El regreso a Europa de las medidas más restrictivas para combatir la pandemia nos alerta de la necesidad de agudizar la cautela frente al virus. La pandemia aún no es pasado, y será necesario actuar donde sea necesario para evitar que, como está ocurriendo en varios países de Europa central y del este, el covid vuelva a desbocarse. El caso más grave se está dando en Austria. Tan disparada está la tasa de contagios que a partir del lunes se impondrá un nuevo confinamiento general, lo que supone el retorno en el imaginario social a lo peor de la pandemia. Pero sin duda el anuncio de mayor trascendencia ha sido la obligatoriedad de la vacuna, lo que convierte a Austria -con solo un 66% de pautas de vacunación completa- en el primer país que decreta la inmunización por ley para toda la población. La medida ha levantado ampollas, sobre todo entre aquellos a los que va dirigida y que, pese a los millones de vidas que ha segado la enfermedad, se obstinan en el negacionismo. Mientras el mundo continúe asolado por la enfermedad la inmunización será el único camino para combatirla. Si la ciudadanía no se vacuna masivamente, persistirá la incógnita de cuándo regresaremos a la vida precovid. De hecho, los no vacunados tendrán que ser sometidos a un control social más exhaustivo, como está ocurriendo en Alemania -donde tratan de aliviar un sistema hospitalario tan sobrecargado que están derivando enfermos a países vecinos- y como podría verse en España.
Seamos prudentes: aquel caos sanitario está muy lejos de regresar a España. Y ello gracias a que las comunidades autónomas ejercieron el liderazgo que se sacudió el Gobierno y desplegaron procesos de vacunación muy efectivos. Sin embargo, ante el aumento de la incidencia que se viene registrando durante las últimas semanas observamos atónitos que se reproduce la falta de liderazgo y de transparencia informativa. Son las autonomías las que para conocer qué restricciones pueden aplicar deben dirigirse a la Justicia, porque el Ejecutivo continúa lavándose las manos y porque renunció a su deber de legislar con la ayuda que le ofrecía la oposición. Es bochornoso que tras casi dos años de pandemia se siga incurriendo en arbitrariedades, que son fruto de la inexistencia de un marco legal ad doc para poder enfrentar los brotes víricos con seguridad jurídica. Sería garrafal volver a caer en la propaganda de la cogobernanza, que solo ha servido para fomentar la confusión, el desorden y la desigualdad.
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