LALIGA SANTANDER 2020 - 2021

Contrato de Leo Messi

La cláusula Opinión

Un hombre nunca puede ser un dios

PREMIUM
Un hincha sujeta una foto de Messi "GOAT" (Greatest Of All Times)
Un hincha sujeta una foto de Messi "GOAT" (Greatest Of All Times) REUTERS

Lo más barato que he comprado en mi vida fue un Ford Focus rojo que no me dio un problema en 15 años ejerciendo de transporte, trastero y habitación de hotel. Lo curioso es que, hipoteca aparte, nunca he pagado más por nada. Lo más caro que he comprado en mi vida fue, la crisis de los cuarenta, una cosa llamada poke, porque tenemos que cuidarnos. Tras el exótico nombre se escondía una ensalada sin conciencia de clase. Doce euros tirados a la basura antes de ir al Burger a zamparme un whopper. Tremendo despilfarro. Entonces, ¿Messi es caro? No. Es carísimo.

El Messi que va a costarle al Barça estos más de 500 millones, que si los pilla El Rubius se compra Andorra, es el Messi que penó por el campo contra el Bayern y no evitó las debacles de Anfield y Roma. Es el Messi que pica, pero no arrasa. Es el Messi que quiso largarse. Es un Messi de quien su afición espera que aparezca, pero ya no sabe que lo hará con la certeza de Neymar en cualquier carnaval. Dijo Valdano aquello de que Messi era Maradona todos los días. Lo era. Hoy es Messi sólo a ratos.

No, este Messi no vale ese dinero. Dos Ligas y una Copa no valen ese dinero. Convertir un club gigante en un esclavo no vale ese dinero. Poner al Barça al filo de una quiebra que amenaza con devolverle al gris pasado que fulminó Cruyff no vale ese dinero. La nostalgia no vale ese dinero. Ni siquiera la gratitud y la admiración lo valen. Este contrato es, desde cualquier punto de vista, una barbaridad histórica, pero...

¿Es culpa de Messi?

Sí. No. No sólo. Resulta tentador recurrir al populismo y reclamar que el futbolista demuestre su amor a los colores renunciando a dinero por el bien del club. Pero, por privilegiado que sea, pedir a un trabajador que ceda dinero a su empresa siempre es moralmente confuso. Aún más cuando esa empresa iba soltando los millones de cien en cien por Coutinho, Dembélé o Griezmann. Resulta cómodo usar a Bartomeu, saco de boxeo perpetuo y merecido, como coartada, como un pelele al que engañaron, cuando la realidad es que no renovar a Messi nunca fue una opción: jugaba sin cartas. Resulta injusto olvidarse del papel de una afición entregada, amnistiar a aquellos que, cuando un tipo que maneja estas cantidades defraudó a Hacienda, acudieron a aclamarle: "¡Róbanos, róbanos (aún más)!" . Este asesinato es Fuenteovejuna. O Kafiristán.

Transformar a una persona en dios siempre acaba mal. En El hombre que pudo reinar, un buscafortunas inglés encuentra, junto a su socio, el legendario reino de Kafiristán y su evolución igual les recuerda a alguien: primero se convierte en héroe, luego le nombran rey y al final convence a todos de que es una deidad. Pero un día sangra y los dioses no sangran. Así acaba el hechizo.

Este contrato es la sangre de Messi.

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