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XXX Festival de Jerez

Olga Pericet desacopla la guitarra

La coreógrafa cordobesa pierde el misterio de la guitarra al mostrarla con una mirada divergente

Olga Pericet y Daniel Abreu en el paso a dos con el mantón de Manila.
Olga Pericet y Daniel Abreu en el paso a dos con el mantón de Manila.RINA SRABONIAN
Actualizado

OLGA PERICET

Espectáculo: 'La materia', de Olga Pericet / Baile: Olga Pericet y Daniel Abreu / Guitarra: José Manuel León / Bajo: Juanfe Pérez / Percusión: Javier Rabadán / Música original: José Manuel León y Juanfe Pérez / Coreografía: Olga Pericet y Daniel Abreu / Artista invitado: Daniel Abreu / Iluminación: Alfredo Díez / Sonido: Ángel Olalla / Imagen: Alain Scherer / Dirección artística e idea original: Olga Pericet / Lugar y fecha: Teatro Villamarta. 22 de febrero de 2026

CALIFICACIÓN: **

Olga Pericet ha desembarcado en el encuentro jerezano con 'La materia', la segunda entrega de la trilogía en la que la coreógrafa cordobesa se inspira libremente en la célebre guitarra de Antonio De Torres, almeriense que definió a finales del siglo XIX las bases de la guitarra española actual.

Si en el primer capítulo, 'La Leona', estrenado en la Bienal de Sevilla el año 2022, Pericet miraba a la guitarra desde fuera bajo la advocación de la guitarra del afamado lutier, en esta pieza lo hace desde dentro, a modo de introspección, y la dio a conocer en el Festival Temporada Alta de Gerona el 20 de octubre de 2023.

Pericet concentra el episodio de 'La Materia' en la contemplación a la guitarra, su madera para un sonido brillante o claro; la respuesta tonal; su tonalidad, cálida o profunda; su resonancia, rica o cálida, y, por supuesto, el olor, la brillantez del sonido e incluso hasta el silencio, con lo que arrastra al espectador a una asociación de ideas que le obliga a ampliar los sentidos y mirar desde otro lugar, a fin de patentizar que la diversidad perceptiva no sólo puede enriquecer, sino también redefinir lo que entendemos como arte en movimiento.

Por añadidura, Olga Pericet (Premio Nacional de Danza en la categoría de interpretación, en 2018), y el bailarín y coreógrafo canario Daniel Abreu (Premio Nacional de Danza en el apartado de la creación el año 2014), aparecen juntos por primera vez en escena y no buscan explicar los misterios de la guitarra ni reducirla a una etiqueta, sino que procuran mostrar cómo una mirada divergente puede construir un lenguaje visual propio, íntimo y profundamente humano.

Mas el intento es complejo de escenificar, ya que hay que demostrar que el interior de la guitarra es, a esta luz, un refugio sensorial para los protagonistas, unas piezas que funcionan como refugio sensual, un mapa emocional y herramienta de conexión para el púbico, pues en cada secuenciación no aparece esa sensibilidad que no se exhibe como excepcionalidad, sino como una manera cotidiana de habitar el entorno del instrumento.

Difícil, por tanto, resulta que la intimidad de la guitarra se convierta en un medio para nombrar lo que a veces no se puede definir, y menos aún para tender puentes con quienes la miran, lo que nos lleva a colegir cómo la propuesta lo que pretende sin lograrlo es proponer un viaje por universos donde la imagen deja de ser registro para convertirse en lenguaje, refugio y puente.

'La mirada' es, por consiguiente, una invitación en mayor parte de la acción a lo abstruso. No nos acerca a la sensibilidad de dos creadores en danza que construyen su propio

camino visual, sin que, además, renuncian a la complejidad sonora que lo habita. Y todo porque, si bien el paso a dos entrambos es una maravilla, el error es desmantelar toda noción entre el hombre y la mujer, esto es, querer mostrar la feminidad como una realidad intrínseca al ser humano.

La feminidad, desde 'La mirada', no solo es un acto de sentido común, sino que aquí lo es de resistencia contra todo sistema que busque despojar a la mujer de su esencia, lo que se entrelaza con el erotismo como un concepto que va más allá de lo puramente sexual, como una experiencia integral que incluye el cuerpo, la mente y las emociones, pese a que el baile de Pericet por soleá, con el mástil a modo de peineta, impresiona por la fácil complejidad de los recursos que maneja y la limpieza de sus pies, aunque el cierre invita a una revisión.

Destaco, igualmente, la taranta de José Manuel León y la coreografía del mantón blanco con la petenera a merced del bajo eléctrico, así como el reflejo en el mantón de 'La leona', remoquete de la guitarra de Antonio de Torres, porque lo que sobrevino después, en plan chim pam pum discotequero, fue más ruido que nueces.

Y es que cuando se pretende otra forma de comunicación no verbal que va desde miradas hasta caricias, es necesario crear un espacio verosímil como antesala del deseo. Es, a modo de conclusión, lo mollar del montaje, falla la conexión emocional como componente crucial del deseo, porque en gran parte de la propuesta, esa conexión es inexistente y aburrida, dado que no se refiere a la capacidad del ser humano para compartir pensamientos, sentimientos y experiencias profundas con otra persona.