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Batalla global de narrativas

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Comparecencia del embajador de Rusia ante la ONU.
Comparecencia del embajador de Rusia ante la ONU.AP

Regreso de Bruselas de participar en la conferencia anual de embajadores de la Unión Europea. Lo que más ha trascendido es la regañina del Alto Representante, Josep Borrell, a sus embajadores por su lentitud en reaccionar ante los acontecimientos y tomar la iniciativa sobre el terreno. De fondo hay un tema que obsesiona en Bruselas: la llamada "batalla global de narrativas", que no es sino la sensación de que la Unión Europea y la OTAN no consiguen hacer llegar sus puntos de vista a muchos países del llamado "Sur Global".

El problema no es que Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua, Siria o Bielorrusia apoyen a Rusia en Naciones Unidas (por mencionar la coalición de autócratas que ha votado con Moscú a favor de la anexión de las cuatro provincias ucranianas en la última resolución condenatoria de Naciones Unidas), sino que un buen número de democracias de primer orden, como Brasil, India o Sudáfrica, se hayan abstenido (como, por cierto, lo ha hecho China) en una votación reprobatoria de esa peculiar reinterpretación que Putin ha hecho del derecho de autodeterminación de los pueblos consistente en invadir y destruir un país para luego anexionarse parte de su territorio.

Cómo explicar un voto como el de Brasil, India o Sudáfrica. ¿No les preocupa el precedente que la guerra y la anexión representan? Pues parece que sí, pero no lo suficiente. ¿Por qué lo hacen? Unos apuntan a la memoria del colonialismo, otros al ninguneo al que los ricos y poderosos del G-7 han sometido a estos países no invitándolos a la mesa del poder global. También están los que hablan de los dobles raseros con respecto a Israel-Palestina o la invasión estadounidense de Irak. Hay muchas explicaciones plausibles, pero en todas tiene peso la eficacia con la que Rusia, China y otros manejan las redes sociales para plantar sus mentiras, medias verdades y narrativas favorables y la torpeza con la que nosotros contrarrestamos su propaganda (excepto Ucrania, por cierto).

No deja de resultar deprimente que Internet y las redes sociales, inventadas por libertarios fervientemente creyentes en la democracia, estén siendo tan exitosamente explotadas por los enemigos de la libertad que algunos diplomáticos europeos expresen públicamente su impotencia: "Poner más tuits no es la solución", dijo uno. Y tiene razón. Como dijo, nos enfrentamos a "una operación de desinformación global a escala industrial". Si no entendemos eso, no podremos hacer nada al respecto.

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