Ballet Flamenco de Andalucía
Espectáculo: 'Tierra bendita', del Ballet Flamenco de Andalucía / Dirección y coreografía: Patricia Guerrero / Composición musical: Jesús Rodríguez y José Luis Medina, excepto 'Tierra bendita', de Dani de Morón / Otras coreografías: Eduardo Leal /
Cuerpo de baile: Adriana Gómez, Álvaro Aguilera, Ángel Fariña, Araceli Muñoz, Arturo Fajardo, Claudia la Debla, Hugo Aguilar, María Carrasco y Sofía Suárez / Cante: Amparo Lagares y Niño de Gines / Guitarras: Jesús Rodríguez y José Luis Medina / Percusión: David Chupete / Lugar y fecha: Teatro Villamarta, de Jerez. 3 de marzo de 2025.
CALIFICACIÓN: ***
El vasto universo en que la danza encuentra refugio es un desafío permanente para las grandes compañías, tanto que el baile deja de ser un lujo para convertirse en una herramienta de cohesión social y democratización artística.
Es la visión global de 'Tierra bendita', una "suite" con la que el Ballet Flamenco de Andalucía (BFA) dialoga, piensa y recrea sobre el espacio imaginario del territorio, por lo que no trata de adaptarse al entorno, sino de responder a él, de construir una narrativa que dialogue con lo más representativo y facilite la actuación.
El montaje, que es el tercero de los propuestos por el BFA bajo la dirección de Patricia Guerrero, se articula sobre una docena de movimientos que hacen de la tierra un sistema vivo y dinámico, encontrando en 'Territorios' la tarjeta de presentación, para proseguir con la taranta del Niño de Marchena en la garganta de Niño de Gines, llena de matices expresivos.
A partir de ahí asoman las creaciones coreográficas, en las que el cuerpo se expresa por medio de vectores predeterminados, como la atmósfera que se respira en la 'Venta el Pobre', donde los tangos de Triana impulsan el deseo a la gran relevancia de Eduardo Lean en los tientos, manteniéndose el auditorio atento y sin parpadear, porque la técnica y la disciplina son pilares fundamentales en el mundo de la danza, sobre todo cuando se ofrece un repertorio rico y experto, que es el que cautiva al público habitual de este festival.
Llegado el momento de la 'Encarnación', el solo de castañuelas de David Chupete, somos preso de la distancia, porque el percusionista representa con su destreza los anhelos a los que los jóvenes músicos pueden aspirar, lo que contrasta con la 'Tierra bendita', los fandangos de Amparo Lagares y Niño de Gines, de canon clásico para oídos agradecidos.
Ángel Fariña y Lucía la Bronce nos invitan a revisitar lo natural por medio de un juego de referencias experienciales en el 'Paseo de los Tristes', donde la granaína, arrojada con gusto desde la sonora guitarra de José Luis Medina, se anuda en nuestros corazones para recibir a los chicos con chaquetilla corta y sombrero, que hacen alarde del zapateado 'De Cabo a la Alcazaba', y a las chicas bailando por cantiñas en la gaditana 'Plaza de las Flores'.
Unas y otros enriquecen la propuesta coreográfica e invitan a la madurez y el matiz del gesto, que todavía tendremos ocasión de ver más adelante. Quiero decir que lo visto hasta aquí. alimenta un imaginario en el que confluyen todos los elementos que se han ido fraguando a lo largo del tiempo y que abarcan un gran repertorio del movimiento.
Y llega la 'Fiesta en la Gloria', del siempre recordado amigo Manuel Benítez Carrasco, poema que Patricia Guerrero entrelaza entre el fandango y la bulería de manera magistral, en estructura pautada que le permite introducirnos en los ritmos más profundos de la soleá, en la 'Alameda' sevillana, con pinceladas intuitivas y penetrando en las sensaciones más placenteras que se pueden experimentar.
El grado de verosimilitud se confirma con la 'Andaluza', una seguiriya a cargo de Patricia Guerrero y Eduardo Leal en la que las sensaciones de frescura se perciben totalmente inéditas, con una calidad de ese milagro escénico que llega a producir entusiasmo.
Alcanzamos así el cierre con toda la compañía, enlazados sus miembros en aquellos pasos que expresan ese plus de afecto que irradian los artistas que aman lo que representan, pero también esa juventud que, desde la ensoñación con el terruño, emula la desnudez y la tranquilidad de la edad.
Cada movimiento de 'Tierra bendita' constituye una obra, un pedazo de tierra que acabó siendo una coreografía al completo porque, en todo caso, ya tiene vida propia.
