OPINION
That's me in the corner
Opinión

'Expedición de castigo'

PREMIUM
Actualizado

La utilización de la lengua (como antes fue la raza) como criterio de ciudadanía muestran la naturaleza totalitaria del nacionalismo en Cataluña.

'Expedición de castigo'
LUIS PAREJO

"Ayer pasamos un día grandioso. Había unos cuantos comunistas insolentes en Okrilla y organizamos una expedición de castigo". Victor Klempeler se quedó unos instantes en silencio al otro lado del auricular. El que le hablaba era un viejo alumno al que en tiempos había tratado casi como a un hijo. "¿Qué hicisteis?", preguntó. "Nada, hacerlos pasar por un túnel de porras y darles un poco de aceite de ricino, nada sangriento, pero, eso sí, muy efectivo. Una expedición de castigo". Y esa palabra (Strafexpedition, en alemán) fue con la que el filólogo inauguró su LTI, La lengua del Tercer Reich (Minúscula), el esclarecedor diario de un intelectual perseguido por su condición de judío que supo intuir que en la resignificación del lenguaje se encontraba ya el origen de una nueva dictadura. "Strafexpedition", anota, "es la primera palabra que percibí como específicamente nazi". Lo que vino luego es de sobra conocido. Y, no obstante, ignorado en España, por conveniencia o cobardía, ante ejemplos de desprecio y marginación social de quienes han sido señalados como enemigos por un poder despótico como el nacionalista. Sea este de inspiración socialista -como el alemán de los años 30-, o de raíz tradicional y reaccionaria, como el actual en Cataluña. "Las expediciones de castigo privadas", concluye Klempeler, "y parecidas más que nada a una actividad deportiva dominical fueron sustituidas enseguida por las operaciones policiales de carácter regular y oficial, y el aceite de ricino, por el campo de concentración".

De las palabras y expresiones acuñadas por el nacionalismo catalán, inmersión es sin duda la que mejor define su aspiración totalitaria. María Moliner dedicó en su diccionario una entrada para especificar la naturaleza diferenciada del sustantivo cuando va adjetivado. Y así, inmersión lingüística no sería sino la "integración de una persona en la vida cotidiana de los hablantes de una lengua diferente de la suya con el fin de aprenderla". Acto voluntario, en suma. Cuando esa inmersión pasa a ser una condición de ciudadanía (como lo fueron la ideología y la raza en la Alemania nazi) se está cruzando una línea de consecuencias previsibles. Las advertencias de los activistas separatistas -aplaudidas por la Generalitat- a una familia que intenta reivindicar el derecho de su hijo a sustraerse a esa disolución en el viscoso líquido de un pueblo que se entiende a sí mismo como la materialización de una lengua y una cultura, son los prolegómenos de algo ya ensayado: la creación de un Estado nacional puro. Esto es, totalitario.

A Arturo Arnalte, in memoriam.

Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más
Cabo sueltoPara Serrat
A vuelta de páginaEl delito de lesa humanidad del 'apartheid' catalán
FiguracionesInsistencias