Pablo Carreño avanzó a tercera ronda del US Open superando a Alexander Bublik en un partido más molesto que complicado (4-6, 6-3, 6-3, 7-6(5)). El kazajo es un bombardero menor, uno de esos sacadores cuyo tenis no alcanza mucho más allá del servicio, y cuya mentalidad es tan frágil que el camino más corto hacia el triunfo suele ser aguantar el chaparrón. Tarde o temprano, se desconecta, se desanima, se viene abajo.
Bublik es un pretendido niño malo, sin las formas ni el talento de Nick Kyrgios. "Odio el tenis con todas mis fuerzas. Solo juego por dinero. Si no hubiera dinero en esto, lo dejaría de inmediato", aseguró hace un par de años en una entrevista para 'L'Équipe'. Un jugador ciclotímico, capaz de alternar momentos de un juego excelente, con otros donde se deshace ante la presión y cede un set con dos dobles faltas seguidas.
Claro que es fácil decirlo pero Carreño, dos veces semifinalista del US Open, ganador del Masters 1.000 de Montreal hace dos semanas, bronce olímpico el verano pasado (todas ellas en pista rápida), se ha visto en peores que esta. Y como en los tres antecedentes -el más reciente, este año en Montecarlo, donde el kazajo abandonó-, el asturiano tardó en tomarle la medida, pero se acabó imponiendo.
Doble cara
En Nueva York no faltaron las dos versiones de Bublik. Empezando por la de ese pegador extraordinario que no da opción a réplica. En el primer set, el kazajo despachó misiles que Carreño no podía devolver, o que hacía en condiciones tan precarias que no tenía opción a segundo intercambio. A veces, el asturiano se colocaba tan atrás que quedaba fuera del tiro de cámara. Pero ni por esas lograba entablar diálogo. En cuanto Bublik logró un break, no hubo manera de remontarlo.
Esa puesta en escena tan rotunda contrastó con la imagen de las dos mangas siguientes, donde quebró a la más mínima dificultad. Bublik, impredecible para lo bueno y lo malo, muy dado a desconectarse, empezó a perderse en gestos a su grupo, a la grada, en maniobras de despiste que no calaban en Carreño, y a cometer errores en momentos de aprieto. El asturiano, firme, se apuntó los dos sets sin dejarse sacar del guión.
Pero es tan inestable el kazajo que solo cabía esperar un arreón en la cuarta manga, una resurrección que volviera a hacer sudar a Carreño. Y la hubo, vaya si la hubo. Hasta dos bolas llegó a tener el kazajo para forzar el quinto set, y un tie-break soberbio donde sacó todo lo que no había mostrado al resto en el partido. Se apuró el asturiano, que soltó la raqueta al ver caer de su lado el último punto. Ya espera en tercera ronda, donde espera Álex de Miñaur.
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