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Las claves de la Carta Magna que fractura Túnez

El presidente, Kais Saied, ve aprobada su Constitución pero hace retroceder décadas el marco legal. La incertidumbre y el desapego a la clase política se instalan en el país

Partidarios de Kais Saied celebran el resultado del referéndum constitucional, en Túnez.
Partidarios de Kais Saied celebran el resultado del referéndum constitucional, en Túnez.Riadh DridiAP
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Túnez ha amanecido fragmentado en dos un día después del referéndum sobre la nueva Constitución. Con una participación que apenas ha sobrepasado el 30% de la ciudadanía llamada a las urnas, el proyecto ha quedado aprobado por el 94,6% de los que sí acudieron a votar, según los resultados anunciados oficialmente la noche del martes. El país se encuentra dividido entre los que apoyan el nuevo marco legislativo, redactado a la medida del presidente, Kais Saied, y los que lo rechazan. Este último campo, en el que se alinea toda la oposición política -con los cinco partidos más votados al frente- ha boicoteado la votación y se ha declarado afecta a la Constitución de 2014. Analizamos las claves que han llevado a Túnez hasta esta situación y sus posibles consecuencias.

¿Qué cambios introduce la nueva Constitución?

El marco propuesto por el presidente Saied supone un claro retroceso no sólo del texto de 2014 sino incluso si se lo compara con la constitución benalista, a juicio de algunos analistas consultados. La principal razón es que las prerrogativas del jefe del Estado no tienen ningún contrapoder, lo que entraña el riesgo de derivar en un régimen dictatorial. En un contexto en que las instituciones están desacreditadas, la oposición, fragmentada y el tejido de la sociedad civil, debilitado, este peligro es muy real. El presidente concentra todos los poderes en lo que se ha bautizado ya como "república hiperpresidencialista".

Como ha resumido Said Benarbia, director regional de la Comisión Internacional de Juristas, "el presidente no es responsable ante nadie, el resto de las ramas del Estado se reducen a meras funciones y las garantías para la independencia de los órganos constitucionales están ausentes". Además, el texto no menciona a Túnez como un Estado civil ni sobrepone el control civil al militar. El presidente nombra al jefe del Ejecutivo y a sus ministros. Puede prolongar su mandato aduciendo un peligro inminente para el Estado, lo que da vía libre, en palabras del profesor de Derecho Sadok Belaid, a una "dictadura eterna". Belaid fue en un principio encargado de presidir el panel de expertos que redactaría la Carta Magna, pero luego denunció que el borrador presentado fue ampliamente modificado por el propio Kais Saied sin consultar con nadie. "Ninguna de las salvaguardias que podrían proteger a los tunecinos de violaciones similares a las del régimen de Ben Ali existe", insiste Benarbia, que alerta de que esta Carta Magna "codifica la autocracia".

¿Por qué mudar ahora de marco legislativo?

Este movimiento estaba desde el principio en los planes de Kais Saied. Cuando en octubre de 2019 resultó elegido presidente, prometió una "revolución constitucional" para borrar la transición política emprendida en 2011, acabar con la corrupción y el naufragio económico y empezar de cero. Su perfil antisistema con tintes anarquistas y gadafistas sedujeron a la juventud, a la izquierda, a los antipolíticos y a los desencantados. El 25 de julio de 2021 dio su golpe de mano y suspendió el Parlamento, levantó la inmunidad a los diputados, cesó al primer ministro y se arrogó plenos poderes. Meses después, sin ningún poder que le hiciera sombra, anunció que una nueva Constitución sería sometida a referéndum y que en diciembre de 2022 se celebrarán elecciones legislativas bajo una nueva ley electoral. Las razones para actuar las volcó en la incapacidad de los líderes políticos para gestionar la pandemia y mejorar la situación económica. La oposición denunció un "golpe de Estado" que busca "cambiar la naturaleza del sistema político en Túnez y transformarlo de una democracia parlamentaria a un régimen presidencial, individual y autoritario".

¿Quiénes son los partidarios y detractores de Kais Saied?

