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15 años sin Francisco Umbral, el Picasso de las letras españolas

Hoy se cumplen 15 años del fallecimiento del autor de Mortal y rosa. El virtuosismo de su estilo, su audacia y la recuperación de sus libros avalan su vigencia

Francisco Umbral, en 2002.
Francisco Umbral, en 2002.Chema Conesa
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«Se cuenta que los pintores de París, contemporáneos de Picasso, ponían los cuadros del revés cuando iba el pintor porque el malagueño los miraba con sus ojos de gitano, los robaba, los mejoraba, los transfiguraba. Así ocurre con los escritores que le gustaban a Paco: los mejoraba».

Raúl del Pozo escribió esto sobre su amigo en el prólogo a La noche que llegué al café Gijón (Austral). Se conocieron bien, fueron cómplices y vivieron de todo en ese local de espejos y mármol que vive del recuerdo. De todo hace demasiado tiempo, pero la prosa y la poesía de Francisco Umbral late a los 15 años de su fallecimiento (murió el 28 de agosto de 2007).

«Morirse es un error -más en una época en la que solo importa la actualidad- pero entre los grandes escritores muertos en los últimos 30 años, Umbral es de los que mejor salud tienen. Las constantes reediciones de sus libros en Austral son una prueba». Así razona Juan Bonilla, Premio Nacional de Narrativa 2020, que añade: «Ha dejado huella en toda una generación de articulistas que están ahora entre los 40 y los 50. Veo su lirismo en las columnas de Antonio Lucas, creo que hay ecos suyos en los columnas de Alberto Olmos, por poner dos ejemplos muy distintos».

¿Qué libros suyos prefiere?
Sus diarios. Diario de un español cansado, Diario de un snob, Diario de un escritor burgués, Spleen de Madrid.
¿Es más de sus artículos, de sus novelas?
No veo la necesidad de escoger. Muchas de sus novelas pueden leerse como artículos enlazados, y al revés, sus libros de artículos son la novela de su época. La característica esencial de Umbral es que se las arreglaba para umbralizarlo todo.

La personalidad literaria de Umbral la marca su estilo, inconfundible e inimitable. Y distinto. Y no sólo en novelas clásicas como Mortal y rosa, sino en otras menos conocidas como Nada en el domingo.

«Era asombroso, nunca se sabía si hablaba de ficción o de verdad, lo mezclaba todo», cuenta Raúl del Pozo en el documental Anatomía de un dandy (2020). «Era un superviviente. Llegó a Madrid en un autobús con un estilo deslumbrante».

Esta película de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega rastrea la vida y obra de Umbral a través de las voces, con sus luces y sombras, de distintas personalidades que le trataron. Y destaca cómo el escritor comenta lo que algunos le reprocharon, el relatar una y otra vez su vida. «Cuento mi vida porque todas las vidas son iguales. Contando mi vida cuento la de los otros. Hay temas comunes a la especie humana como el amor, la soledad, la ambición, el sexo, el instinto de matar, el instinto de morir».

En su último gran libro, Un ser de lejanías (2001), habla para él. Es un largo poema camuflado. «Cuando un ángel desciende hasta la nieve toma la forma viva de un rebeco. Entre ángel y unicornio, este rebeco va teniendo la luz de algún milagro, levanta la cabeza, qué erguimiento, qué dinastías se yerguen en su cuerna, va bebiendo los vientos, olfateando los colores del día, sube a los últimos riscos del mundo, primeros escalones de su cielo, sabe que el hombre alguna vez fue cierto, pero en su soledad de mundo inverso la nieve son cadáveres de arcángeles que no tornaron a tiempo».

«Después de tanto tiempo fuera del mundo Umbral sigue ahí como referencia de la literatura y del periodismo. O de la literatura generada en los periódicos. A su obra le sucede como a la de Larra: se puede volver y es un caladero de lengua extraordinario, y muchas veces un ejemplo de audacia», considera el poeta, y periodista y novelista, Antonio Lucas. «Y de mala hostia. Y de ciertos errores de cálculo. Y de caprichos y extravagancias».

Y agrega: «Me temo que hoy el eco de la literatura de Umbral es exactamente eso: un eco. No pesa ya tanto en la escritura de otros. Lo que sigue fascinando es la calidad de prosa, de malabar y, algunas veces, la profundidad de las lecturas de la realidad». ¿Libros preferidos? «Varios y desligados (quizá) unos de otros: Los helechos arborescentes, Lorca, poeta maldito, Diccionario cheli, Trilogía de Madrid, Diccionario de literatura, Leyenda del César visionario...». Artículos o novelas: «Soy más de sus ensayos, y de sus versos ocultos en frases largas, y de sus poemas escondidos en lo otro que escribió».

Entre los libros que se han rescatado últimamente de Umbral, gracias al convenio entre la Fundación Francisco Umbral y la editorial Planeta, destaca Travesía de Madrid (Austral), con prólogo de Ángel Antonio Herrera, donde éste escribe que aquella novela de 1966 «es una poética de lo erótico y una orgía de lo aventurado, un edén de la errancia y un mural del amorío». No debe olvidarse la relación epistolar de Miguel Delibes y Umbral en La amistad de dos gigantes. Correspondencia (1960-2007) (Destino), con jugosas confesiones literarias y personales, como: «El erotismo es para mí como para ti los paletos, un tema importante, ninguna frivolidad, y yo le entro por ahí a la problemática de la existencia». O el cómic La mentira por delante (Astiberri) de Lorenzo Montatore.

Umbral tenía facilidad, era rápido pero también tenaz. «Yo tenía el problema de conquistar Madrid con una máquina de escribir que por entonces manejaba como y acariciaba como una metralleta».

Cada día acudía a la cita del artículo. Con sus negritas, con sus metáforas. Con sus requiebros. Eran el diapasón de la jornada para miles de lectores. «Lo que me da la lectura del periódico son unas ganas nerviosas de escribir», decía. «De modo que me asombro cuando me preguntan cómo puedo escribir todos los días. Lo que no podría es no escribir».

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