a Junqueras, el hoy precandidato a la presidencia de ERC cuenta con una red de «más de 2.000 militantes» que se ofrecieron a colaborar con su campaña en cuanto anunció oficialmente que optaría a la reelección. El que fue presidente de los republicanos durante casi 13 años tendría así atado el respaldo de aproximadamente el 30% la militancia de la formación, compuesta por unas 8.200 personas, cuando todavía resta mes y medio para la votación que dirimirá su futuro político. Ese apoyo ya quedó patente el 21 de septiembre, cuando Junqueras reunió a más de 1.500 personas en el acto de lanzamiento de su candidatura, en lo que se consideró, unánimemente, como una demostración de fuerza.
La recogida de avales para optar a la presidencia de ERC finaliza el próximo 15 de noviembre y dará una medida oficial del número de apoyos de cada una de las cuatro listas: la encabezada por Junqueras, la que capitanea Xavier Godàs -el aspirante auspiciado por Rovira-, la que promueve el ex consejero de la Generalitat Alfred Bosch y la que representa el líder del sector crítico, Xavier Martínez. Para concurrir a las primarias será necesario recabar el respaldo del 5% de la militancia, 400 avales.
Será entonces cuando Junqueras pueda comprobar cuántos de esos «más de 2.000» militantes que se comprometieron con su proyecto deciden formalizar el apoyo a su candidatura avalándola. De mantenerse o superarse esa cifra, el triunfo de Junqueras sería más que plausible.
En la última consulta celebrada por ERC, la organizada en agosto para decidir el apoyo a la investidura del socialista Salvador Illa como presidente de la Generalitat, participaron 6.349 afiliados, el 77% del censo. Lo que, unido a la fragmentación del voto que propiciará la existencia de cuatro candidaturas, facilitaría todavía más el triunfo de Junqueras.
Pero el vicepresidente del Govern durante el 1-O afronta otro reto: vencer con más del 50% de votos. Eso le garantizaría salir automáticamente elegido. De ganar, pero quedar bajo ese umbral, debería enfrentarse 15 días después al segundo candidato más votado en segunda vuelta.
Aun en ese escenario, el de una nueva votación, el equipo de Junqueras confía en el triunfo, entre otros factores porque en ningún lugar está escrito que todos los militantes que hubieran apoyado a las dos candidaturas eliminadas -presumiblemente las de Bosch y Martínez- fueran a transferir su apoyo al candidato de Rovira para acabar con Junqueras. «¿Todos esos militantes van a apoyar a los de la estructura B del partido?», razonan desde el entorno del presidente dimisionario de ERC, refiriéndose a los roviristas, que presuntamente habrían ideado un sistema de dirección paralelo a Junqueras mientras estaba en la cárcel, y a los que también se responsabiliza de controvertidas campañas de comunicación como las dirigidas contra los Maragall.
El último presidente de ERC sigue negando haber tenido conocimiento de esas prácticas, sin que haya aparecido, por el momento, ninguna prueba que acredite lo contrario, lo que le permite continuar cargando contra el círculo de Rovira, que sí tiene a un dimitido en sus filas por el caso: el ex viceconsejero, Sergi Sabrià.
Existe un último elemento que podría beneficiar al favorito: la capacidad de Bosch para aglutinar más voto del inicialmente previsto restando fuerza a Godàs, el rovirista.
La candidatura del ex consejero del Govern -que tuvo que dimitir por encubrir un caso de acoso en el Departamento de Exteriores- se posiciona abiertamente contra la decisión de investir a Illa y eso le podría procurar un buen número de apoyos, teniendo en cuenta que 2.847 afiliados, el 44,8% de los que participaron en la consulta sobre el respaldo a los socialistas, se opusieron al pacto alcanzado entre ERC y el PSC.
Paradójicamente, Junqueras lucha contra el aparato y depende de las bases. No es casual que su candidatura lleve por nombre: Militància Decidim. Contra él se han significado la aún secretaria general Rovira, el ex presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, y la mayoría de sus ex consejeros. También el líder del partido en el Parlament, Josep Maria Jové, la ex presidenta de la Cámara catalana, Carme Forcadell, e, incluso, la vieja guardia del partido, encabezada por su antecesor en la presidencia de ERC: Joan Puigcercós.
Esta circunstancia permite augurar que una eventual victoria de Junqueras no significaría el fin del conflicto interno del partido republicano.

