BALEARES
Obituario
Ex conseller y diputado

El día que Carlos Veramendi fulminó a UM con su 'tostadora'

El ex político del PP ha fallecido en Mallorca a los 62 años. Su dedicación y su trabajo infatigable en las tripas de la política jugaron un papel determinante y desconocido en la lucha contra la corrupción

Carlos Veramendi, en una intervención en el Parlament.
Carlos Veramendi, en una intervención en el Parlament.Pep Vicens
Actualizado

Carlos Veramendi repetía constantemente que su labor se ceñía al "pico y a la pala", rehuía el protagonismo y fue un gregario de lujo del PP de Baleares. Pero, en realidad, fue mucho más de lo que en las filas 'populares' supieron.

A lo largo de su carrera política fue regidor en el Ayuntamiento de Palma, conseller en el Consell de Mallorca y diputado del Parlamento y un trabajador incansable, dotado de una versatilidad inusual.

Conocía profundamente las estructuras de la Administración pública de las Islas y, sobre todo, fue uno de los pocos hombres buenos que durante los años oscuros de la corrupción, con María Antònia Munar imponiendo su régimen de horca y cuchillo, decidió dar un paso al frente indignado por lo que estaba sucediendo y alarmado por la inacción de sus compañeros.

Lo hizo de manera clandestina, a espaldas de la dirección de su partido, que en ese momento se encontraba entregado al compadreo con Unió Mallorquina (UM) y al encubrimiento de sus grandes escándalos para permanecer en el poder y que, de paso, se silenciaran también sus corruptelas propias.

Como ya han pasado muchos años y a través de un común amigo que también jugó un papel decisivo nos trasladó durante los últimos días que escribiéramos su obituario con total libertad, que conste en acta que su intervención fue determinante para provocar el principio del fin del primer partido que tuvo que disolverse en España por corrupción. Y, con ello, la consiguiente regeneración política que sucedió a aquella época trepidante en lo periodístico pero que quedará en la historia de Baleares como una era oscura que nunca más debería volver a repetirse.

Corría el año 2009 y pese a las evidencias incontrovertibles del saqueo perpetrado por UM publicadas por EL MUNDO/El Día de Baleares dirigido por Agustín Pery, la Justicia arrastraba los pies ante semejante desafío.

Ya habíamos publicado que Bartomeu Vicens, todopoderoso conseller de Territorio, cobraba comisiones a través de una tapadera de nombre Metalumba a cuyo frente había puesto a su mujer, ama de casa, a la que había dado de alta como taquígrafa para cobrar las mordidas de la recalificación del polígono de Son Oms. Hasta el 15% de soborno en suelo recalificado. Lo nunca visto.

Pese al dinero amasado, Vicens no quería pagar impuestos con aquella sociedad instrumental y no se le ocurrió mejor idea que pedir a su asesor fiscal que le consiguiera facturas falsas para minorar los beneficios. Y como tampoco quería pagar aquellos servicios de su bolsillo, mutado ya en una urraca insaciable a imagen y semejanza de su jefa, le dijo a Tomás Martín que le pagaría desde el Consell de Mallorca con un informe sobre lo que fuera.

Nos enteramos de la jugada, se la contamos a Veramendi y él detectó de inmediato el pago y el concepto. Se llevó a su casa un DVD con todos los pagos del Consell de Munar donde estaban registrados los beneficiarios del despilfarro. Y allí estaba, en la 'tostadora', como denominaba Carlos al ordenador de su domicilio en el que hacía búsquedas compulsivamente, las pruebas de compra de recibos ficticios para ahorrarse impuestos.

A Veramendi le brillaron los ojos con el descubrimiento, nos llamó emocionado, y en una cafetería del barrio palmesano de Santa Catalina nos entregó la orden de pago al contable corrupto ordenada por la mano derecha de 'Sa Princesa'. Lo hizo con la inquietud de que si sus compañeros se enteraban, le acusarían de alta traición, y sin saber que aquel golpe resultaría letal. Cosas de aquellos tiempos.

Lo publicamos al día siguiente y el fiscal Juan Carrau hizo el resto. Metió en Google el contenido del informe 'fake' del contable de Vicens y acreditó que lo había plagiado de la manera más burda posible.

Tomás Martín se vio acorralado. Cantó la 'traviata' en el Tribunal Superior de Justicia y aquello fue el principio del fin de la banda de UM. Vicens fue condenado por malversación por aquella torpe corruptela que apenas ascendía a 12.000 euros. Su encarcelamiento derivó en su confesión y así empezó a derrumbarse el castillo de naipes, hasta que se vino abajo por completo un año después.

Nadie supo de la intervención de Veramendi en aquel episodio y nadie la hubiera conocido si no nos hubiera dejado con tal solo 62 años y una energía vital con la que repetía durante las últimas horas que seguía 'luchando'.

Veramendi era un trabajador infatigable y se desenvolvía como nadie en las tripas de la maquinaria política. Hasta el final siguió trabajando y nunca quiso la gloria pública: le bastaba con la calma del deber público cumplido.

Llegado el momento de recordar su trayectoria, es de justicia que se conozca que sin el compromiso ético de políticos como él, quién sabe si Mallorca seguiría ahora mismo secuestrada por aquella organización criminal travestida de partido político que pervirtió el paraíso.