Un amigo me confesó hace tiempo, cuando aún teníamos pósteres en el dormitorio, que Angela Lansbury excitaba su imaginación. Me lo contó con palabras irreproducibles en este espacio, se harán cargo. La señorita Fletcher que resolvía crímenes en Cabot Cove -simbiosis tan perfecta como entrañable de Agatha Christie y Hercules Poirot- era un referente erótico para mi colega, exactamente 53 años más joven que la actriz. Casi su nieto. Me acordé de él antes de ayer, cuando la estrella televisiva falleció. El príncipe Guillermo acaba de perder a su abuela, que tenía casi la misma edad que la protagonista de Se ha escrito un crimen. Ayer se vio al royal en una ceremonia en el Palacio de Buckingham, condecorando a la actriz Vanessa Redgrave como Dama Comendadora del Imperio Británico. Redgrave aparece sensual, con los brazos cruzados sobre el pecho, en Blow up, cuyo icónico cartel rojo pegué en algún piso de soltero. No recuerdo que mi amigo me comentara nada libidinoso sobre Isabel II, pero tenemos una llamada pendiente.
Conforme a los criterios de
