En el año 2001, Paco Roca, entonces un autor casi desconocido, firmaba su primer cómic en solitario. Se llamaba El juego lúgubre y era una fantasía entre Bram Stoker y Edgar Allan Poe en la que un pintor de razonable parecido con Salvador Dalí torturaba a sus musas en unas tétricas performances con aroma a snuff movie. Roca nunca lo contó, pero para aquella historia se había inspirado muy libremente en otra ópera prima: Tesis, la primera película de Alejandro Amenábar.
Veinte años después de aquello, Paco Roca (Premio Nacional de Cómic, Premio Eisner e incluso Goya al mejor guión adaptado) y Alejandro Amenábar (nueve Goyas, un Oscar y un Globo de Oro) se reencuentran. Esta vez cara a cara, rodeados de viñetas y fotogramas, y con los papeles cambiados. Se cierra el círculo.
El cineasta presenta hoy en el Festival de San Sebastián La Fortuna, una serie (la primera de su carrera) inspirada en el cómic El tesoro del Cisne Negro (Astiberri), que Roca publicó en 2018 de la mano del diplomático Guillermo Corral y que recrea la aventura real del caso Odyssey, el litigio que mantuvo entre 2007 y 2012 el Gobierno español contra una empresa americana por el tesoro perdido del galeón Nuestra Señora de las Mercedes, hundido a principios del siglo XIX rumbo al Cabo de Santa María.
La Fortuna, rodada en plena pandemia entre España y Estados Unidos, en castellano y en inglés, y con un reparto internacional que incluye a Karra Elejalde, Ana Polvorosa, Stanley Tucci o Clarke Peters, se estrenará en Movistar+ el próximo 30 de septiembre.
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PREGUNTA. ¿Por qué una serie y por qué esta serie?
ALEJANDRO AMENÁBAR. Pues yo no tenía pensado hacer una serie. Leí el cómic de Paco y de Guillermo, me quedé enganchado y pensé que me gustaría adaptar esa historia. Cuando nos encerramos Alejandro Hernández [su co-guionista] y yo a darle forma, pensamos en una película, o en una película en dos partes o en una miniserie... Y al final, de un modo bastante orgánico, nos dimos cuenta de que nos encajaba en seis episodios. Realmente no íbamos buscando el formato, sino que el propio cómic nos fue llevando.
P. ¿Tenía en mente alguna serie cuando empezó a darle forma a 'La Fortuna'?
A.A. Mis referentes son casi todos cinematográficos porque yo no soy un gran espectador de series. Me gustan sobre todo los largometrajes porque es la experiencia que codifico mejor como creador y como espectador. Lo que he utilizado como referente en La Fortuna es el cine que yo he disfrutado de niño o de adolescente, mucho cine de los 80. Spielberg, James Cameron... Quería que la serie evocara algunas de esas sensaciones.
P. ¿Y alguna vez imaginó Paco Roca que su cómic acabaría convertido en una serie de Amenábar?
PACO ROCA. Nunca piensas en eso. Y jamás pensé que Alejandro pudiese interesarse por esta historia. Es un halago enorme, pero cuando estoy haciendo un cómic nunca pienso en que sea más o menos cinematográfico, aunque a veces los referentes sí lo sean. En este cómic tenía muy presente una película inglesa que se llama In the loop, que satiriza la política de Blair durante la invasión de Irak y que muestra el funcionamiento de un Gobierno desde dentro, lo caótico que es. Cuando Guillermo me contó su historia, lo que me atraía era ese lado desconocido. Y sus referentes eran Tintín y el cine clásico de aventuras.
P. ¿Reconoce su obra en la pantalla?
P.R. Yo nunca releo ninguno de mis cómics. Primero porque no soy capaz de meterme en la ficción y segundo porque me cabrea ver lo que podría haber sido y no ha sido. Nunca releo nada, lo hago y lo olvido, pero con la serie de Alejandro, por primera vez, he podido disfrutar de una ficción en la que yo he estado detrás. Se ha convertido en otra cosa, lo miras con otros códigos. No ves tus errores de dibujo o de narración. Es tu historia pero es otra y, aun sabiendo lo que iba a pasar, estaba enganchadísimo. La he disfrutado mucho.
