César Antonio Molina no conoce al juez Ángel Núñez, pero lo siente cercano. Núñez abrió en 2006 la primera investigación contra Odyssey por expolio de bienes arqueológicos submarinos; este lunes, cerró el último expediente contra la empresa estadounidense. En las razones de su decisión, Núñez expresaba su «enfado» por la negligencia de las administraciones españolas, que han dejado que el caso prescribiera sin presentar una sola prueba.
Molina, ministro de Cultura entre 2007 y 2009, debe de haber sido el único político en España que se tomó en serio el caso del saqueo del pecio Nuestra Señora de las Mercedes y su colosal tesoro en aguas del Estrecho de Gibraltar. Por eso, el enfado es compartido.
«Es una vergüenza que nadie se haya ocupado de seguir la demanda. No se han presentado testigos, no se dado un solo paso y se ha dejado morir el caso. He dicho que es una vergüenza, pero, en realidad, lo que es es culposo», cuenta el ex ministro.
Cuando Molina dice culposo se refiere a la sospecha de que una agenda oculta ha dirigido a la negligencia. «Este desenlace confirma lo que siempre dije: aquí alguien o algo protegió a Odyssey. Ya quisiera yo saber quién se movió en nuestra contra. Me contaron cosas rarísimas sobre servicios secretos extranjeros, pero nunca oficialmente, siempre cosas escondidas, contradictorias. Si hay una razón de Estado, a un ministro no se le informa así».
Las palabras de Molina respaldan el cómic La Fortuna, de Paco Roca, y su adaptación en serie, dirigida por Alejandro Amenábar, que construyen un thriller sobre una operación calcada a la de la Mercedes.
¿Cuál fue el primer indicio de que alguien saboteaba el caso del Odyssey desde casa? «En la primera semana. Todo vino horriblemente embarullado. Había líos con la Junta de Andalucía, todo el mundo se nos puso a a contra... Todo lo que aparece en el cómic y en la serie es verdad: fue la soledad absoluta. Sólo que el discurso que da el abogado sobre la dignidad de un país y su historia... Eso lo dije yo».
En la serie de Amenábar, la Junta de Andalucía está representada por una consejera que, en una reunión con el Gobierno y la Armada, sólo dice: «Esto no se lo va a comer la Junta, esto no se lo va a comer la Junta».
«Su única lógica consistió en poner problemas», recuerda Molina. «Luego, cuando ganamos el juicio, nos dijeron que el pecio estaba en 'aguas territoriales de Andalucía' y que, por tanto, les correspondía a ellos administrar el tesoro. Ya ve cuál era la actitud. También hubo un periodista que nos hizo la campaña en contra. Trataba a Odyssey de valientes arqueólogos que hacían el trabajo que la Marina española no hacía».
-¿Y en el Consejo de Ministros? ¿Tuvo respaldo?
-Nada de nada. Indiferencia generalizada, les sonaba a chino. Y tres o cuatro ministros se pusieron a la contra. Después, Alfredo Pérez Rubalcaba si que se portó bien cuando el robo de los Ptolomeos de la Biblioteca Nacional. En el mundo de la cultura pasa siempre, nos ven como gente rara, ajena, latosa».
Eso es lo que de verdad enfada a César Antonio Molina: «A este país no le importa su cultura. Le importa tres pimientos su patrimonio. Y de ahí viene todo lo que le pasa de malo a este país, el independentismo incluido. ¿Usted se puede imaginar que Francia o Italia dejaran morir el caso en terreno propio después de haberlo ganado en EEUU? Aquella pelea era en defensa de la dignidad de nuestro país. Oigan, ese pecio también es el cementerio de 400 y pico compatriotas a los que hundieron sin que hubiese guerra declarada. Los hundieron para robarles».
«Llevé a Bruselas un compromiso contra los depredadores de arqueología marina y fue aprobado por unanimidad. Lo mismo en la Cumbre Iberoamericana. A Odyssey, que era una empresa poderosísima que cotizaba en Bolsa, le dimos un golpe durísimo, les obligamos a dejar la piratería. Pero, si ahora vuelven, no los podremos echar. Es incomprensible.
En Semana Santa de 2009, dos años después de llegar al cargo, Molina cesó en el Gobierno. Hoy sostiene que su pelea contra Odyssey fue la primera piedra que llevó a su caída en desgracia. Después, su puesto al frente de Cultura lo han ocupado Sinde, Wert, Méndez de Vigo, Huerta, Guirao, Uribes e Iceta.
«No sólo no continuaron el trabajo sino que echaron tierra. Igual los del PSOE que los del PP. Y no sólo ellos. Con todos los respetos, ¿pero dónde han estado la Armada, la Guardia Civil, la Junta de Andalucía?».
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