Desde Teherán hasta Ramala pasando por Beirut y Abu Dabi, Oriente Próximo sigue las consecuencias de las elecciones en Israel con más atención que las cuatro anteriores celebradas desde 2019. En primer lugar, porque se vislumbra un ejecutivo homogéneo con potencial de mayor duración. Segundo y más importante, su composición pero no por la identidad del nuevo primer ministro, un viejo conocido llamado Benjamin Netanyahu, sino por sus acompañantes en su sexto mandato. Si no sorprende con un pacto con el centrista Benny Gantz, su coalición dependerá en parte de una formación ultranacionalista incluyendo el populista y radical Itamar Ben Gvir.
Tras año y medio en la oposición, Netanyahu regresará a la oficina en Jerusalén en la que estuvo 15 años. Allí le esperará en la pared el mapa regional en el que Irán sigue siendo el punto más estratégico. Pero el recorrido del mapa empieza en el vecino Líbano debido al reciente acuerdo sobre sus fronteras marítimas y la exploración de gas. "Yair Lapid capituló ante el grupo terrorista Hizbulá y cedió dinero de nuestro gas", denunció en campaña electoral. Pero entonces era Bibi el político. Ahora, como Netanyahu primer ministro, no anulará el acuerdo como tampoco anuló el Acuerdo de Oslo al sustituir a Simón Peres en 1996.
"Tenemos garantías de EEUU de que no puede ser fácilmente cancelado. Si (Netanyahu) lo hace, se estará retirando de un acuerdo con EEUU", afirmó Elias Bou Saab, vicepresidente del Parlamento libanés y uno de los negociadores del tratado con el país con el que aún está técnicamente en guerra.
Bajo la ola de atentados, incursiones y tensiones en los últimos meses, el reto más cercano de Israel es el conflicto con los palestinos. "El aumento del voto a partidos de la derecha religiosa y radical en las elecciones es el resultado natural de la radicalización y racismo crecientes en la sociedad israelí", denuncia el primer ministro palestino Mohammad Shtayyeh que considera igual a todos los candidatos:"Es como la diferencia entre Coca Cola y Pepsi".
Si la actual coalición liderada por un dirigente a favor de la solución de dos Estados y que incluía un partido árabe y el pacifista Meretz no pudo reactivar la negociación estancada desde 2014, tampoco lo hará un Gobierno opuesto rotundamente a la creación de un Estado palestino. El único miembro del Gobierno que expresó públicamente su apoyo en el pasado fue Netanyahu.
El nuevo ministro de Defensa no se reunirá con el presidente palestino Abu Mazen como hizo Gantz para blindar la cooperación en materia de seguridad. "No hay que reunirse con un negacionista del Holocausto que da dinero a los terroristas", decían ayer los que mañana tomarán las riendas del país. Netanyahu, cuya práctica es más pragmática que su retórica, seguirá la coordinación aunque a través solo de los altos mandos de seguridad. La pregunta es si Abu Mazen decide romper todos los puentes que aún quedan con Israel con un Gobierno tan favorable a las colonias y desfavorable a su causa.
Netanyahu no necesita ver el mapa en la pared sino salir del despacho para encontrar el punto más explosivo: la Explanada de las Mezquitas (Islam) o Monte del Templo (judaísmo). El líder conservador siempre fue un enamorado del statu quo en general. Y el de este santuario establece que los judíos pueden visitarlo pero sin rezar. "No es justo que los musulmanes puedan rezar en la mezquita y nosotros no podamos en el Monte del Templo", sostiene Ben Gvir acusado por muchos de "pirómano".
Si la mecha en este recinto sagrado enciende una Intifada, Jordania retirará a su embajador en Tel Aviv. Al margen del estatus que tiene sobre Al Aqsa, la causa palestina es muy importante en la relación de Amman con Israel. Además, Netanyahu y los dos últimos reyes (Hussein y su hijo Abdalá II) mantuvieron pésimas relaciones. Abdalá II hubiera puesto la papeleta de Lapid en las urnas en Israel.
La calle egipcia también apoya la causa palestina y, pese al acuerdo de paz en el 79, se niega a la plena normalización de relaciones. Pero su presidente Abdelfatah al Sisi, que sí tenía buenas relaciones con Netanyahu, se centra en la alianza estratégica con su país vecino que por ejemplo le ayudó en la lucha contra el terror yihadista en el Sinaí.
Los acuerdos de Abraham
Netanyahu exhibe como su gran logro diplomático la normalización de relaciones con Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin, Marruecos y Sudán bajo los Acuerdos de Abraham cosidos en 2020 por la Administración Trump. A cambio de un proceso que fortaleció la posición diplomática, militar y económica de Israel pensando también en el enemigo común Irán, Netanyahu renunció a la anexión parcial de Cisjordania. Aunque ahora lidere el Gobierno más favorable a este paso unilateral en el territorio ocupado en la guerra del 67, es improbable que lo haga ante el veto de EEUU y el temor que Jordania rompa relaciones y los Acuerdos de Abraham se congelen.
Pocos días antes de las elecciones, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan recibió a Gantz en la primera visita de un ministro de Defensa israelí en más de una década. "Da igual el resultado de las elecciones. Queremos seguir las relaciones con Israel basadas en respeto mutuo, sensibilidades e intereses compartidos", aclaró Erdogan que decidió reanudar la relación bilateral el año pasado.
Desde su vuelta al poder en 2009, la prioridad de Netanyahu es frenar el plan nuclear del régimen de los ayatolas en Irán que amenazó con destruir "el ente sionista". Todo ello bajo la creencia que solo él puede evitarlo y el deseo de ser recordado como "el protector de Israel". Las operaciones del Mosad seguirán.
Más allá de los asentamientos en Cisjordania, el plan nuclear iraní fue lo que hizo estallar las tensiones entre Netanyahu y el presidente Barak Obama. El entonces vicepresidente, Joe Biden, vio de cerca las acusaciones del dirigente israelí contra Obama en su propia casa (Congreso) por haber impulsado el acuerdo nuclear en 2015. Tres años después, Netanyahu contribuyó en la decisión de su amigo (hoy menos) Trump de retirarse del pacto, lo que llevó a Irán a enriquecer el uranio a niveles sin precedentes. Lapid y Netanyahu coinciden en la posición ante Irán pero el nuevo primer ministro no dudará en criticar abiertamente a EEUU si reactiva el acuerdo con Irán. Como los viejos tiempos.
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