Aquella trampa de España, aquel oro en baloncesto en Sydney 2000, aquellos discapacitados intelectuales que no lo eran... aquel escándalo cambió la historia de los Juegos Paralímpicos. El Comité Paralímpico se vio obligado a endurecer las pruebas a todos los participantes, del informe médico se pasó a un sistema de clasificación con múltiples verificaciones y con ese cambio llegó la profesionalización y el dinero. En la última década, el descrédito quedó olvidado, los patrocinadores apostaron por los Paralímpicos y algunos campeones se convirtieron en estrellas. Pero ahora todo está en duda.
Hace unos meses, una de esas estrellas, la nadadora estadounidense Jessica Long, protagonista de un anuncio de la última Super Bowl, denunció que varias rivales habían trampeado el actual sistema de clasificación y sus acusaciones volvieron a menoscabar la credibilidad de los Paralímpicos. "No puedo ver cómo el deporte que amo es destruido de esta manera. Esto está sucediendo a nivel mundial y nadie hace nada al respecto", delató Long a Sports Illustrated con una explicación técnica.
En los Paralímpicos cada deporte divide a sus competidores en categorías según la afectación de sus discapacidades. En la natación, por ejemplo, se va de la clase S1, para los más graves, a la S10 para los más leves, además de cuatro clases para discapacidades visuales o intelectuales. Nadadores como Teresa Perales, sin movilidad en las piernas, o Xavi Torres, con una amputación congénita de brazos y piernas, comparten clase y no es problema. La clasificación funcional, que nació tras Barcelona 1992 y se perfeccionó tras el escándalo español en Sydney 2000, está aceptada por todos.
"Para decidir en qué clase compites, te hacen primero una valoración médica, luego una valoración técnica y finalmente una valoración en competición. Suelen escoger competiciones importantes tanto a nivel nacional como internacional para que no puedas fingir", expone el propio Xavi Torres, 16 veces medallista olímpico entre 1992 y 2008, que añade: "En principio esa clase es tu clase para toda la vida, pero el CPI decidió revisar todas las clasificaciones después de los Juegos de Río 2016. Vieron que, por poner un ejemplo, las nadadoras con la discapacidad de Teresa Perales, que antes no se tiraban del poyete, ya eran capaces de tirarse del poyete y ordenaron una revaluación completa. Entonces empezó toda esta polémica".
Recalificación
En los últimos años, antes de los Juegos Paralímpicos de Tokio, todos los aspirantes han tenido que pasar por una recalificación y, de ahí, la denuncia de Long. Según ella, en esas pruebas varios paralímpicos fingieron una mayor discapacidad para ser colocados en una clase más alta y en los próximos años competirán con ventaja. ¿Cómo lo hicieron? Tal y como reveló una investigación del diario The Guardian, los métodos fueron desde bloquear las extremidades durante largos períodos de tiempo para reducir la flexibilidad hasta tomar duchas heladas para empeorar el tono muscular antes de los exámenes.
"Si demuestras menos rango de movimiento o menos fuerza en esas clasificaciones tu clase variará, pero hay que tener en cuenta que el CPI tiene los informes médicos de todos los deportistas y que ese tipo de trampas están muy castigadas. En mi opinión todo nace con los cambios: ahora los criterios no son tan conocidos como eran antes y eso crea desconfianza. Hay deportistas que siempre estaban delante y ahora están atrás y entiendo que las quejas van por ahí", expone Ricardo Ten, siete veces medallista en natación y campeón del mundo en ciclismo.
En unos Juegos Paralímpicos en los que cada vez se mueve más dinero la diferencia entre situarte en una clase u otra puede cambiarte la vida, pero los deportes limpios también temen que la polémica por las trampas en las clasificaciones puede espantar a los patrocinadores y devolver a los tiempos de las penurias.
"Ahora se puede vivir de los Paralímpicos, aunque tampoco somos millonarios. Seguramente ha habido deportistas que hayan hecho trampas en las clasificaciones, no puedo decir que no, pero siempre serán casos excepcionales, nunca la norma. Llevo 31 años en esto y nunca he visto espíritu de engañar. En mi opinión no es comparable con el dopaje, por ejemplo, aunque estoy seguro que la ciencia puede evolucionar más y los márgenes de error pueden reducirse", argumenta Xavi Torres mientras Ricardo Ten cierra el debate: "Encuadrar todas las discapacidades por categorías no es fácil, siempre hay un margen que es casi imposible de concretar. Muchas veces te encuentras clasificaciones que no acabas de entender, que ves injustas, que llaman la atención, pero sólo se pueden resolver a través de las sanciones a quienes hayan hecho trampas".
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