No tengo pruebas pero tampoco dudas de que Pedro Sánchez firmó su divorcio de la opinión pública cuando indultó a los procesistas. Con esa arbitrariedad, únicamente motivada en el oportunismo, le inoculó un virus insidioso a su Gobierno.
En su gabinete se celebró con gran imprudencia el éxito de la operación. No sabían que esta sería una enfermedad de gravedad silenciosa, de las que te va corroyendo sin apenas presentar síntomas. Por de pronto, no habría forma de explicarle a los 4.000 firmantes del manifiesto por el indulto de Griñán por qué la de Junqueras es una malversación que sí merece clemencia y la del ex presidente andaluz no. En ambos casos el dinero público se empleó para transformar un gobierno en régimen, lo cual sin duda merece un castigo, pero al menos los compañeros andaluces no hicieron de su fondo de reptiles una épica para justificar una extranjerización masiva.
En cuanto a las evidencias de autoindulto, basta decir que Sánchez podría seguir gobernando con Griñán en la cárcel y jamás habría sido investido por el partido de Junqueras de no mediar la promesa de la gracia.
Que nadie esperara al PSC en la manifestación del domingo por los derechos de los catalanes denota la maduración de la resistencia civil en Cataluña. En otro tiempo no tan lejano, se habría apelado a la naturaleza anfibia de los socialistas catalanes para lograr al menos la presencia en la marcha de un concejal suyo de alguna aldea cualquiera. Pero la entrega de los mil hijos de Canet ha sido una transacción más del PSOE, no ya del PSC, perfectamente coherente con la excarcelación de Junqueras, por cuanto tiene como única motivación conservar el poder.
Lo fundamental de aquel indulto, en principio de apariencia tan inocua, es que ha conseguido agraviar justamente a un prevaricador y a un malversador, que es, le pese a quien le pese, lo que el Supremo ha sentenciado que es Griñán. Si esto es así, y lo es justamente, como digo, qué sensación de ultraje no invadirá a ese tipo normal que jamás ha manejado lo que, en histórica perífrasis de El País, fue "un sistema heterodoxo de agilización de pagos que vulneraba el procedimiento establecido y esquivaba los controles económicos y de la Intervención".
Aquel indulto fue algo emancipador, sin duda, y hoy es cuando se empiezan a observar con más claridad sus efectos, hasta ahora dormidos como los de un virus insidioso.
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