Ana María Cembrero vivía sola, a sus 84 años, en un piso de la calle León X de Sevilla y llevaba ya dos cursos participando en un programa de convivencia intergeneracional que une a mayores o dependientes con estudiantes de la Universidad Hispalense que buscan alojamiento en la ciudad. El proyecto ofrece compañía a personas a cambio de un techo y comida sin contrapartida económica por ninguno de los dos lados. Pero la experiencia, que resultó muy positiva para la anciana el curso pasado, se tornó este año una pesadilla y ha terminado de forma trágica, tras morir en un incendio presuntamente provocado por la inquilina, una joven argelina de unos 30 años que cursaba un máster en la Facultad de Filología.
El olor a humo alertó a los vecinos sobre la 1.10 de la madrugada del día 14 y, tras salir a la calle, se encontraron allí con la joven, que aparentemente había conseguido salir del piso por sus propios medios aunque sin poder auxiliar a la anciana.
A la llegada de los bomberos, fueron informados de la presencia de una mujer de avanzada edad en el interior de un cuarto piso. El equipo de rescate accedió al interior de la vivienda y localizó a la víctima tumbada junto a la mesa del salón y en medio de una intensa humareda.El incendio se había extinguido confinado pero los agentes tuvieron que intervenir para que el humo se disipara abriendo todas las ventanas, según el informe elaborado por los Bomberos de Sevilla.
Ana María sufría una grave intoxicación por humo y quemaduras, que provocaron una parada cardiorrespiratoria de la que inicialmente consiguieron sacarla los servicios de emergencia. Murió horas más tarde en la Unidad de Quemados del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla.
Cuando los bomberos y la Policía Nacional realizaron una primera inspección ocular de la vivienda siniestrada descubrieron indicios de que el fuego había sido provocado y la joven estudiante fue detenida por el incendio y por homicidio.
Ahora, la familia de Ana María Cembrero tiene que lidiar con un doble impacto: el de la muerte de la mujer y el de saber que dio cobijo en su casa y compartió su día a día con una persona supuestamente capaz de hacerle un daño irreparable.
La familia de Ana María informó a los medios a través de un comunicado de que, efectivamente, la octogenaria y la presunta homicida habían convivido durante dos meses a través del programa de alojamiento que gestiona la Universidad.
Contaron también que la mujer ya tuvo a otra estudiante alojada en su casa durante el curso 2024-2025, «con la cual mantuvo una excelente relación». La experiencia resultó «extraordinaria», apuntó la familia, pero la alumna se marchó antes del verano dado que concluyó sus estudios en Sevilla.
Ante el resultado satisfactorio de la convivencia, Ana María volvió a participar en el programa y se puso a disposición de la Hispalense a comienzos de este curso, siéndole asignada una nueva estudiante hace ahora dos meses.
Al principio -explicaron los allegados-, el trato de la joven hacia la anciana fue correcto. Pero, durante las semanas previas al incendio fatal, Ana María empezó a quejarse de algunos comportamientos por parte de la inquilina que enturbiaban la relación entre ellas. Por ese motivo, la familia solicitó a la Universidad un cambio de inquilina. «La convivencia con esta persona no estaba siendo la esperada», relatan, y, por tanto, se solicitó un traslado de residencia para la alumna.
«Esta circunstancia fue comunicada tanto a la Universidad como a la propia estudiante durante la semana anterior a los hechos. Desde entonces, la Universidad estaba buscando nueva residencia para ella». Pero durante ese proceso, que habitualmente no tarda más de tres o cuatro días, según la Universidad, continuó residiendo temporalmente en el domicilio de Ana María.
Tras tener noticia del incendio, la familia acudió de inmediato a la vivienda, pero la mujer acabó muriendo en el hospital aquella misma tarde. «La investigación policial nos confirmó posteriormente que, efectivamente, el incendio había sido claramente intencionado», explicó la familia, que agradeció en este comunicado el trabajo de los servicios de emergencias que intervinieron y, en especial, el de la Policía Nacional, «por la profesionalidad y el trato humano recibidos en todo momento y durante todo el procedimiento».
Ni la familia ni la investigación policial han ofrecido de momento ningún detalle sobre otras circunstancias que motivaran la reacción violenta de la joven. Pero, dada la sucesión cronológica de los hechos, no se puede descartar que actuara en represalia por la decisión de la anciana de dar por finalizado el acuerdo de convivencia.
34 años de convivencia para 1.100 personas
Para la Universidad de Sevilla, lo sucedido supone un varapalo mayúsculo para el prestigio de uno de los programas sociales más reconocidos de la institución, que arrancó en 1992 y del que se han beneficiado en 34 años unas 1.100 personas, entre caseros e inquilinos.
La rectora de la Universidad de Sevilla, Carmen Vargas, expresaba este martes ante los medios de comunicación su consternación por lo ocurrido y se mostraba convencida de que la confianza en el programa no se verá afectada por unos hechos tan trágicos e insólitos. «Se trata de un caso aislado con consecuencias terribles», afirmó la rectora, que tomó posesión del cargo hace escasamente un mes.
Anunció, no obstante, que se revisarán los protocolos para estudiar, si fuera posible, mecanismos que permitan afinar en la selección de los participantes, aunque explicó que siempre se realizan entrevistas previas con las personas acogedoras y los alumnos buscando la mayor compatibilidad entre ellos. En cualquier caso, cuando alguna de las dos partes solicita el fin de la convivencia, se da respuesta en apenas unos días. En el caso de Ana María, la solicitud de cambio de residencia se había presentado la semana anterior a los hechos y no había dado lugar a materializar el traslado.
Carmen Vargas, que admitió que el suceso trágico había dejado «en shock» a la comunidad universitaria, repitió ayer sus condolencias a la familia de Ana María Cembrero y confió en que la investigación judicial se resuelva pronto.
Este curso, 18 estudiantes conviven en familias de acogida (monoparentales, con personas mayores o dependientes) gracias al programa de la Hispalense. Los participantes establecen sus propias normas de convivencia, que quedan recogidas en un acuerdo en el que se debe hacer mención expresa a que las funciones que tenga que realizar el estudiante en la vivienda no entorpecerán sus obligaciones académicas.
