Quién. Mick Lynch, el sindicalista más impopular del momento en Reino Unido, por su papel en las huelgas de trenes.
Qué. A la gran disrupción de diciembre con los paros también se han apuntado las enfermeras, los profesores, los empleados de correos y los bomberos.
Para qué. Reclamar mejoras para los trabajadores y en el precario servicio ferroviario del que sufren a diario los ciudadanos británicos.
Se llama Mick Lynch, pero ya ha sido bautizado popularmente como el "Grinch" que amenaza con robar a los británicos las navidades. Es el sindicalista más impopular del momento, por su papel en las huelgas de trenes que se suceden sin tregua desde el pasado verano, como anticipo de la "gran disrupción" de diciembre con los paros a los que también se han apuntado las enfermeras, los profesores, los empleados de correos y los bomberos.
"No soy el "Grinch", solo un sindicalista empeñado en lograr un acuerdo para los trabajadores", se ha defendido púbicamente Mick Lynch, ante la insidiosas comparaciones con el personaje gruñón del Dr. Seuss. En representación de los 40.000 trabajadores del sindicato ferroviario RMT, Lynch lleva librando un pulso con sucesivos Gobiernos (y van tres) para lograr un aumento salarial del 8% en dos años y evitar más de tres mil despidos.
"Todo el proceso ha sido una farsa", proclama el aguerrido sindicalista con sangre irlandesa, curtido delante de las cámaras por sus apariciones en el Question Time de la BBC. Lynch espera que el nuevo secretario de Transporte Mark Harper logre mediar finalmente en el conflicto, y entre tanto pide disculpas a los pasajeros: "Nunca hay un buen momento para una huelga, pero hemos evitado a conciencia las fechas más señaladas de Navidad. No podemos permitir que nuestras acciones se enfríen. Tenemos que lograr la seguridad y las condiciones justas para nuestros trabajadores".
El caso es que entre huelgas, falta de personal, problemas de mantenimiento, reducción de la frecuencia, impuntualidad y un sinfín de razones, viajar en tren se ha convertido poco menos que una pesadilla, sobre todo en el sufrido norte de Inglaterra. Los problemas se acumulan ahora, pero el traqueteo viene de mucho antes, desde el momento en John Major decidió consumar la privatización de British Railways (la Renfe británica) en 1997 y repartir el botín entre más de una veintena de compañías, responsables del irresistible declive en poco más de dos décadas.
Los trenes británicos son probablemente los más viejos, los más caros y los menos fiables de Europa occidental. Un trayecto en hora punta Londres-Manchester (260 kilómetros) puede llegar a costar 430 euros, según denunciaba la directora de la edición norte de The Guardian Helen Pidd en un demoledor artículo titulado: "¿Quién arreglará nuestro lamentable servicio de trenes?".
Precios abusivos. Suspensiones constantes. Reservas anuladas. Viajes en el suelo o entre vagones. Servicios rotos. Wifi que no funciona... Quien suscribe tiene ya un acopio de incidencias que culminaron hace un año con el viaje de casi doce horas entre Edimburgo y Londres (534 kilómetros), con un tren roto, trayecto en autobús entre Newcastle y Durham, esperas interminables y renqueante tramo final.
Un viaje similar en AVE Madrid-Barcelona se completa en dos horas y media, en vagón de lujo para los estándares británicos y a un precio bastante más asequible. Pero el único tren de alta velocidad aquí es Eurostar, que conecta las islas británicas con la cada vez más lejana Europa. La segunda línea, el HS2, que debería haber conectado Londres con Birmingham, sufrió severos retrasos y ahora se anuncia para finales de esta década.
"Lo que pasa con los trenes está teniendo un impacto ruinoso en las vidas de la gente y las economías las empresas", denunció recientemente el alcalde de Manchester Andy Burnham. En tiempos de Jeremy Corbyn -que desafió al mismísimo Richard Branson tras tener que viajar en el suelo en un tren de Virgin- el Partido Laborista llegó a proponer incluso la renacionalización para acabar con el caos, que se ha agudizado a salida de la pandemia (con compañías como Avanti West Coast o Transpennine Express cancelando hasta una tercera parte de sus servicios).
Las huelgas, al fin y al cabo, no han hecho más que contribuir al marasmo de los trenes y al malestar social que está calando cada vez más hondo en Britalia, con el trasfondo de la crisis política y económica que no cesa. Salvo que Mick "Grinch" Lynch lo impida, los trenes harán más "parones" de lo habitual el 13, 14, 16 y 17 de diciembre, y luego también en enero, y a saber hasta cuándo.
Conforme a los criterios de
