Dolorosa despedida de la familia Zamorano Álvarez en Aljaraque (Huelva)
El municipio de Aljaraque ha vivido hoy su jornada más amarga al despedir a cuatro de sus vecinos, fallecidos el pasado domingo en el trágico accidente ferroviario ocurrido en Adamuz. El funeral, celebrado en el pabellón deportivo municipal, se convirtió en un acto multitudinario en el que el pueblo entero, junto a numerosas personas desplazadas desde la cercana localidad de Punta Umbría —donde la familia también tenía fuertes vínculos—, se volcó para arropar a una familia "deshecha por la tragedia".
Uno de los momentos más conmovedores se produjo a la salida de los féretros, cuando los antiguos compañeros de Pepe Zamorano, el niño de 12 años fallecido, lanzaron globos blancos al cielo en el instante preciso en que los cuerpos abandonaban el recinto. Este emotivo homenaje fue una iniciativa de los propios alumnos del colegio Antonio Guerrero para que su mensaje de cariño llegara a su amigo, con quien compartieron años de "pupitre, complicidad y juegos". Pepe era recordado por sus allegados como un niño que amaba el campo y la caza, alejándose del interés común de otros niños por los videojuegos.
Junto al pequeño, recibieron sepultura sus padres y su primo. Pepe Zamorano, el padre, era un conocido empresario de maquinaria pesada, definido por sus conocidos como un hombre "muy trabajador" que prestaba servicios frecuentemente al Ayuntamiento. Su esposa, Cristina Álvarez, era una mujer alegre que regentaba una tienda de moda infantil en Punta Umbría y sentía una gran pasión por el canto, habiendo llegado a participar en un programa de Canal Sur Televisión presentado por María del Monte. El cuarto fallecido, su primo Félix, de 25 años, regresaba con ellos tras haber asistido juntos a un partido del Real Madrid en la capital.
En medio de este desolador panorama, la atención se centra ahora en Cristina, la hermana de 6 años de Pepe, quien fue la única superviviente del siniestro que acabó con casi toda su familia. Aljaraque, de 22.000 habitantes, permanece bajo un trauma profundo que va mucho más allá de los tres días de luto oficial. El silencio que imperó durante la ceremonia solo fue interrumpido por los sollozos desgarrados de los asistentes, en lo que los vecinos califican como el suceso más triste que ha vivido la localidad.
