Marruecos y Argelia intercambian invitaciones y vacíos con la Cumbre Árabe como escenario. Tras declinar a última hora la invitación para asistir a la reunión de los líderes en Argel, el rey Mohamed VI de Marruecos devolvió ayer el mensaje al presidente argelino, Abdelmayid Tebune, para que sea él quien vaya a «dialogar» a Rabat. La capital petrolera guarda silencio y, al cierre de esta edición, aún no se había pronunciado sobre el viaje. Con las relaciones diplomáticas entre ambos países rotas desde el verano de 2021 y un clima de hostilidad instalado en las tribunas mediáticas, la ventana de oportunidad de que se active un canal de conversación entre los dos líderes sigue de momento con la persiana echada.
El rey de Marruecos había manifestado su intención de viajar a Argel para asistir, junto a su heredero el príncipe Mulay Hasan, a la Cumbre Árabe que se ha organizado este 1 y 2 de noviembre. Es la primera reunión de los 22 países en tres años, tras el parón de la pandemia. Y suponía una ocasión perfecta para que Tebune, que ascendió a la Presidencia en diciembre de 2019, se luciera como líder con proyección internacional, después de casi una década de ausencia de Argelia bajo la era de su antecesor, Abdelaziz Buteflika. Tebune había invitado personalmente a Mohamed VI.
Sin embargo, a última hora el jefe del Estado marroquí decidió no acudir a la reunión. En su lugar envió a su ministro de Exteriores, Naser Burita, que ayer explicó a los medios la razón de la ausencia del rey: «No hubo confirmación [por la parte argelina] a través de los canales disponibles y apropiados» sobre las disposiciones que Tebune había previsto para recibir a su homólogo.
En una entrevista al canal de noticias Al Arabiya, el ministro argelino de Exteriores, Ramtan Lamamra, lamentó la ausencia de Mohamed VI como «una oportunidad perdida» para el Magreb y el Mundo Árabe. El diplomático argelino Abdelaziz Rahabi señaló al diario El Watan que el rey de Marruecos «ha cometido un error diplomático que rompe los últimos lazos posibles entre los dos países».
Las quejas de Marruecos pese a la afirmación de Lamamra de que Tebune habría recibido protocolariamente a Mohamed VI a su llegada a Argel las resumió Burita al estimar que «esta clase de reencuentro no se puede improvisar en la sala de un aeropuerto». Y así, lanzó el balón de vuelta.
Son varias las veces que el soberano se ha pronunciado a favor de reconciliarse con su vecino. Mohamed VI dedicó casi por entero a las relaciones con Argelia su discurso con motivo de la Fiesta del Trono, que conmemora su ascenso a la corona, en julio pasado. Así aseguró que Marruecos tenía la «firme voluntad de encontrar una salida a la situación actual» y que aspira «a trabajar con la Presidencia argelina» para que Rabat y Argel colaboren «para establecer relaciones normales entre dos pueblos hermanos, unidos por la historia, los lazos humanos y un destino común».
Sin embargo, a pesar de sus palabras, nunca concretó su oferta de mano tendida. El rechazo a ir a Argel ha dado otra señal, aunque en la prensa marroquí se dibuja otra escena. «El régimen político-militar de Al Muradia tuvo miedo de la presencia de Mohamed VI en la Cumbre de Argel», escribía en un editorial el diario marroquí Al Akhbar. Los medios cargaron contra la cumbre organizada por su vecino, criticando que había «nacido muerta».
A la ausencia de Mohamed VI se unió la de los líderes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. Pero Argelia se ha apuntado un tanto diplomático al haber logrado consensos y haber congregado al secretario general de la ONU, António Guterres, y a dos figuras de la Liga Árabe: el presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi, y el palestino, Mahmud Abas.
Argelia y Marruecos mantienen una rivalidad histórica por la hegemonía en el Magreb, pero en los últimos dos años su fractura se ha ahondado por el Sáhara Occidental, territorio ocupado desde 1975 por Marruecos. En diciembre de 2020, el entonces presidente de EEUU Donald Trump, emitió un tuit reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, listado por Naciones Unidas como un "territorio no autónomo" pendiente de descolonización. A cambio, Rabat restablecía relaciones diplomáticas con Israel, con el que ha comenzado una era de intercambios comerciales y cooperación en materia de seguridad y de defensa. Argel recela de este acercamiento, que ha exacerbado la tensión con su vecino.
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