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Las borrascas Leonardo, Marta y los vientos huracanados que están sacudiendo la provincia de Málaga y alrededores han dejado un sabor agridulce. Sin embargo, dentro de los efectos negativos de su azote, también quedan estampas que invitan al optimismo y motivan a salir a pasear entre campos verdes, arroyos y cascadas.
El municipio de Alozaina, a 50 minutos de la capital, es hogar de una aldea cercana a un valle fluvial, donde contemplar restos arqueológicos y mucho más. Un lugar de ensueño para los aficionados al senderismo que buscan acabar con el ruido urbanita del día a día.
¿Cuál es el pueblo malagueño que debes visitar tras las intensas lluvias?
En realidad se trata de Jorox, un pequeño núcleo de población con apenas 25 habitantes y a tan solo cinco kilómetros del pueblo al que pertenece: Alozaina. Su ubicación, en el límite entre la Sierra de las Nieves y la comarca del Guadalhorce, hace de él un oasis de naturaleza donde el agua es el gran protagonista.
Y es que el manantial que da origen a su río homónimo discurre por la red de acequias y albercas de origen árabe que atraviesan la aldea. En su entorno, entre fértiles bancales y huertos, asoman los molinos que siempre han definido la historia y actividad de esta zona.
Jorox: cascadas increíbles, grutas y otros rincones naturales cerca de Alozaina
Las huertas y frutales que describen la periferia de Jorox contrastan con el cañón o barranco que sirve de cabecera a su arroyo de aguas cristalinas y refrescantes. En ese mismo escenario asoma la famosa cascada de Jorox, de 25 metros de altura, que da a parar al Charco de la Caldera. Esta piscina natural es ideal para los días de calor, al menos si la idea es ponerse el bikini y curiosear por la cavidad escondida tras la propia cascada.
También es un entorno perfecto para los que se inician en el barranquismo, con rápeles cortitos y un par de toboganes fruto de la naturaleza.
Para disfrutar de este enclave, especialmente avivado gracias a las lluvias invernales, es posible realizar una ruta que parte de la ermita del Santo Cristo de la Vera Cruz de Jorox. Tiene una dificultad media y solo dura una hora aproximadamente.
Un recorrido por las cuevas de Jorox y los vestigios de un pasado prehistórico
Esta aldea perteneciente a Alozaina está poblada desde el Paleolítico. O eso demuestran los restos encontrados en cuevas visitables como la del Tajo de Jorox, la de la Murcielaguina y la cueva de las Vacas. En esta última se encontraron huellas de fogatas, materiales del Solutrense Superior y una chimenea natural.
Otro de los hitos localizados en Jorox y que merece la pena visitar es La Mesa, una altiplanicie y zona arqueológica elevada dentro del valle, donde se sitúa la cueva de la Mesa y otros ejemplos prehistóricos. Su importancia es tal que se ha mantenido como lugar de peregrinación en la romería organizada durante las Cruces de Mayo.
Empedraíllo de chícharos y otros potajes para enfrentar el frío en el interior de Málaga
Tanta energía depositada en las caminatas y los vaivenes por el área natural abre el apetito a cualquiera. Unas ganas que se sacian con el recetario característico de Jorox (y de Alozaina).
Uno de sus platos más populares es el empedraíllo de chícharos, como se conoce en esta tierra a los guisantes. Esta elaboración no solo es el resultado del huerto: el guiso en cuestión lleva codillo de cerdo y tocino, entre otros ingredientes.
De los potajes habituales de la zona e idóneos para enfrentar el frío destacan las berzas con garbanzos, habichuelas verdes y calabaza; el malcocinado de chivo; la sopa hervía con su correspondiente mojete; y los roscos fritos como emblema de la repostería tradicional.
Para probar algunos ejemplos de la gastronomía local, solo hay que hacer una parada en Venta Rivita, un clásico en la oferta hostelera del pueblo. Está en la carretera Alozaina - Yunquera y tiene una amplia terraza con vistas panorámicas.