P. El cómic funciona al final como un perfecto 'storyboard' para la serie...
A.A. Desde luego, un cómic es mucho más cinematográfico que un libro. Hay ideas de puesta de escena muy brillantes en el trabajo de Paco y eso ya lo tienes ganado. A mí me gusta muchísimo toda su obra, hace tiempo que quería adaptar algo de él, y en general nuestra premisa fue no eliminar nada que estuviera bien el cómic, que todo lo bueno estuviera en la serie y modificar sólo lo necesario. Todas las propuestas visuales interesantes del cómic están en la serie.
La Fortuna adapta de forma muy fiel las viñetas de Roca, incluso recrea la batalla naval de 1804 que acabó con un tesoro de 17 toneladas valorado en 385 millones de euros en lo más profundo del Atlántico. "Ese flashback iba a ser lo primero que se iba a rodar, pero irrumpió la pandemia y lo llevamos a la fase final del rodaje", cuenta Amenábar. "Con todos estos imponderables, adquirí un compromiso: si llegábamos al final del rodaje y no había dinero para rodar la batalla, buscaría una manera de contarla sin rodarla. Incluso pensé en usar las viñetas de Paco. Afortunadamente lo pudimos rodar. Tuvimos muchísima suerte, no tuvimos contagios graves que obligaran a parar el rodaje, no se retrasó ni un día, y tuvimos mucha suerte con el clima. La buena fortuna nos ha acompañado".
P.R. Es muy importante esa parte en la serie, no sólo porque es muy espectacular, sino también porque es la forma de ponerle cara a la catástrofe. La historia no sólo trata del hundimiento de un tesoro, sino de la tragedia de esas 300 personas que se hundieron junto a ese tesoro. El fondo del mar se convirtió en un cementerio y ver a los actores en la batalla naval, ponerles cara y ver el drama de las familias era importantísimo.
A.A. En la obra de Paco, es un minicómic dentro del cómic, hay un apartado dedicado a la batalla y nosotros queríamos ser fieles a eso.
El cómic, y también la serie, cuentan que a veces las cosas se hacen bien en este país
P. El cómic de Roca cayó en sus manos durante el rodaje de 'Mientras dure la guerra' y le he leído decir que se lanzó a este proyecto porque tenía ganas de hacer algo completamente diferente. Sin embargo, las dos historias comparten un mensaje de fondo, una reivindicación de una cierta forma de ser españoles. Las dos historias son, a su manera, muy patrióticas.
A.A. Espero que en el buen sentido... Como decía Lorca: prefiero a un buen chino que a un mal español. Yo creo que el patriotismo per se no lleva a nada, pero el cómic, y también la serie, cuentan que a veces las cosas se hacen bien en este país. Esta es una historia con final feliz, un homenaje al funcionariado y una aventura en la que España sale ganando. Al menos la batalla cultural la ganamos nosotros.
P.R. Este tipo de historias siempre se suelen contar desde el otro lado, desde el aventurero, que es lo más atractivo. El malo suele ser el Gobierno que se quiere quedar el tesoro. Lo interesante de la idea de Guillermo era darle la vuelta y contarlo desde su visión, la de los funcionarios, que un día están trabajando con esto y al día siguiente les toca otra cosa pero nunca tienen el reconocimiento ni se van a enriquecer con su trabajo. Lo hacen porque es su deber hacerlo.
P. ¿Se puede hablar bien de España sin que a uno le llamen facha o cantamañanas, como dicen en la serie?
A.A. En España es que tenemos una especie de esquizofrenia, una crisis con nuestra identidad. Eso ya lo reflexioné en mi última película.
P.R. A veces parece que si defiendes el funcionamiento de tu estado eso te encajona en una ideología concreta. Y viceversa. Pensar que solo hay una forma de ser español o de ser patriota nos hace retroceder a la ideología rancia de la dictadura.
A.A. En la serie queríamos hablar también de la convivencia. Por eso hay dos personajes que se enamoran y que tienen ideas políticas distintas. Queríamos conectar con la idea de Mientras dure la guerra de que aquí tenemos que convivir personas que no pensamos lo mismo. En eso consiste la democracia.
P. La serie es también una reivindicación de los servicios públicos, muy oportuna en estos tiempos.
P.R. Es que son los que velan por los intereses de todos nosotros. Sólo desde lo público y desde el funcionariado se puede defender el patrimonio y luchar contra los intereses comerciales de una gran empresa. En la serie se ve muy bien, mejor que en el cómic, la diferencia de medios entre la compañía cazatesoros americana y el Ministerio de Cultura español.
