Desde que a Pilar Alegría se le encomendó desde Ferraz la tarea de regresar a Aragón para alinear el partido y frenar el crecimiento de Jorge Azcón, la apuesta del PSOE por el mundo rural ha sido clara. La ex ministra confirmó su intención de ser presidenta de la comunidad en La Zaida, el pueblo en el que se crio y que hoy concentra a poco más de 400 habitantes, en un acto simbólico que le sirvió para dar el pistoletazo de salida a una ruta por pequeñas localidades que la ha llevado a recorrer de punta a punta toda la región.
En el inicio de su tour, Alegría visitó Boltaña, Sabiñánigo, Hostal de Ipiés o Almonacid de la Sierra, donde quiso promocionar la panadería de Luis Ángel, un hombre que, según contaba la candidata en una publicación en X que acumula casi medio millón de visualizaciones, «ha vuelto al pueblo de sus padres para llevar el horno de leña y defender también la tradición gastronómica de Aragón».
Luis Ángel, desde su pequeño establecimiento, en una mañana en la que no estaba pudiendo hacer pan por un corte de luz, cuenta a EL MUNDO que Alegría «llegó sin avisar, sobre las 10 de la mañana, y me pilló un poco descolocado porque yo llevaba trabajando desde las 3 de la madrugada». Él reconoce que no le gusta mucho la política y que no está muy puesto en el desarrollo de la carrera electoral, por lo que no se ve en posición de afirmar que, con este gesto, le hayan convencido de votar al PSOE el próximo 8 de febrero.
Almonacid de la Sierra es una localidad gobernada por el socialismo desde hace 15 años; sin embargo, algunos de los vecinos consultados por este periódico desde sus calles aseguran no conocer demasiado a Pilar Alegría. «¿Cómo no la vas a conocer si es la que se presenta a presidenta?», interpelaba una mujer a su amiga al ser preguntadas por esta visita mientras tomaban un café en grupo a media mañana. Todas ellas, unas seis, reconocen que se enteraron de que la ex ministra había estado en su pueblo una vez que ya se había marchado de este, porque «parece que hizo una parada rápida y no habló con nadie más que con el alcalde y con el panadero».
Sí que se paró a dialogar con los vecinos en Calamocha, donde realmente se dirigía ese 28 de diciembre, en el día de los Inocentes. La capital de la comarca de Jiloca es otro importante bastión socialista en la provincia de Teruel, territorio que promete ser clave en los comicios del 8-F. Allí, Alegría hizo acto de presencia en un secadero de jamones y, en una muestra más de su apuesta electoral por el mundo rural, defendió «un modelo basado en el derecho a la vivienda para que quienes quieran vivir en un pueblo, puedan hacerlo».
Dos días después marchó hacia Talamantes, un pequeño municipio en el que viven 68 personas y que está escondido en un profundo barranco situado entre los montes de la sierra del Moncayo. Allí mantuvo un encuentro con Natalia Láinez y Lucía Ibáñez, dos mujeres que tienen una pequeña empresa de selección genética y cría de abejas. Pilar Alegría se puso un traje de apicultor y observó de cerca su labor, para, posteriormente, interesarse por el desarrollo de su negocio. «Hemos decidido venir aquí para dar visibilidad a este proyecto y manifestar la importancia de la mujer en el entorno rural, a las que considero como el verdadero sostén de este», expresaba la líder socialista al término de la actividad.
A diferencia de su encuentro con Luis Ángel, en esta ocasión Alegría sí advirtió a Natalia y Lucía de que tenía la intención de conocerlas. Para ellas, indican a este periódico desde su nave, «el visitar los pueblos pequeños es una muy buena estrategia electoral, ya que le sirve para acercarse a quienes ven la política como algo lejano que se desarrolla en Zaragoza y les muestra una preocupación por su situación».
El interés de Alegría por este tipo de electorado atiende a una necesidad surgida a raíz de la pérdida masiva de votantes en la capital de la región durante los últimos años, donde, además, los escándalos de corrupción y su polémica comida con Paco Salazar pueden tener un mayor efecto.
De hecho, esta es una realidad palpable a medida que nos aproximamos a la gran ciudad aragonesa. En Utebo, donde la candidata estuvo viendo el Campeonato de España de Basket Infantil y Cadete de Selecciones Autonómicas (CESA), existe un mayor rechazo hacia su figura por su reciente pasado en el Gobierno.
«No me hace mucha gracia que haga este recorrido, porque lo hace solo por rascar votos en las elecciones y no tiene un verdadero interés por lo que pasa aquí», explica un vecino preguntado por la calle. Su testimonio coincide con el de otra mujer que reconoce que vota al PSOE «por una cuestión ideológica y porque me parece lo menos malo dentro de lo que hay», pero que, al tiempo, considera «curioso que vaya a Talamantes, cuando no ha ido allí en su vida ni va a volver a ir, justo cuando necesita que la gente le vote».
Todos estos viajes fueron realizados antes de que la campaña del PSOE en Aragón saltara por los aires por el acuerdo alcanzado entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras para reconocer la ordinalidad de Cataluña en el sistema de financiación autonómica. Desde que se produjo ese encuentro, Alegría, quien afirmó que defendería «con uñas y dientes» a Aragón en esta cuestión, ha tratado de explicar por activa y por pasiva que su región saldrá beneficiada con la nueva propuesta, por la que recibirá 629 millones de euros más respecto al anterior modelo.
«Con ese dinero podríamos desplegar un importante parque de viviendas público y verdaderamente asequible para muchos vecinos; pagar durante año y medio los gastos del hospital Miguel Servet; sostener el coste de operación de unas 2.500 camas hospitalarias durante un año; construir 6 hospitales como el de Teruel, unos 175 colegios u 85 nuevas residencias de mayores», indicó la ex ministra desde Montalbán, otra localidad turolense en la que pidió un mayor impulso para el empleo rural.