Desde que resultó elegido presidente, Saied tiene como 'bestia negra' a Rachid Ghanuchi, líder del partido de inspiración islamista En Nahda y -hasta su disolución hace un año- presidente del Parlamento. El enfrentamiento personal entre ambos subyace en esta cita electoral. En Nahda ha calificado este escrutinio como "un golpe de Estado que pone en peligro los logros de la Revolución" de 2011, porque deja la puerta abierta al despotismo. Más allá de la enorme maquinaria de En Nahda, el resto del espectro político tampoco ha apoyado la propuesta de nueva Constitución, desde los populistas de Qalb Tunis hasta los neodesturianos nostálgicos de las dictaduras de Ben Ali y Burguiba como Abir Musi. "Doy las gracias a todos los tunecinos que no han participado a este crimen contra la humanidad", ha dicho Musi del referéndum.

Los partidarios de Saied -que no estaba sustentado por ningún grupo propio en el Parlamento diluido en 2021- son los desencantados con el proceso de transición emprendido tras la revuelta popular que derrocó la dictadura de Ben Ali, además de sectores de la izquierda radical y nacionalistas árabes. Durante estos años, los líderes políticos han ido construyendo las instituciones de un sistema democrático pero han fallado en mejorar el nivel de vida de la depauperada población. La puntilla ha sido la pandemia del Covid y la guerra de Ucrania, que han puesto al país al borde del 'default' y de la crisis alimentaria. Defienden que la Constitución es una "aproximación más realista" hacia las medidas concretas que Túnez necesita y que el sistema emanado de 2014 "no ha sido capaz de ser motor del crecimiento", sino que al contrario ha sido, junto con los actores políticos, la causa directa de la ruina del país.

¿Han legitimado las urnas la Constitución de Saied?

La votación se ha desarrollado ciertamente con escaso apoyo popular: la participación apenas ha llegado al 30%, lo que pone en duda su legitimidad. El dato confirma la desafección de la ciudadanía a los procesos electorales, tendencia que se viene acrecentando desde 2017. En las elecciones legislativas de 2019, la participación fue del 32% y en las presidenciales de ese mismo año, Saied consiguió el 72,71% de los votos, pero con una participación por debajo del 60%. La oposición, con el Frente de Salvación Nacional (FSN, una coalición de partidos en el que se integran los más potentes, como En Nahda o Qalb Tunes) a la cabeza, había llamado al boicot y ayer destacó el desapego popular hacia el proyecto constitucional al afirmar que "el 75% de los tunecinos han rechazado dar su aprobación al proyecto golpista lanzado hace un año por Kais Saied".

Sea como sea, una mancha oscura pende sobre la transparencia de la votación, que según Rafiq Haluani, fundador de Muraqibun -el observatorio electoral independiente que monitoriza todos los comicios en Túnez desde 2011- ha sido un "proceso débil" y "con numerosas infracciones". Meses antes del referéndum, Saied remozó mediante decreto la Instancia Electoral Independiente (ISIE), el organismo oficial encargado de velar por la votación, para nombrar a una persona de su confianza y someterla a su control. En mayo, la Comisión de Venecia emitió un informe a petición del Servicio de Acción Exterior Europeo que criticó la reforma de la ISIE como una violación de la separación de poderes y llamó a posponer el referéndum. Saied reaccionó denunciando una "flagrante interferencia" de la soberanía de Túnez.

¿Qué va a pasar a partir de ahora?

La palabra es incertidumbre. Entre la población cunde la resignación ante la falta de alternativas a un liderazgo eficaz. La deriva autoritaria de Saied ha sido producto en parte de un proyecto personalista y en parte también ha ocurrido porque la clase política le ha fallado a la sociedad tunecina con su incapacidad para resolver los problemas reales. Puede abrirse a partir de ahora un 'escenario a la libia' en el que rivalicen enfrentadas las instituciones y organizaciones políticas apegadas al sistema aprobado por consenso en 2014 que se nieguen a desaparecer contra el sistema que se derive de la Constitución de Saied. Vista la trayectoria de la transición tunecina de trabajar los consensos también es posible un escenario en el que se negocie un nuevo pacto social, aunque sea con las bases establecidas por el presidente antisistema.

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