P. Hay otra frase en la serie que funciona casi como comodín durante toda la historia para asumir nuestra supuesta inferioridad: "Esto es España". ¿Cuántas veces se han enfrentado ustedes a esa barrera?
A.A. Cuando llegas a España, la asumes con todas sus grandezas y miserias. Esto es lo que hay. Yo hace tiempo que asumí que este era el lugar en el que me ha tocado vivir y criarme y en el que quiero envejecer. No creo que ni la serie ni el cómic sean una hagiografía sobre el Estado español, es simplemente una reflexión sobre dos culturas, una manera de mostrar sus luces y sus sombras.
P.R. Para lo bueno y para lo malo, sí, esto es España. Al final, si valoras lo que quieres hacer y cómo te gustaría vivir, en ese equilibrio, España se convierte en un buen lugar. Vivir en el país para el que creas te hace ser poroso a lo que te rodea, a lo que conecta con tú público y la sociedad en la que te mueves.
A.A. Estoy completamente de acuerdo. En el caso de la ficción, pasa algo muy interesante. La llegada de las plataformas y esta segunda edad de oro de las series está permitiendo que lo que tú pergeñas en tu país tenga vías de distribución inmediatas en todo el mundo. Eso está muy bien, pero es importante ser permeable a lo que te rodea para no acabar haciendo productos que sean muy caros pero no tengan ninguna personalidad. El panorama actual es muy excitante, pero corremos el riesgo de acabar todo uniformizados.
Sólo desde lo público y desde el funcionariado se puede defender el patrimonio cultural del país
P. ¿No tienen la sensación de que en España hay mucha materia prima para hacer ficciones que en Hollywood, por ejemplo, serían incuestionables?
A.A. Supongo que materia prima hay en todos los países, en Afganistán también la hay seguro... Lo que hace falta es talento, y yo creo que nosotros lo tenemos.
P.R. Es verdad que a veces tenemos ese complejo. Te puedes tragar cualquier historia norteamericana aunque suceda en un pueblo perdido de Minnesota, pero te lo tragas porque es ya una cultura universal. Aquí creemos que nuestras historias no funcionarán por ser demasiado localistas. Eso en la novela creo que pasa menos. pero en el mundo audiovisual o del cómic pasa más. Y al final lo que funcionan son las buenas historias, da igual si ocurren en un pueblo de Francia o en una casa de campo en Albacete.
A.A. Hay un momento de la serie en el que el ministro de Cultura quiere hablar con su homólogo de EEUU y le dicen que es imposible porque en EEUU no existe el ministro de Cultura. Básicamente porque no lo necesitan, su cultura ya se ha exportado a todo el mundo.
P.R. En el cómic ha habido una ruptura con el estándar internacional, pero en el cine es mucho más exagerado. Cuando ves algo que no está rodado a lo Hollywood, te chirría, te parece cutre o no te lo crees. Nos hemos acostumbrado a un envoltorio estándar y eso es un problema.
P. Si la cultura es nuestro petróleo, ¿cómo vamos de existencias?
A.A. En la serie nuestro petróleo ha sido Álvaro Mel. Ha sido nuestro hallazgo y sin un prota con ese carisma, la serie habría sido otra. A nivel general, creo que estamos bien aunque, por esta cosa cainita, siempre estamos denostando lo propio. En la cultura interviene siempre alguien que reflexiona sobre su país o que cuestiona la sociedad en la que vive y a veces te encuentras envuelto en auténticas turbulencias ideológicas, pero yo creo que vamos bien de cultura en España.
P.R. Tenemos mucho petróleo, pero nos gusta menospreciar lo que tenemos y sentirnos inferiores. A veces se echa de menos un mayor respeto al trabajo del sector de la cultura. Y luego está la crítica... En el mundo del cómic no suele haber malas críticas, pero me llama la atención que en el cine sean a veces tan ofensivas... Criticas tan feroces... Se opina con una violencia...
A.A. Bienvenido al mundo del audiovisual. Agárrate... El cine es un plato que se cocina durante mucho tiempo y se consume muy rápido. Pero yo creo que lo importante, lo que necesitas de verdad, es gente que se interese por lo que estás contando. Eso sí es un tesoro.
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